Panini Cómics publica «Biblioteca Marvel: La Patrulla-X #10«, un tomo que tiene la particularidad de acoger el dibujo de Jim Steranko como su mayor novedad. Este hecho dio impulso a una de las series de Marvel Comics que no terminaban de despegar y cuya cancelación asomaba por el horizonte, aunque antes daría su canto del cisne con la llegada de Neal Adams.

Biblioteca Marvel. La Patrulla-X #10Es más que un cómic: es una máquina del tiempo. Los legendarios episodios dibujados por Jim Steranko traen también un nuevo e histórico logotipo para la colección y la llegada de Polaris, la reina del magnetismo. ¿Acaso el diablo tuvo a una hija? Además, la primera aparición de Erik el Rojo, el debut de Barry Smith en Marvel, con una aventura contra Blastaar, y la irrupción del Faraón Viviente y Alex Summers, el hermano de Cíclope

«Biblioteca Marvel: La Patrulla-X #10» reúne una etapa especialmente curiosa de los mutantes de Marvel Comics, concretamente los números 50 al 55 de la colección original junto a varias historias complementarias. Es un volumen que funciona como fotografía de una serie en plena búsqueda de identidad, todavía lejos del estallido creativo que llegaría en los setenta, pero ya apuntando maneras. Entre giros argumentales imposibles, villanos extravagantes y experimentos visuales, la lectura se mueve entre lo entrañable y lo irregular, pero siempre con ese encanto clásico difícil de replicar hoy.

El núcleo del tomo lo ocupa el enfrentamiento contra Magneto y Mesmero, con Lorna Dane en el centro del conflicto. La supuesta revelación de que es hija de Magneto sirve como motor dramático, aunque pronto se descubre como un engaño más dentro del plan del villano. Este tipo de giros, que hoy pueden parecer algo tramposos, eran parte del ADN de la época, y aquí funcionan a medio gas: generan tensión momentánea, pero pierden fuerza cuando se resuelven sin demasiadas consecuencias. Aun así, permiten explorar las relaciones entre los miembros de la Patrulla-X, especialmente las inseguridades del Hombre de Hielo o el liderazgo cada vez más cuestionado de Cíclope.

El trabajo de Arnold Drake mantiene ese tono a medio camino entre la aventura superheroica y el drama juvenil. Los personajes discuten, dudan y a veces toman decisiones poco heroicas, como cuando llegan a plantearse abandonar a sus compañeros. Esa fragilidad, aunque algo exagerada, aporta un matiz interesante que conecta con lo que más adelante definiría a los mutantes: su condición de grupo marcado por conflictos internos constantes.

En el apartado gráfico, el volumen es un auténtico mosaico de estilos. Destaca especialmente la contribución de Jim Steranko, cuyo paso por la serie deja páginas mucho más atrevidas en composición y narrativa. Su estilo contrasta con el enfoque más clásico de Werner Roth o Don Heck, generando una sensación de transición constante. También resulta interesante ver el primer trabajo en Marvel de Barry Smith, todavía lejos de su estilo más refinado, pero ya apuntando maneras en la historia de Blastaar.

Más allá del arco principal, el tomo incluye varias historias centradas en la Bestia que aportan variedad, aunque no siempre acierten en el tono. El enfrentamiento con el Conquistador –traje ridículo donde los haya-, por ejemplo, tira de un esquema bastante repetitivo —secuestro, chantaje y rescate—, pero sirve para profundizar en Hank McCoy y su entorno familiar. Son relatos más modestos, casi de relleno, pero que ayudan a construir al personaje desde un ángulo más humano.

La irrupción de Blastaar, procedente de la Zona Negativa, introduce un elemento más claramente fantástico. Aquí la amenaza surge de un experimento mental de la Chica Maravillosa, en una muestra más de cómo la serie jugaba con conceptos de ciencia ficción sin demasiadas explicaciones. Es una historia directa, de acción pura, que se disfruta por su ritmo aunque no deje demasiada huella.

En la recta final del volumen aparece el Faraón Viviente, junto a la primera aparición de Alex Summers, hermano de Cíclope. Este tramo resulta especialmente interesante por el intento de ampliar el universo mutante y conectar con elementos históricos y cósmicos. El villano, con su obsesión por el poder y su estética exagerada, encaja perfectamente en el tono pulp de la época. La trama en Egipto, con secuestros y sacrificios, añade un aire aventurero que rompe con la dinámica habitual del grupo.

También hay espacio para historias de origen, como la de Ángel, que refuerzan ese enfoque casi antológico del tomo. Son relatos sencillos, pero efectivos a la hora de mostrar cómo estos personajes comenzaron a descubrir sus poderes y a enfrentarse al mundo. En conjunto, aportan contexto y enriquecen la lectura global.

La sección de extras es más bien escueta, si no contamos el correo y publicidad de la época: se reproducen tres originales de Jim Steranko. Luego ya las secciones habituales -la Era Marvel y el prólogo, ambos de Lidia Castillo– vuelven para completar esta «Biblioteca Marvel: La Patrulla-X #10»

Al final, este volumen es una mezcla de aciertos y tropiezos, pero también un documento muy valioso para entender la evolución de la Patrulla-X. No todas las historias funcionan igual de bien, y algunas decisiones narrativas han envejecido de forma discutible, pero hay una energía creativa constante que mantiene el interés. Es un cómic que se disfruta más desde la curiosidad histórica que desde la búsqueda de una gran historia, pero precisamente ahí reside su encanto.

Biblioteca Marvel: La Patrulla-X #10
Autores: Roy Thomas, Arnold Drake, Jim Steranko, Werner Roth, Barry Smith y Don Heck
Fecha de publicación: Enero de 2026
Edición original: The X-Men 50-55
ISBN: 9791370134051
Formato: 17x26cm. Rústica con solapas. Color
Páginas: 160
Precio: 16,00 euros