Uno de los títulos españoles del momento está siendo esta película, rodada en Sierra Morena y basada en la historia real de Marcos Pantoja, que estuvo viviendo en solitario junto a los lobos durante doce años entre 1953 y 1965.

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Guión: Gerardo Olivares.
Países: España y Alemania.
Género: Drama, naturaleza, aventuras
Reparto: Manuel Camacho y Juan José Ballesta (Marcos), Sancho Gracia (Atanasio), Vicente Romero (Hocicotocino), Carlos Bardem (Ceferino), Àlex Brendemühl (Balilla), Luisa Martín (Isabel), Antonio Dechent (sargento), Agustín Rodríguez López (Juan José), José Chaves (Doroteo), Dafne Fernández (Pizquilla), José Manuel Soto (don Honesto), Eduardo Gómez, Manuel Ángel Camacho.
Producción: José María Morales.
Fotografía: Óscar Durán.
Montaje: Iván Aledo.
Música: Klaus Badelt.
Dirección artística: Ion Arretxe.
Vestuario: Lala Huete.
Dirección artística: Ion Arretxe.
Vestuario: Lala Huete.
Distribuidora: Wanda Visión.
Estreno en España: 26 Noviembre 2010.

La película es el tercer largometraje de Gerardo Olivares, un director que procede del mundo del documental y que había rodado dos películas muy ligadas a éste como “La gran final” (2006) y “14 kilómetros” (2007) que pasaron un tanto desapercibidas. En esta ocasión sigue ligado a lo documental, pero da un giro argumental que le mete de lleno en el interés del gran público al contarnos a su modo una historia basada en un hecho real, el caso de Marcos Pantoja, un hombre que ahora tiene 62 años y que entre 1953 y 1965 estuvo viendo en solitario por los montes de Sierra Morena después de que el cabrero al que le había vendido su padre siendo un niño falleciera.

Es imposible ver “Entre lobos” sin acordarse de “El pequeño salvaje” de François Truffaut, de “Las aventuras de Jeremiah Johnson” de Sidney Pollack y sobretodo de “El hombre y la tierra”, la serie documental de Félix Rodríguez de la Fuente”, aunque ni es un drama antropológico como era la película del director francés ni tiene la fuerza emotiva y significado proecológico que tenía el episodio del lobo del naturalista español, es algo distinto. Al parecer Olivares encontró la historia de Pantoja en una página de internet mientras buscaba historias que filmar y pudo contar con la asesoría del propio protagonista para hacer su película con lo que sí hay una carga importante de realismo y también hay un interés por la naturaleza, por supuesto; pero esencialmente la película está planteada como una aventura de superación personal, en ese sentido y sólo en ese, más próxima a “Jeremiah Johnson”.

Desde luego ambición no le falta al director, la realización era muy arriesgada ya a priori y se tuvieron que formar dos equipos de rodaje, uno para filmar con los actores y el otro, armado de paciencia, para recoger imágenes de los animales, que no todos los que aparecen son adiestrados. Sólo por eso y por la historia humana que se nos cuenta la película merece la pena verse y es uno de los títulos más interesantes del cine español de este año, pero pienso que el resultado queda por debajo de sus propias posibilidades.

Me gusta especialmente el mimo artístico con el que se ha filmado la película, el interés por hacer bellas las imágenes (impresionantes todas las tomas generales de Sierra Morena y en especial los travellings), el sentido estético de la fotografía, la grandiosidad que dan a la historia muchos de los encuadres; pero particularmente noté un cierto desequilibrio entre el tono podríamos llamar “épico” de las imágenes (magnífico trabajo de Óscar Durán) y la banda sonora (grandilocuente Klaus Baldet) en relación a la exposición dramática de los hechos. Con esto me refiero a que me parece que no se aprovecha del todo la profunda emotividad que tenía el argumento. Como espectador te quedas con las ganas de saber qué fue de la vida del protagonista una vez detenido por ejemplo. Creo que en este sentido el director sólo logra encogernos el ánimo en momentos muy puntuales y no siempre que el argumento daba pie a ello (personalmente me emociono mucho más cuando los dos hermanastros se separan al principio de la película que cuando muere el cabrero o cuando vemos aparecer al Pantoja real a las montañas que fueron su casa y todos esos momentos eran potencialmente muy intensos).

He leído en alguna crítica que comenta que la película gana cuando los animales están en pantalla y pierde cuando aparecen los actores. No diría que siempre, pero parte de razón hay. Yo creo que Carlos Bardem sí está bien en su papel de Ceferino y que el pequeño Manuel Camacho es un acierto de casting porque trasmite muy bien la curiosidad, el desamparo y la picardía necesaria para sobrevivir y porque sobretodo conmueve (esos ojos que tiene el chico son muy cinematográficos); en cuanto al resto del reparto cumple sin más, aunque poco chance se les da porque la historia no se centra en ellos. Como curiosidades decir que aparece con un pequeño papel José Manuel Soto haciendo de don Honesto y que Luisa Martín resulta impactantemente cruel en su papel de madrastra de Marcos.

En cualquier caso la película se deja ver y se disfrutan en muchos momentos sus imágenes y pese a que queda la sensación de que podría haber sido mucho mejor, más intensa, más emotiva, más emocionante, uno queda conmovido e impactado en más de una ocasión dando por bueno su visionado. Sea como fuere, si Gerardo Olivares sigue esta línea de trabajo terminará dando en la diana. Esta vez el “lanzamiento” ha ido cerca del centro.