La reciente entrega de los Globos de Oro se saldó con uno de los galardones para Leonardo DiCaprio, mejor actor de comedia por “El lobo de Wall Street“. DiCaprio es un actor con talento que no ha conseguido ganarse el reconocimiento que él quisiera, puesto que cuenta con dos Golden Globes (de diez nominaciones) pero ningún Óscar y ningún premio del Sindicato de Actores. Quizás ese rostro aniñado o una gama de registros limitada le dejarán siempre con la miel en los labios.

El director de “Infiltrados”, “El color del dinero”, “Uno de los nuestros”, “Shutter Island”, “El Cabo del Miedo”o “Casino”, maestro de las películas con gángsters, criminales trajeados, policias corruptos, delincuentes de gatillo fácil, boxeadores extorsionados y femmes fatales que pueden arruinar la vida de un detective privado con una simple caída de ojos, regresa a su género predilecto tras su paso por un género diametralmente opuesto como la adaptación del libro infantil de Brian Selznick “La invención de Hugo Cabret”. Su regreso se concreta en la adaptación cinematográfica de la novela del broker Jordan Belfort “El lobo de Wall Street” (“The Wolf of Wall Street”), centrada en uno de los tiburones de Wall Street de los años 90 de rápido ascenso y brusca caída, con numerosos puntos de encuentro con “Wall Street” de Oliver Stone.
Con un guión de Terence Winter (“Los Soprano”, “Boardwalk Empire”), protagonizada por Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Matthew McConaughey, Jon Favreau (el director de los dos primeros “Iron Man”), Kyle Chandler, Rob Reiner y Jean Dujardin, entre otros, “The wolf of Wall Street” narrará el ascenso del joven veinteañero Jordan Belfort, directivo de la firma de inversiones Stratton Oakmonts que llegó a ganar miles de dólares por minuto en su momento más álgido, y su caída en Wall Street. 
Mostrando la evolución desde el sueño americano a la codicia corporativa, Belfort pasa de las acciones especulativas y la honradez, al lanzamiento indiscriminado de empresas en Bolsa y la corrupción de finales de los ochenta. Con poco más de veinte años, su enorme éxito y fortuna como fundador de la agencia bursátil Stratton Oakmont le valió el mote de “El Lobo de Wall Street”.
Su vida, desatada, tumultuosa y desenfrenada, incluía sexo, drogas y lujo mientras estafaba a grandes compañías, sin compasión, vendiendo bonos basura… Las tentaciones abundaban y el temor a la ley brillaba por su ausencia. Para Jordan y su manada de lobos, la discreción era una cualidad sobrevalorada: nunca se conformaban con lo que tenían. Y vivía amparado en un sistema financiero que hoy, veinte años más tarde, sigue igual de podrido. Quizás más. (www.ellobodewallstreet.es)

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