Como hacemos cada año en ViaNews, y después de cuatro días en la trigésimo primera edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, os ofrecemos una impresión personal y breve de lo acontecido, de forma sincera, directa y resumida, sin concesiones ni favores: lo bueno y lo malo.

BIEN.

Las fechas. Aunque seguimos pensando que la elección de fechas más coherente y acertada se tomó en la edición del 2008, cuando los cuatro días del Salón del Cómic de Barcelona se celebraron a la vez que el Día del Libro, el 23 de Abril, al menos esta vez no ha coincidido ni con el Gran Premio de Formula 1, ni con la final de la Euroliga de baloncesto, ni con semifinales de la Champions League en el Camp Nou… como ya había sucedido alguna vez.

La Escola de Cómic Joso. Ya forma parte indisoluble del Saló y, como cada año, se presenta en el evento ocupando mucho espacio, en extensión y relevancia. Sus clases magistrales ya son clásicos imprescindibles de cada año y dan la justa medida de la importancia de esta escuela barcelonesa.

La Fnac y Mundo Cómic de El Corte Inglés. Las tiendas más importantes de la ciudad por fin se han dado cuenta del filón que puede significar el cómic para sus arcas. Quizás se agradecería que llegaran con alguna oferta distinta a la que ya puedes encontrar en los establecimientos que tienen en la ciudad, o los que puedes encontrar en cualquier otro stand del certamen.

La nostalgia. El reencuentro con amigos y conocidos, con profesionales y aficionados, que pese a los esfuerzos y las buenas intenciones solamente puedes ver una vez al año, en el Saló.

La meteorología. Un sol radiante y unas temperaturas agradables nos han acompañado durante los cuatro días.

El recuerdo a los ausentes. El año pasado pedíamos un homenaje a los que ya no están con nosotros, como Moebius o Jose Mª Berenguer, y Ficomic destinó en esta edición un pequeño espacio al fundador de Ediciones La Cúpula y la revista El Víbora, fallecido hace ya un año.

Para dibujar cómics se necesitan herramientas adecuadas. Y por segundo año nos hemos encontrado stands de marcas fabricantes de material para dibujo e ilustración, como Staedler.

“Star Wars” en un extremo y “Star Trek” en el opuesto. Dos elementos indispensables del coleccionismo, de los fenómenos fan y de los frikis repiten en el Saló y se convierten en fieles a un certamen que les necesita y se retroalimenta con ellos. Pero bien lejos el uno del otro…, pese a que J.J. Abrams los una.

Panini Comics. Tras dos años sin dar señales de vida, a causa de “un problema de filosofía”, han regresado allí donde deben estar.

Random House Mondadori. Una de las editoriales más grandes del mundo que se atreve, poco a poco y cada vez más, con el cómic. Hasta el punto de venir al Saló con un stand generoso y bien ubicado.

El reparto de las exposiciones. Diseminadas de forma estratégica por todo el recinto, de manera que se invita al visitante a pasear y descubrir todos los rincones.

Los premios del Saló del Còmic. Coincido con ellos… salvo en el de Cyril Pedrosa. En cualquier premio en el que tengas a Moebius como candidato es inaceptable que no reciba el galardón.

MAL.

Demasiado aire. El recinto tenía muchos metros cuadrados vacíos, pasillos muy anchos, distancias muy largas, exposiciones muy expandidas. ¡Sobra espacio!

El desprecio a José Domingo. La exposición dedicada a las “Aventuras de un oficinista japonés” de José Domingo, premio a la Mejor Obra Nacional del Salón del Cómic del año 2012, en un rincón oscuro, mal iluminado, sucio y secundario junto a la puerta de salida. ¿Quizás una venganza de la organización por el boicot de Bang Ediciones a Ficomic? Ni queriendo hubieran encontrado una ubicación peor ni una presentación más pobre.

La decepcionante exposición “Cuadernos de viaje”. Muy pocas libretas de viaje de verdad y muchas páginas de cómics dedicadas a viajes. Y, ¿qué demonios pintaban allí páginas de “Los Combates Cotidianos” de Manu Larcenet?

¿Este año no había país invitado? El año pasado pudimos descubrir el cómic de la República Popular de China, que nos presentó autores interesantes y nos permitió conocer un mercado enorme, a medio camino entre el manga japonés y la tradición. ¿Porqué no fijarse en África, o Sudamérica, o algún otro lugar exótico y desconocido con secretos que descubrirnos?

Ya no se mencionaba en ninguna parte el deseado Museo del Cómic y la Ilustración de Catalunya. Previsto en la antigua fábrica Compañía Auxiliar del Comercio y de la Industria (Caci) de Badalona, que dos años atrás tenía un espacio central donde se podían ver renders, planos y una maqueta. Los recortes en cultura a causa de la crisis lo han llevado a la tumba.

Los stands tipo búnker, que empiezan a ser una costumbre molesta y absurda. Algunos expositores se han instalado en el recinto de Montjuïc atrincherados en stands cerrados y con derecho de admisión, que convierten a los clientes en potenciales delincuentes. E insisten en ello año tras año. Yo, cada año, los excluyo de mi recorrido y no entro.

Los más peques. Nos venimos repitiendo cada año, y lo seguiremos haciendo hasta que no cambie. Y es que para un evento como éste, con tantos visitantes potenciales menores de edad, se echan de menos espacios para los más pequeños. Si consigues atraer al público infantil con productos, actividades, exposiciones, invitados y atrezzo hecho a medida para ellos puedes contar también con la asistencia de los padres, que son los que pagan las compras. Al final parece que el Salón del Cómic es para profesionales y el Salón del Manga es para aficionados

Editoriales extranjeras. Como cada año, falta poder convencer a editoriales no españolas para que vengan al Saló, de manera que Dargaud, Les Humanoides Associates o Soleil tengan un stand propio donde mostrar el material que se produce en Francia… y que nunca llega a nuestro país.

Las colas interminables y desorganizadas para las firmas de los autores. Aunque algunas editoriales se empiezan a dar cuenta de la magnitud del problema y han introducido sistemas de turnos, Ficomic debería proponer una solución global. ¿Qmatic?

El cómic digital. Es evidente que los eBooks, las tablets, los iPads,… y las nuevas tecnologías ya estan plenamente implementadas, pero entre los compradores y lectores aún se perciben muchas dudas.

La ciudad ausente. Quien haya podido disfrutar del Festival International de la Bande Dessinee de Angoulême en alguna ocasión podrá atestiguar que la deliciosa ciudad francesa a orillas del río Charente se transforma cuando llega el certamen. Toda la población se sumerge y vive al ritmo que marca su famosísimo Salón del Cómic, cosa que no puede decirse de Barcelona.^

El trato a los autores. Como cada año, explotados como mera carnaza comercial por parte de la organización, las editoriales y los visitantes.

La insuficiente oferta lúdico-cultural. Si hay espacio para los videojuegos y las películas, para Nintendo Wii U, para Xbox 360, para “Pacific Rim”, para “Minecraft” o para “Gears of War”, ajenos al mundo del cómic por mucho que algunos se empeñen en meterlos en el mismo saco, ¿porqué no tienen su stand los juegos de cartas, de rol, de miniaturas o de tablero, Devir, Asmodée, Edge Entertainment, Ludonova o Homoludicus?

Falta ambiente. Mientras en el Salón del Manga hay más personas disfrazadas por metro cuadrado que en el Carnaval de Río de Janeiro, en el Salón del Cómic no es que brillen por su ausencia… pero casi.

El número de visitantes. No se que contará mañana Ficomic, si hablará de récords y de asistencia masiva, pero mi impresión es que el número de visitantes en esta edición ha decrecido notablemente.