Considerada como una de las aportaciones más importantes a la planificación familiar del siglo XX, la píldora fue la primera forma de anticoncepción que se originó a partir del conocimiento científico. Aunque pueda parecer extraño, la tercera entrega de las aventuras de Pacôme Hégésippe Adélard Ladislas, Conde de Champignac, el entrañable y despistado científico que nos presentaron los cómics de Spirou y Fantasio, está dedicada a explicar a los lectores la invención de este método anticonceptivo.

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Otoño de 1951. Margaret Sanger, una americana un poco excéntrica llega al castillo de Champignac. Esta pionera en planificación familiar se enteró de la investigación de Pacome sobre la anticoncepción. El conde decide acompañarla a Boston para encontrarse con los responsables de un laboratorio capaz de desarrollar esta píldora milagrosa.
Pero a los dos pioneros de la ciencia les esperan muchos obstáculos. Una fascinante aventura histórico-científica donde el Conde de Champignac demuestra una vez más que estuvo implicado directa o indirectamente en todos los descubrimientos e invenciones del siglo XX.
Los intentos por ejercer un control de la fertilidad han acompañado al ser humano a lo largo de los tiempos, y hay registros en el Antiguo Egipto que hablan de diferentes métodos anticonceptivos. Pese a quealgunos sectores conservadores y religiosos consideran el control de la natalidad como algo inmoral y obsceno, contrario a las Leyes de la Naturaleza (así, en mayúsculas), el ser humano no ha dejado de buscar métodos para impedir o interrumpir el embarazo.
Para hablar de los primeros pasos en la creación de la píldora anticonceptiva hay que remontarse a los años cincuenta, cuando la enfermera y activista Margaret Sanger logró impulsar la investigación de la prevención de la ovulación que podía producir la progesterona, una hormona identificada por George Corner y William Allen en 1928. Para ello contó con la colaboración de científicos innovadores, modernos y de mente abierta, y promotores dispuestos a invertir en ellos, como la filántropa Katharine Dexter McCormick. Sander y McCormick se pusieron en contacto con el prestigioso endocrinólogo Gregory G. Pincus, una de las máximas autoridades de la época en biología reproductiva, a quien le encargaron el desarrollo de un anticonceptivo. En 1951 comenzaron las investigaciones que conducirían a la creación de la primera píldora anticonceptiva.
Esta introducción que hacemos a «Champignac #3: Unos átomos de carbono«, de Beka y David Etien, aunque pueda parecer algo extraño y que no encaja con nuestras reseñas habituales, es esencial para entender esta obra. Aunque disfrazada de cómic francobelga y de hors série (un producto derivado, aquello a lo que los anglosajones llaman spin-off) de las aventuras de Spirou y Fantasio, es una reinterpretación libre de los primeros pasos en la creación de la píldora anticonceptiva. Como nos cuenta la editorial en su nota de prensa, esta obra pone al Conde de Champignac en el centro de algunos de los descubrimientos e invenciones más importantes del siglo XX, como la máquina de cifrado de mensajes Enigma en la primera entrega o la metanfetamina y las armas atómicas en la segunda.
Todos los lectores de las aventuras de Spirou y Fantasio saben perfectamente que Pacôme Hégésippe Adélard Ladislas, Conde de Champignac, es un sabio y prolífico inventor, con tendencia al despiste y algo excéntrico, pero su pasado antes de su primera aparición en el segundo álbum de la serie, «Hay un brujo en Champignac» («Il y a un sorcier à Champignac«), publicada en el año 1951 entre los números 653 y 658 de la revista «Le Journal de Spirou«, eran un misterio. El responsable de su creación fue el belga André Franquin, maestro del bande dessinée francobelga, que durante su etapa en la cabecera transformó la serie al convertir las aventuras de Spirou y Fantasio en historias largas con argumentos muy elaborados, y por crear un gran número de carismáticos personajes secundarios además del ya mencionado Conde de Champignac, como el villano Zorglub, el aspirante a dictador Zantafio, el adorable Marsupilami, y la periodista Seccotine, entre otros. En el caso de Pacôme, lo convirtió en un secundario recurrente, responsable de numerosos gags descacharrantes y de inventos imposibles que dieron lugar a aventuras emocionantes.
«Champignac #3: Unos átomos de carbono» empieza con una desgracia, una tragedia en la vida de Pacôme que le alterará la vida por completo. Con la llegada de Margaret Sanger a su vida, el científico empezará una búsqueda personal de la pildora anticonceptiva que le llevará al éxito. Con la fórmula bajo el brazo, viajará a Boston para reunirse con los responsables de un laboratorio capaz de desarrollar esta píldora milagrosa que cambiará para siempre el control de la fertilidad. Será una manera de congraciarse con su pasado y cerrar las heridas que le han atormentado durante tantos años.
La propuesta de Beka, el pseudónimo que utiliza la pareja de guionistas formada por Bertrand Escaich y Caroline Roque, con el dibujo de David Etien («Los Cuatro de Baker Street«), convierte al Conde de Champignac en una mezcla de varios de los científicos que participaron en el desarrollo de la píldora. Por ejemplo, del mencionado Gregory G. Pincus, que se sabe que había utilizado la progesterona en sus experimentos con conejos como Pacôme explica y muestra que ha hecho en los jardines de su mansión de Champignac. También a los doctores John Rock, Edris Rice-Wray, Celso-Ramón García o Min-Chueh Chang, esenciales para su desarrollo. Pero para dar un poco de ritmo a un relato que hubiese sido muy aburrido si se hubiese limitado a explicar estrictamente el desarrollo de los hechos y el avance científico los autores aderezan la función con alguna persecución y malentendido, innecesarios para el argumento pero básicos para que el lector no confunda «Champignac #3: Unos átomos de carbono» con un artículo sesudo de una revista de farmacología.
La historia cuenta que la FDA nortemericana (la Food and Drug Administration, una agencia del Departamento de Salud de los EE.UU. que es responsable de la regulación sanitaria de los fármacos) aprobó oficialmente un medicamento para evitar la concepción de la compañía farmacéutica G.D. Searle & Co. en mayo de 1960, con el nombre comercial de Enovid. Solo cinco años después de su lanzamiento, unas 6,5 millones de mujeres estadounidenses ya la usaban. En Europa, la primera píldora anticonceptiva fue aprobada en 1961 y comercializada por Schering AG. Y Pacôme Hégésippe Adélard Ladislas, Conde de Champignac, fue esencial para alcanzar este hito.
En resumen, este cómic que Nuevo Nueve ha publicado en tapa dura podrá desorientar a algunos lectores, pues navega muy lejos de las aguas habituales de las aventuras de Spirou y Fantasio, y también de las dos entregas precedentes del hors-serie de Champignac. Es necesario prevenir que la historia que nos cuentan Beka y David Etien sirve para entender la importancia que ha tenido la invención de la píldora anticonceptiva hormonal para que la mujer disponga de herramientas para planificar su futuro y sea libre para decidir los hijos que quiera tener y cuándo, y no todos los lectores buscan esto en un cómic de Spirou y Fantasio. Salvo este matiz, obligado, «Champignac #3: Unos átomos de carbono» es una obra excelente, bien narrada y bien dibujada.
Champignac #3: Unos átomos de carbono
Autores: Beka y David Etien
ISBN: 978-84-19148-82-7
Formato: 22x30cm. Cartoné. Color
Páginas: 56
Precio: 18,00 euros











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