Como hacemos cada año en ViaNews, y después de cuatro días en la trigésima edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, os ofrecemos un breve repaso a lo acontecido, de forma clara y concisa, sin concesiones ni favores: lo bueno y lo malo.

Bien.
Las fechas. Los últimos años habían sido un despropósito (hace dos años el Salón coincidió con el Gran Premio de Formula 1 en Montmeló, la final de la Euroliga de baloncesto y partidos muy importantes de la Liga de fútbol, y el año pasado coincidió con el Madrid-Barça y con las vacaciones de Semana Santa) que le habían restado interés y repercusión mediática, y por fin parece que la elección ha sido afortunada, aunque seguimos pensando que la decisión más coherente y acertada se tomó en la edición del 2008, cuando los cuatro días del Salón del Cómic de Barcelona se celebraron a la vez que el Día del Libro, el 23 de Abril.

La Escola de Cómic Joso. Como cada año, su presencia en el Saló es grande, en extensión y relevancia. Sus clases magistrales ya son clásicos imprescindibles de cada año y dan la justa medida de la importancia de esta escuela barcelonesa.

Las exposiciones. En cantidad y en calidad, con esa distribución diseminada de forma estratégica por todo el recinto que invita a pasear y descubrir todos los rincones.

Los premios del Saló del Còmic. Coincido con ellos al cien por cien… por primera vez en muchos años.

La Fnac. Que el Saló disfrute de la presencia de una de las librerías más grandes de la ciudad (con permiso de La Casa del Libro) aumenta el caché del evento. Quizás se agradecería un stand más grande. Y abierto. Y con alguna oferta distinta a la que ya puedes encontrar en los tres establecimientos que tienen en la ciudad.

El Corte Inglés. Lo mismo que en el caso de la Fnac, pero estos si que tenían un stand grande, abierto y con ofertas exclusivas para el Salón (regalaban un “Spiderman” con cada compra).

La República Popular de China. Un país invitado desconocido en el mundo del cómic, salvo contadas excepciones, que nos permitió descubrir autores interesantes y conocer un mercado enorme, a medio camino entre el manga japonés y la tradición, donde vender y de donde importar.

Para dibujar cómics se necesitan herramientas adecuadas. Por primera vez en el certamen nos hemos encontrado stands de marcas fabricantes de material para dibujo e ilustración como Fabber Castell o Staedler. Otras marcas, como Asus o Samsung, también estaban presentes en el Salón, pero su inclusión dentro de la categoría “material para dibujo e ilustración” es más que cuestionable.

Ciento cincuenta stands. Muchos expositores, pero el recinto tenía muchos metros cuadrados vacíos, pasillos muy anchos, distancias muy largas. Como si quisieran dimensionar una autopista para la densidad circulatoria de un fin de semana, vamos.

Por fin un espacio digno para “Star Wars” (y algo de “Star Trek”, cierto). Aunque en una esquina junto a los videojuegos y con invitados para los más frikis (¡el anónimo actor Paul Blake que encarnaba a Greedo en “La Guerra de las Galaxias” firmaba autógrafos!), por fin se concede más importancia a un elemento indispensable del coleccionismo, de los fenómenos fan y de los frikis.

Los robots. Bajo el lema “Robots en su tinta” podíamos encontrar cualquier cosa, algunas de las cuales no tenían nada que ver con el mundo del cómic ni de cerca, pero todas ellas eran interesantes y divertidas. Desde un torneo de sumo entre robots diseñados por universitarios hasta minirobots andantes, pasando por un precioso R2D2 a tamaño real paseando por el recinto.

Un stand grande en lugar de dos pequeños. La divertida ocurrencia de 001 Ediciones y Aleta de aunar esfuerzos y espacio eliminando simplemente una pared. Generó algún equivoco y alguna duda entre los compradores, pero el resultado del ingenioso invento era acertado.

Mal.
Los stands tipo búnker. Algunos expositores se han instalado en el recinto de Montjuïc atrincherados en stands cerrados y con derecho de admisión, como los de la Fnac, EDT (antes Ediciones Glénat) y Planeta DeAgostini. Convierten a los clientes en potenciales delincuentes. E insisten en ello año tras año. Yo, como muchos otros visitantes, los excluyo de mi visita y no entro.

De nuevo, un año más, la ausencia de Panini Comics. En el 2011 no asistieron por “un problema de filosofía” (Alejandro Viturtia dixit) pero este año incluso se han ahorrado las excusas inverosímiles que esconden su enfrentamiento con Ficomic. Años atrás hacían acto de presencia, aunque en un recinto minúsculo, pero en las dos últimas ediciones ni eso.

Los más pequeños. Nos venimos repitiendo cada año, y lo seguiremos haciendo hasta que no cambie. Y es que para un evento como éste, con tantos visitantes potenciales menores de edad, se echan de menos espacios para los más pequeños. Si consigues atraer al público infantil con productos, actividades, exposiciones, invitados y atrezzo hecho a medida para ellos puedes contar también con la asistencia de los padres, que son los que pagan las compras. El espacio de la Comicteca es insuficiente.

La tristísima oferta lúdico-cultural. Si hay espacio para los videojuegos y las películas, ajenos al mundo del cómic por mucho que algunos se empeñen en meterlos en el mismo saco, por la misma regla de tres podríamos encontrar juegos de cartas, de rol, de miniaturas o de tablero. El año pasado Devir y sus juegos tuvieron un pequeño espacio en un ricón apartado del recinto, pero este año no había ni rastro de ellos, ni de otros sellos de juegos de mesa como Edge Entertainment, Homoludicus, Asmodée Ibérica o Nestorgames. ¿Eso es oferta lúdico-cultural?

Editoriales extranjeras. Falta poder disfrutar en el Saló de la asistencia de editoriales no españolas, de manera que Dargaud, Les Humanoides Associates o Soleil dispusieran de stand propio donde mostrar el material que se produce en Francia… y que nunca llega a nuestro país.

Las exposiciones dedicadas a Juanjo Guarnido o Paco Roca. Ni queriendo hubieran encontrado una ubicación peor ni una presentación más pobre.

Las colas interminables y desorganizadas para las firmas de los autores. Aunque algunas editoriales se empiezan a dar cuenta de la magnitud del problema y han introducido sistemas, más o menos rústicos, para asignar turnos. Ficomic debería coger el toro por los cuernos y centralizar este asunto. ¿Qué tal dar un número y funcionar con Qmatic?

El cómic digital. Es evidente que los eBooks, las tablets, los iPads,… y las nuevas tecnologías ya estan plenamente implementadas, pero entre los compradores y lectores aún se perciben muchas dudas. La propuesta de Koomic, la tienda digital lanzada por la distribuidora SD y Estudio Fénix con stand propio por tercer año consecutivo en el Saló, no termina de afianzarse ni de convencer.

El futuro Museo del Cómic y la Ilustración de Catalunya. En la edición del 2011 el Saló le reservó un espacio significativo, donde se mostraban renders, planos y una maqueta. Un año después, con los recortes en cultura a causa de la crisis, el proyecto está parado y añgunos empiezan a plantearse añadir la animación y los videojuegos a la propuesta museográfica en la antigua fábrica Compañía Auxiliar del Comercio y de la Industria (Caci) de Badalona.

Los premios del Saló del Còmic. Sí, coincido con la elección de los premiados, pero se han eliminado algunas categorías que no deberían haberse eliminado. Los premios necesitaban introducir criterios más claros, aumentar la dotación, y que no pasaran cosas raras con el Gran Premio del Saló como sucedieron en el pasado (¡un Gran Premio para Ana Miralles!), pero no reducir el número de categorías a esas pobres seis (Mejor Obra de autor español, Mejor Obra de autor extranjero, Mejor Fanzine, Mejor Autor Revelación, Mejor Obra por votación popular y Gran Premio).

El stand de Maggi. ¿Dónde estaba? ¿Porqué este año no vinieron? El año pasado, con sus muestras gratuitas de yakisoba, noodles y fideos, congregó las colas más multitudinarias de todo el Saló.

Se echó de menos un stand exclusivo para los autores como el que Ficomic tenía preparado años atrás. Las editoriales son muy suyas, y solamente permiten que sus autores invitados, aquellos autores que ellos se han traido pagando de su propio bolsillo, firmaran obras suyas. Por ejemplo, David Lloyd había venido invitado de la mano de los italianos 001 Ediciones pero, ¿y si yo quería que me firmase un “V de Vendetta”? No podía.

Hace algunos años desde aquí aplaudimos la iniciativa de abrir el Saló a otros géneros de ocio distintos aunque próximos, como los videojuegos o el cine, pero cada vez ocupan más espacio: el stand de Xbox 360 con docenas de ordenadores conectados en red, el stand para “Darksiders 2” de Xbox 360, otro para la Nintendo 3DS, espacio para promocionar la película “Prometheus” de Ridley Scott, para “El Dictador”, para “Abraham Lincoln. Cazador de Vampiros”, para “G.I.Joe 2”,… Se están pasando.

Moebius merecía más, aunque el premio a la mejor obra por su “Arzak” compensó un poco la afrenta de la exposición de homenaje.

La música. Prescindible.

La ciudad ausente. Quien haya podido disfrutar del Festival International de la Bande Dessinee de Angoulême en alguna ocasión podrá atestiguar que la deliciosa ciudad francesa a orillas del río Charente se transforma cuando llega el certamen. Toda la población se sumerge y vive al ritmo que marca su famosísimo Salón del Cómic, cosa que no puede decirse de Barcelona. Quizás el tamaño de la Ciudad Condal y la cantidad de eventos de magnitud que se celebran aquí pueden restar vitalidad al Saló como feria singular y diferente.

El stand de El Catálogo del Cómic estaba situado justo al lado del de Planeta DeAgostini. ¿Provocación, casualidad, cachondeo? No hubiera estado mal darse cuenta de lo inadecuado de esta disposición tras los recientes acontecimientos con los derechos de DC.

Los que ya no están. No es necesario recorrer al video que emiten los Óscars cada año para recordar a aquellos que nos han dejado durante el año en curso pero, teniendo a Moebius y a Jose Mª Berenguer entre los ausentes al Salón del 2012, quizás sería bueno estudiar y pensar en alguna forma de homenaje a los que no están ya con nosotros.

El trato a los autores. Como cada año, explotados como mera carnaza comercial por parte de la organización, las editoriales y los visitantes.