La sorprendente opera prima de Kevin Smith, rodada en blanco y negro y con un presupuesto ecasísimo (inferior a los 30.000 dólares), fue una sencilla comedia protagonizada por un grupo heterogéneo de personajes en un único escenario (un videoclub), con diálogos afilados, ágiles y rápidos, y escenas hilarantes como la del cadáver en el baño, o el debut de Jay y Silent Bob. Salvo «Purchasing Amy«, Smith no logró repetir el éxito.
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