En la Villa Diodati, a orillas del lago Ginebra, durante una semana de otoño de 1816, el llamado Año sin Verano, mientras sus amigos Lord Byron, Percy B. Shelley y John William Polidori contaban historias de terror, Mary Shelley dio a luz al legendario monstruo de Frankenstein.
Tras la muerte de su madre, Victor Frankenstein se sume en cuerpo y alma en el estudio de las ciencias naturales y de la química. Alberga en su corazón una ambición secreta: devolver la vida a un cuerpo inerte… y lo logra después de profanar tumbas y cementerios. Pero la criatura que nace de sus manos le causa rechazo, pues es informe y repugnante, por lo que Victor la abandona a destino…
Redescubre la famosa novela de Mary Shelley en una adaptación gótica de gran calidad gráfica.
Durante ese «verano húmedo y desapacible» del año 1816, como la misma Mary Shelley explicaba en la introducción de su obra a la edición de 1831, «me entretuve pensando una historia que consiguiera que el lector tuviera pavor a mirar a su alrededor, que le helara la sangre y que acelerara los latidos de su corazón«. No hay la menor duda de que lo consiguió, y es un hecho que Frankenstein ha pervivido en la imaginación popular durante más de doscientos años, atormentando aún hoy las pesadillas de los temerosos y advirtiendo a los impetuosos de los riesgos de su imprudencia, como la parábola definitiva de la arrogancia científica.
A caballo entre la novela gótica y el relato filosófico, la historia del brillante científico y su monstruosa creación «Frankenstein; or, The Modern Prometheus» exploraba temas tan vigentes como la moral científica, la creación y destrucción de la vida, y la audacia de la humanidad. El relato es universal, y son numerosos quienes lo conocen, bien por el texto original, bien por alguna de las múltiples versiones y adaptaciones que se han realizado. El monstruo creado por el joven estudiante Victor Frankenstein, ensamblado a partir de retazos de materia muerta y arrancado del oscuro y eterno sueño de la muerte, sufre el rechazo de los humanos. Lo repudian por su aspecto, por ese cuerpo gigantesco y repulsivo que siembra el terror, y eso es lo único que juzgan. Entre ellos está el propio científico que lo creó, que se asusta de lo que ha hecho y da la espalda a su creación. La criatura, solitaria y sin nombre, reacciona comportándose como el monstruo que los demás ven en él, convirtiéndose en aquello que todos esperan: un asesino cruel, sanguinario, vengativo y malvado. Victor Frankenstein se convierte en el objeto de su venganza y en la víctima principal del odio y la desesperación que destila el monstruo, que acabará con todo lo que aquel ama.
Desde su creación, a principios del siglo XIX, han visto la luz numerosas versiones y adaptaciones de «Frankenstein, o el moderno Prometeo» en todos los medios y soportes imaginables. Muchas de ellas no han sido fieles a la obra original, han tomado fragmentos, reinterpretado su mensaje o alterado su espíritu, pero todas mantienen elementos esenciales del relato de Mary Shelley. Es lógico pensar que la sociedad ha cambiado a lo largo de los años y que la lectura de esta novela gótica y romántica del siglo XIX varía según el momento histórico. Una de las últimas versiones que ha llegado a nuestras manos es la de Sergio A. Sierra y Meritxell Ribas Puigmal, publicada por Yermo Ediciones en noviembre de 2025, coincidiendo en el tiempo con la nueva y personalísima aproximación cinematográfica de Guillermo del Toro. Dos maneras diferentes de redescubrir este clásico de la literatura.
Escrito por Sergio A. Sierra y dibujado por Meritxell Ribas Puigmal mediante la técnica conocida como grattage, su «Frankenstein, o el moderno Prometeo» es una nueva edición del título publicado en 2009 por Parramón, pero con algunos cambios y retoques para adaptarlo a las nuevas dimensiones del tomo y también para poner al día una obra dibujada hace más de quince años. La historia que nos cuentan Sergio y Meritxell se divide en cuatro partes diferenciadas, que se corresponden en parte con la novela original: un preludio y un epílogo situados en el frío norte remoto, en 1857, con un bajel danés varado en el hielo que encuentra el cuerpo maltrecho del científico en un trineo y vislumbra a lo lejos la presencia aterradora de su criatura; una primera parte centrada en el relato de Victor al capitán Walton; y una segunda parte en la que la criatura explica sus motivaciones y sus actos. Dos puntos de vista enfrentados, el del creador y el del monstruo, para una misma historia.
La técnica del grattage o scratchboard que utiliza Meritxell Ribas en esta obra consiste en trabajar sobre una superficie oscura cubierta por una fina capa de tinta negra que oculta un nivel inferior blanco o de color. La artista utilizó distintas herramientas de raspado, como cuchillas, punzones o agujas, para retirar la tinta superior y revelar las luces del dibujo mediante líneas, texturas y arañazos. El resultado, como podemos comprobar, es una imagen de alto contraste, muy detallada, que combina la expresividad del grabado tradicional con la inmediatez del dibujo. Esta técnica, extremadamente laboriosa y precisa, acompañada aquí por lo que la dibujante llama «color emocional«, con toques azules y rojos que recuerdan a la estrategia utilizada por Steven Spielberg en «La lista de Schindler«, acentúa el dramatismo visual y refuerza el tono gótico.
La criatura concebida por Mary Shelley continúa ejerciendo una poderosa fascinación sobre lectores de todas las épocas y sensibilidades. Su historia no solo perdura por la fuerza de su imaginería gótica, sino también por el carácter profético de su advertencia: el impulso desmedido del ser humano por dominar la naturaleza y forzar los límites del conocimiento. Como el Prometeo de Esquilo, Victor Frankenstein encarna la osadía de quien arrebata el fuego prohibido y debe afrontar las consecuencias de su desafío. Su tragedia resuena hoy con inquietante actualidad en un mundo marcado por avances científicos capaces de transformar, y también amenazar, nuestra propia humanidad.
Aquel encierro forzado por las lluvias en la Villa Diodati, lejos de ser un simple pasatiempo entre jóvenes ilustrados, dio origen a una de las obras más influyentes de la literatura universal. Una noche, una visión onírica, la de un ser monstruoso contemplando a su creador con ojos de agonía, se instaló en la mente de Mary Shelley y germinó en un relato que pronto creció más allá de cualquier expectativa. Animada por su marido Percy, la novelista desarrolló aquella pesadilla en una obra que, más de dos siglos después, continúa interrogándonos sobre la responsabilidad moral del creador y el precio de jugar con fuerzas que quizás no comprendemos del todo.
Frankenstein, o el moderno Prometeo
Guion: Sergio A. Sierra
Dibujo: Meritxell Ribas Puigmal
Formato: 22x28cm. Cartoné.
ISBN: 979-13-87822-95-8
Páginas: 108
Precio: 24,00 euros











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