Alarde artístico de Michael Keaton ante la cámara y de González Iñarritu tras ella que deja descolocado y destemplado al gran público y aplaudiendo con las orejas a la crítica gracias a un guión fascinante que convierte en drama existencial de arte y ensayo un plano-secuencia monumental que te muestra in situ y alegóricamente las tripas del teatro y los afanes y egos de todo bicho viviente, sea pájaro, superhéroe, actor venido a menos o viandante de Times Square.
 

 

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Título original: Birdman or (The unexpected virtue of ignorance).
País: EEUU.
Duración: 119 min.
Género: Comedia dramática.
Reparto: Michael Keaton (Riggan), Zach Galifianakis (Jake), Edward Norton (Mike), Amy Ryan (Sylvia), Emma Stone (Sam), Naomi Watts (Lesley), Andrea Riseborough (Laura).
Guion: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris y Armando Bo.
Producción: Alejandro González Iñárritu, John Lesher y Arnon Milchan.
Diseño de producción: Kevin Thompson.
Vestuario: Albert Wolsky.
Distribuidora: Hispano Foxfilm.
Estreno en España: 9 Enero 2015.

 

 
 

 

 

 

 

 

Ya han pasado un par de semanas desde que “Birdman” ganó el óscar a mejor película, el mexicano Alejandro González Iñarritu el de mejor director tras una imponente aunque no muy larga trayectoria jalonada por “Amores perros” (2000), “21 gramos” (2003), “Babel” (2006) y “Biutiful” (2010) y además el mejor guión original y la mejor fotografía. Optaba a cinco premios más (actor principal, actor secundario, actriz secundaria, sonido y efectos de sonido) y fue sin duda la gran triunfadora de los óscars, pero yo aún me hago cruces.
 
No es que “Birdman” no me parezca una gran película, que lo es, y tampoco es que no me parezca una digna ganadora (para ser sincero este año sólo le veía opciones reales de arrebatárselo a “Boyhood”, hubiera sido demasiado bonito que ganara “El Gran Hotel Budapest“); el caso es que me sorprende que una película como ésta haya sido reconocida y multipremiada. Hollywood no siempre ha tirado por esos derroteros sino por otros mucho más cercanos al gran público.
 
Birdman” es una película rebuscadilla, trata de un actor venido a menos que en otros tiempos triunfó con películas de superhéroes (entiéndase la gracia que consiste en elegir de protagonista precisamente a Michael Keaton que no fue Birdman pero sí Batman) y que intenta reivindicarse con una obra de teatro en la que piensa dejárselo todo; trata del cine, del teatro y del mundillo del espectáculo, de sus luces y de sus sombras; trata de la vida y de todos nosotros, de nuestras virtudes y miserias….Ambiciosa pues desde su concepción y planteamiento, desde el mismísimo guión y aún más ambiciosa por cómo está rodada, por los recursos que utiliza y por su desarrollo.
 
Nadie que profundice en cómo está hecha o en el trabajo que hay detrás de ella puede desdeñarla. Quizás por eso mismo, porque es un trabajo de orfebrería cinematográfica, ha conquistado a la Academia y a la crítica poniendo más o menos a todo el mundo de acuerdo en que era una de las películas del año. Lo que a mí me sorprende es que la hayan premiado en una ceremonia como la de los Óscar porque para el espectador de a pie, para quien acude a un cine a evadirse, para el gran público es un “plato” como éste de alta cocina, se te puede hacer “bola” y puede ser de “digestión” pesada y esta no ha sido la preferencia de los académicos durante muchos años, más tendentes a dar su favor a títulos más digeribles y/o facilones. Para que se me entienda, en otros tiempos habrían ganado “Boyhood”, “The imitation game” o “La teoría del todo” como en su día ganó “Bailando con lobos” a “Uno de los nuestros” o “Forrest Gump” a “Pulp Fiction”.
Al margen de la sorpresa del premio en sí, a mí me pareció una película soberbia, valiente, original y muy trabajada. Parece evidente por sus películas hasta la fecha que González Iñarritu es un loco enamorado de esto del cine y emprende sus proyectos desde la escritura del guión buscando siempre impactar con dramas personales. En esta ocasión su protagonista, ese actor reivindicándose a sí mismo que Keaton borda sin que sepamos realmente si no se está interpretando a sí mismo, le sirve para destriparnos algunos aspectos de las artes escénicas y de la vida misma y confiere a todo el conjunto una atmósfera distintiva, muy personal, como en todas sus películas anteriores.
 
Más que el argumento en sí, que en el fondo resulta bastante sencillo, lo que importa es cómo nos lo cuenta, la peculiar atmósfera que consigue (como en todos sus títulos anteriores cargada de angustia vital y un tono áspero y dramático) y cómo lo desarrolla. Intuimos que esa cámara que se mueve por la platea, las bambalinas e incluso por Times square (impresionante esa escena con Riggan dando un rodeo por la calle en calzoncillos) siguiendo a un personaje u otro no es un plano-secuencia real, pero aún siendo falso impacta igualmente y te involucra por completo en lo que sucede y crea un microcosmos propio que hace esta película diferente a cualquier otra.
 
Además Iñarritu no se resiste a otros jugueteos cinematográficos, mezcla lo real y lo imaginado (A cuánta gente habrán descolocado esas imágenes del pájaro gigante en el trailer creyendo que esta iba a ser una película de efectos especiales, que los tiene pero no son lo importante de la historia), mezcla lo que Riggan vive y lo que piensa (imponente cómo se usa el monólogo interior) sin distinguirlo mediante el montaje, incorpora una música desacompasada que te pone tan de los nervios como está el propio protagonista y la cámara flota, persigue personajes, cambia de uno a otro registrando momentos y frases relevantes, aportando piezas a modo de escenas de un puzzle que como espectador debes completar. No, no me parece una película sencilla de ver. Es muy buena, pero es exigente y es áspera, dramática, dura de pelar, en realidad como el argumento mismo, que es una historia de perdedores de esas que siempre nos ha regalado el cine y que tanto gusta ver, pero despojada de gran parte de la empatía que hace a otros títulos agradables. Riggan no es un protagonista simpático, ni agradable, ni conmovedor, aunque quizás por eso mismo es más humano y más real.
Sobra casi decir que el reparto es uno de los aciertos de la película, que los actores están fantásticos y que sería difícil que una película como ésta funcionara sin actuaciones tan magníficas. A Michael Keaton se le escapó la estatuilla dorada de mejor intérprete sólo porque Eddie Redmayne se metió literalmente en el cuerpo de Stephen Hawking, es difícil empatizar con su personaje, pero sí te lo hace meridianamente próximo. Esos monólogos interiores y las discusiones aquí y allá con unos y otros lo sobredimensionan, es Birdman pero también un pobre diablo, como lo somos cualquiera. Sorprende ver a Zach Galifianakis poniéndose serio y tan lejos del mamarracho grillao de los “Resacones” y Emma Stone, Edward Norton, Naomi Watts, y Amy Ryan están todos magníficos tengan o no nominación.
 
Vamos, que es una película que admirarás como cinéfilo, pero que quizás no te llegue si sólo vas al cine a pasar el rato; es un óscar atípico pero por otro lado es una buena noticia que también puedan ganar este tipo de películas y desde luego no deja indiferente porque arriesga, porque ofrece algo distinto y porque se adivina un gran trabajo creativo detrás de ella.