Las películas de época y en concreto las de James Ivory no gustan a todo el mundo y en ocasiones resultan frías y distantes, no obstante ésta es una de las más trabajadas y conseguidas de este director y es uno de sus títulos emblemáticos.

 

 

 

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Título original: Howards End

País: Gran Bretaña, Japón

Duración: 140 min.

Género: Drama, costumbrista

Reparto: Vanessa Redgrave (Ruth Wilcox), Helena Bonham Carter (Helen Schlegel), Joseph Bennett (Paul Wilcox), Emma Thompson (Margaret Schlegel), Prunella Scales (Tía Juley), Adrian Ross Magenty (Tobby Schlegel), Jo Kendall (Annie), Anthony Hopkins (Henry J. Wilcox), James Wilby (Charles Wilcox), Jemma Redgrave (Evie Wilcox).

Guión: Ruth Prawer Jhabvala

Productora: Merchant Ivory Productions, Sumitomo Corporation, Imagica Corp., Cinema Ten Corporation, Japan Satellite Broadcasting (JBS), Ide Productions

Dirección artística: John Ralph

Fotografía: Tony Pierce-Roberts

 

Montaje: Andrew Marcus

Música: Richard Robbins

Novela original: E.M. Forster

 

Con toda la malicia del mundo hay quien dice que la mejor producción Merchant-Ivory la hizo Ang Lee cuando estrenó en 1995 “Sentido y sensibilidad”. Bromas a parte, ya que la película no era de ellos, esta firma formada por el productor Ismail Merchant y el director James Ivory se dedicó hasta hace unos años a producir películas de época muy cuidadas en lo que a ambientación se refiere, casi todas situadas en Gran Bretaña y con guiones que casi siempre firmó Ruth Prawer Jhabvala.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los mejores títulos de esta colaboración llegaron a mediados de los ochenta y principios de los noventa con un puñado de películas muy valoradas entonces por la crítica internacional que se colaron en palmarés de festivales y premios y que tuvieron también su protagonismo en los óscars. Estoy hablando esencialmente de “Una habitación con vistas” (1985), “Mr. & Mrs. Bridge” (1990), “Lo que queda del día” (1993) y por supuesto esta “Regreso a Howards end” de 1992 que cosechó tres óscars (Emma Thompson ganó como mejor actriz y también se llevó el premio a mejor guión adaptado y mejor dirección artística) además de otras seis nominaciones (película, director, actriz secundaria, fotografía, banda sonora y vestuario).

 

En esta ocasión Ruth Prawer Jhabvala parte de una novela de E. M. Forster (de las adaptaciones cinematográficas de su obra recomiendo “Pasaje a la India” de David Lean, seguramente el modelo al que siempre quisieron llegar Merchant e Ivory) que se sitúa en la Inglaterra de comienzos de siglo y habla sobre tres familias de distinta condición social interrelacionadas por el capricho de las coincidencias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las hermanas Schlegel (Margaret y Helen), solteras y rentistas de la burguesa clase media londinense, son el motor argumental y las protagonistas de un relato en el que quedan claras las difíciles relaciones sociales entre la clase adinerada, despreocupada e incapaz de asumir ciertas responsabilidades con los más desfavorecidos y esa clase baja, abandonada a un destino poco halagüeño.

 

En este caso la historia circula alrededor de una mansión en la campiña llamada Howards end que es el mcguffin de esta película, el recurso narrativo recurrente por el que los personajes quedan ligados unos a otros aún cuando parece que sus destinos se separan definitivamente, cosa que sucede en más de una ocasión.

 

Desarrollada con un estilo clásico y una deliciosa puesta en escena que aprovecha al máximo una ambientación exquisita, el principal atractivo de esta película es el viaje en el tiempo, ese encontrarse efectivamente en la época y el lugar de los que se habla y por supuesto ese argumento de relaciones que se van enmarañando y desembocan en un final que resultaba previsible pero al que se llega por extraños e inesperados vericuetos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La película es larga, quizás demasiado para quien no le guste este tipo de género, pero hay que decir que avanza con ritmo adecuado y que no sobran escenas porque todas aportan información relevante, que habla de temas universales como la hipocresía de las clases adineradas frente a los menos privilegiados, de la arrogancia de quienes se creen con unos derechos adquiridos sólo por haber nacido en el seno de la familia adecuada y de la incapacidad para encontrar la felicidad aún teniéndola tan a mano en cosas que parecen poco importantes….a este respecto en concreto parece evidente que nadie en la familia Wilcox parece apreciar el valor que posee Howards End y es por ello por lo que sólo el espectador termina siendo consciente de lo que ganan las Schlegel y de por qué lo ganan.

 

Es magnífico y muy significativo ese comienzo, aparentemente irrelevante, en el que vemos a la señora Wilcox pasear junto a la casa de Howards End, en la que nació, y disfrutar del paisaje circundante y de esa sensación de calidez que desprende el interior, donde se encuentra su familia, iluminado en pleno anochecer. Sólo Margaret Schlegel posee a su juicio la capacidad de apreciarlo porque su marido y sus hijos parecen incapaces de encontrar allí el menor atisbo de felicidad en algo tan sutil como su mero disfrute. Es la ceguera de quien lo posee todo.

 

Película por tanto con pedigrí y bouquet, de té con pastas y dedo meñique alzado, sí, pero también un drama costumbrista bien desarrollado, repleto de personajes interesantes y muy atractivo gracias a una ambientación maravillosa y a una factura visual francamente bella en pantalla.