El director Martin Scorsese reunió en el año 1986 a un veterano Paul Newman con un aspirante a sustituirle en el olimpo de Hollywood, Tom Cruise, en la continuación de esa magnífica película que es «El Buscavidas«. El resultado fue notable y Newman consiguió, entre bola de billar y bola de billar, un Óscar que hubiera merecido ya bastante antes.