La textura, el tamaño, la portada, el olor,… Ante el auge de la lectura mediante dispositivos electrónicos, ¿de verdad es necesario recordar todas las ventajas que tiene la lectura tradicional? Una tablet o un ebook no le llegan a la suela del zapato a un libro o un cómic.

image1Solo para empezar, como primer ladrillo de una sólida torre de argumentos que demostrará que los nuevos dispositivos de lectura no conseguirán nunca superar al libro de toda la vida, es evidente que todos en los aspectos relacionados con las sensaciones el libro tradicional, el de páginas de papel detrás de una cubierta, gana por goleada a los modernos dispositivos tecnológicos como el carísimo iPad de Apple, las tablets o los ebooks.
El tacto de las portadas satinadas, de la encuardernación en cartoné con piel, de las sobrecubiertas plastificadas, del papel de alto gramaje, de 100 gramos o más, del papel viejo; el olor de una vieja biblioteca, del polvo acumulado sobre los libros, el aroma del libro recién comprado, de la tinta que impregna sus páginas; el sonido del paso de las páginas en el silencio de la sala de estar, el crujido de la primera vez que abres el libro, el ruido seco que produces al cerrar el libro tras terminar de leer su última y sorprendente página; el color real y tangible del blanco sobre el negro, o de la tinta sobre el papel de tonalidad marfil o blanco hueso.

Como argumentan las posiciones contrarias a los libros y los cómics tradicionales, estas primeras reflexiones que he escrito son simples residuos nostálgicos que se resisten al imparable avance de la modernidad, como hicieron en sus tiempos los propietarios de calesas y de carros tirados por caballos ante la irrupción de los humeantes y ruidosos vehículos mecánicos impulsados por combustibles fósiles. El libro es un arcaico resto de un pasado que se resiste a morir y ellos, los propietarios de un carísimo iPad de última generación o de un cómodísimo Papyrus, los herederos de un esplendoroso futuro que, imparable, ya está aquí. ¡Anda ya! Estos defensores de los avances tecnológicos son los mismos que defendían las bondades de la energía nuclear como la fuente de energía del futuro, o de la avanzada agricultura transgénica que tenía que arriconar la agricultura tradicional y ecológica a pequeños cultivos en huertos urbanos o a ejemplos de producción alimentaria tradicional para turistas y escolares. Estos demagogos se atrincheran siempre en los mismos argumentos: espacio, comodidad y economía. “¡Los libros ocupan mucho más espacio que los ebooks! ¡Cargar con un libro arriba y abajo es mucho más incómodo que llevar un ligero ebook en el bolso! ¡Por cada libro que te compras yo puedo descargarme cinco ebooks! ¡Sois unos tradicionalistas! ¡Sois una minoría destinados a desaparecer!” dicen.
Argumentos banales, fríos, asépticos y sin alma de geeks ególatras que creen que el mundo gira a su alrededor y piensan que su último gadget es el ombligo del mundo. Un artilugio, por cierto, que en menos de un año estará desfasado, que necesitará actualizar el software a una versión más actualizada y, quien sabe, quizás ya no podrá leer el formato de todos los libros que tiene almacenados o el nuevo formato (más mejor, más bonito) que la empresa que lo comercializa ha decidido implantar.

¿Concretamos pues en datos objetivos, alejados de esos sentimentalismos y de la nostalgia de la que se nos acusa? Sin problemas. Concretemos, en cinco aspectos que son reveladores de las ventajas de los libros y del cómic tradicional sobre los libros y el cómic digital:

– El tamaño.
Más propio del mundo del cómic, de la novela gráfica y del libro ilustrado que en las novelas, donde las medidas tienen un estandard poco variable que no influye apenas en la lectura, el tamaño que tiene el libro que sale a la venta surge del acuerdo entre el autor creador y el editor, de la medida ajustada al contenido, al coste económico, al hábito del lector y a la costumbre. Pequeños, grandes, medianos, quince por veintiuno, absolute, omnibus, bolsillo,… Contenedor y contenido. El tamaño de un libro es parte de su esencia, sobretodo cuando ocupa su lugar establecido en la estantería de nuestra biblioteca en función del orden que nosotros hemos decidido para clasificar nuestros libros y cómics, y el número de páginas determina su grosor.

– El lomo.
El lomo forma parte de la imagen exterior de un libro, y es donde se imprimen los datos de título, número o tomo de una colección, el autor, logotipo de la editorial, etc. Los ebooks no tienen lomo, y no se disponen en una librería, sinó que se almacenan en un disco duro ordenados por tamaño o por orden alfabético. Los libros, por su parte, tienen en el lomo un elemento esencial para su identificación y su localización, puesto que la búsqueda de un volumen entre doscientos se realiza leyendo los títulos de los lomos, o buscando un lomo concreto por su tamaño, grosor, color y tipografía.

– Las anotaciones.
Nunca me ha gustado manchar (macillar) un libro con anotaciones personales a pie de página, con notas aclaratorias para futuros lectores o futuras relecturas, subrayando pasajes relevantes… o los pasajes “subidos de tono”, pero hay lectores que consideran esencial leer con un lápiz en la mano para poder ir dejando esos mensajes necesarios y sin los cuales su lectura es incompleta.

– El diseño de portada.
Si bien, no podemos juzgar a un libro por su portada, tal y como nos recuerda el dicho, tampoco podemos negar que una buena portada puede ser uno de los primeros motivos que nos impulsen a abrir las páginas de un libro.
Sin libros no habrán portadas. Es así de simple: si el libro es un simple archivo almacenado en un disco duro que se ejecuta mediante un doble click… ¿para que molestarse en diseñar una portada que incluya toda la información relevante sobre el autor, la editorial, algún eslogan, la colección, y una imagen, un fondo, una forma que sea representativa del contenido? ¿Para que pagar a un diseñador o a un dibujante que den forma a una imagen si una portada atractiva, una edición sugerente, ya no será nunca más un motivo para acabar de convencer al comprador indeciso?
La importancia de una portada bien diseñada es un aspecto crucial para el éxito o el fracaso, puesto que va a contribuir también a que ese libro se venda más o menos, sobre todo al principio cuando falta información sobre la calidad del producto que el cliente adquiere. Luego, si el libro es bueno, el boca a boca de sus lectores ya se encargará de que sea un éxito de ventas.

– La fragilidad.
Un libro es frágil, el tiempo convierte el papel en quebradizo, el fuego lo convertirá en ceniza, la humedad lo deteriorará hasta reducirlo a polvo,… pero en los archivos y las bibliotecas aún se guardan libros con miles de años de antigüedad. ¿Puede algún ebook decir lo mismo? De aquí a mil años volvemos sobre este aspecto y comparamos si, de verdad, el libro electrónico ha envejecido tan bien como su predecesor de papel y se ha convertido en una herencia de conocimiento para las generaciones posteriores. Yo, lo dudo mucho. ¡Si ni siquiera podemos recuperar hoy los archivos que almacenamos hace diez años en un disquette de cinco y cuarto!

Sí, solamente he necesitado un texto breve y bastante resumido para poner sobre la mesa la realidad de un formato de lectura que se resiste a ser jubilado por unos frágiles dispositivos de un kilo de peso y unas vulnerables baterías con sólo doce horas de autonomía, unos artilugios que nos venden como “lo que importa es el contenido, no el continente” pero por los que nos cobran cientos de euros. ¡Y nadie nos garantiza que el año que viene no salga uno nuevo a la venta, más rápido, más eficiente, con más memoria, con más velocidad!. Un artículo breve, pero suficiente para demostrar que el formato tradicional de lectura, para cómics o para libros, le da un repaso de aúpa a estos cachivaches de alta tecnología que nos intentan vender en cada esquina.

Ahí queda eso, Vic.

Respuesta al artículo de Vic https://via-news.es/index.php/ebooks/7445-ventajas-del-comic-digital-sobre-el-comic-tradicional