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Sólo un director como José Luis Garci puede hacer hoy en día una película como ésta en España. Cine de atmósfera, pausado, noctámbulo, con un blanco y negro cargado de matices, construido a base de escenas yuxtapuestas con hechuras casi teatrales, con predominio de una cámara fija que recrea ambientes como si fueran cuadros y abarata unos costes que han sido mínimos, con los diálogos y los actores (todos magníficos y sorprendente Miguel Ángel Muñoz) como principal foco de interés. Late en todo el metraje la nostalgia de la novela y el cine negro clásico, el Madrid gris de 1975, el aroma y tono de otra época. Por todo ello es cine a contracorriente, no apto para cualquier público, un bombón para cinéfilos pero sobretodo para enamorados del cine de Garci. Particularmente me atrae la propuesta, me conquista el Areta de Carlos Santos y la atmósfera, no tanto el argumento, o menos que los otros «Cracks» y, desde luego, no se la recomendaría a cualquiera, lo cual es bueno y malo a la vez. Para mí bueno.