Traspasar el legado de padres a hijos suele combinar la transferencia de patrimonio, si lo hubiese (que a menudo no lo hay), con la transmisión de valores, experiencias y sabiduría. Es este segundo aspecto sobre el que vamos a poner nuestra atención, pues existen casos destacados en los que los hijos de grandes estrellas, héroes de la vida real, no alcanzaron la misma fama que sus progenitores o decidieron alejarse voluntariamente del foco mediático. La presión del legado es alta, también para los superhéroes de Marvel Comics.

¡Garras y mutantes, mercenarios y bocazas, Lobeznos y Masacres! ¿Qué es mejor que Lobezno se una a Masacre? Que también lo hagan Laura Kinney y Ellie Camacho, en una misión contra el Agente X, Lady Bullseye y el Rey Sombra. ¡Historia completa en un único volumen!

El Universo Marvel cuenta con numerosos hijos e hijas de superhéroes que han heredado los poderes, el uniforme o, simplemente, han hecho suyo el legado de sus padres, como podrían ser Franklin y Valeria Richards, hijos de Reed Richards y Sue Storm, Wiccan y Veloz, hijos de Wanda Maximoff y Visión, May Parker, hija de Peter Parker y Mary Jane Watson, Daken y Laura Kinney X-23, hijos de Lobezno, Cable, hijo de Scott Summers y de Madelyne Pryor. Y tantos otros.

En este caso, el concepto de legado abarcaría los aspectos antes mencionados: su ética, sus principios y sus enseñanzas. Sin embargo, también existen casos en los que el hijo se ha enfrentado al padre, renegando de su legado, o ha decidido seguir una senda propia, lejos de la sombra de sus progenitores. No ocurre así con Laura Kinney y Ellie Camacho, hijas de Lobezno y Masacre, respectivamente, protagonistas de la miniserie de tres capítulos escrita por Cody Ziglar y dibujada por Rogê Antônio, en la que ambas reproducen, con matices propios, los patrones de sus padres, incluida la célebre ruptura de la cuarta pared de Masacre.

Publicada originalmente como «Wolverines & Deadpools» por Marvel Comics, la miniserie se inscribe dentro de la actual estrategia editorial de La Casa de las Ideas: explorar nuevas generaciones sin renunciar al carisma de sus iconos clásicos. Quizás algún día Laura Kinney y Ellie Camacho puedan tener su propia serie más o menos longeva y los lectores sigan sus aventuras con interés, pero parece difícil imaginar que puedan llegar a tener el carisma de sus padres y las ventas de sus cómics. De momento, las dos chicas deberán conformarse con compartir cartel con sus famosos padres, que son los que realmente atraen a los compradores a la tienda de cómics.

A partir de aquí, la obra despliega una premisa tan sencilla como efectiva: reunir a dos dúos generacionales, padre e hija, Logan y Laura, por un lado; Wade y Ellie, por otro, en una misión que combina acción, humor y una galería de villanos más que interesante. La trama arranca en Europa del Este, en Symkaria (uno de esos países imaginarios a los que recurren los americanos cuando las cosas suceden en Europa, una nación balcánica a medio camino entre la Latveria de Dr. Doom y la Syldavia de Tintín), cuando la familia Lobezno y la familia Masacre se ven obligadas a hacer frente a una amenaza vinculada al Rey Sombra, el villano clásico de la Patrulla-X: el ente psíquico, ya sin vínculos con Farouk (como vimos recientemente en «Tribulaciones de X«), que secuestrará a niños mutantes y manipulará las mentes de Lady Bullseye y el Agente X para que sirvan a sus propósitos malvadísimos, como no puede ser de otra manera.

Es aquí donde «Lobeznos y Masacres» encuentra su verdadero interés. Más allá del espectáculo habitual de fuegos artificiales, garras de adamantium, katanas y patadas voladoras, la miniserie reflexiona sobre la herencia. Laura Kinney, criada como arma y moldeada por la sombra de Lobezno, ha logrado construir una identidad propia como heroína, pero sigue enfrentándose a las expectativas que conlleva portar ese legado. Ellie Camacho, en cambio, ofrece un contrapunto más desenfadado: su vínculo con Masacre está teñido de caos, ironía y una falta de solemnidad que, sin embargo, oculta una necesidad similar de reconocimiento.

La interacción entre ambas jóvenes es uno de los mayores aciertos de la obra. El guionista Cody Ziglar construye un contraste eficaz entre la contención de Laura y la verborrea irreverente de Ellie, reflejos de sus propios padres. Al mismo tiempo, la relación con sus respectivos padres evita caer en la repetición: Logan y Wade, que en otra ocasión serían protagonistas absolutos, funcionan más como complemento de las dos chicas, cediendo parte de su espacio a la nueva generación.

En conclusión, la miniserie de Cody Ziglar y Rogê Antônio no revolucionará el género del cómic de superhéroes ni se convertirá un clásico, pero sí ofrece una lectura fresca y un entretenimiento sin pretensiones, consciente de sus propios códigos. Al situar en el centro del relato a Laura Kinney y Ellie Camacho, la miniserie demuestra que el futuro del Universo Marvel no pasa únicamente por replicar a sus grandes iconos, como Logan y Wade, o por buscar sucesores que sigan con el legado, sino por permitir que estos herederos, o herederas en el caso de «Lobeznos y Masacres«, dialoguen con ellos, los cuestionen y, llegado el caso, los sustituyan. Si pueden, claro.

Lobeznos y Masacres
Autores: Cody Ziglar y Rogê Antônio
Fecha de publicación: Febrero de 2026
Edición original: Wolverines and Deadpools #1-3
ISSN: 977301770900600006
Formato: 17x26cm. Comic-Book con lomo. Color
Páginas: 80
Precio: 8,95 euros