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Drama judicial que cuenta la historia, basada en hechos reales, de un abogado norteamericano que un buen día es «invitado» a indagar sobre un caso de contaminación ambiental que podría haber provocado una gran corporación industrial y que ha podido significar graves problemas de salud a la población de una pequeña localidad de Virginia. Una de esas películas que no te pesa ver y que sigues con interés de inicio a fin porque desarrolla un tema interesante con cierto suspense, porque está bien contada y ambientada y porque lanza cuestiones importantes sobre las que reflexionar. En este caso el problema es que si has visto mucho cine tienes la sensación de haber visto argumentos parecidos muchas veces y recuerdo a bote pronto «Tierra prometida» (Gus Van Sant, 2012) o «Acción civil» (Steven Zaillian, 1998). Ésta me parece mejor que aquellas, pero tengo la sensación que se queda a muy poco camino de haber sido algo mejor y le hecho la culpa a una cierta falta de garra y emoción. Todo resulta algo frío y distante cuando en realidad los sucesos implican varias tragedias personales de calado.