En un panorama donde la memoria histórica aún palpita como una herida abierta, «Las alas de la crisálida«, publicado por Serendipia Editorial, llega como una novela gráfica que no solo cuenta una historia ambientada en la Guerra Civil Española, sino que se atreve a dar voz a quienes casi siempre quedaron relegadas al silencio: las mujeres. Con guion de Rafael Jiménez y el arte sensible de Meik, esta obra se adentra en lo íntimo para explorar el amor, la resistencia y los pactos secretos que germinan en medio del miedo y la represión.
Madrid, julio de 1936. La ciudad aún respira verano cuando estalla la Guerra Civil. En una casa silenciosa de un barrio acomodado, dos mujeres viven atrapadas en los márgenes de su tiempo. Libertad, sirvienta, anarquista y feminista, lucha por mantener su identidad en un mundo que nunca le ha hecho sitio. Mercedes, joven esposa de clase alta, acaba de casarse con Julio, un hombre que no tarda en huir para unirse a las filas del bando nacional.
El estallido del conflicto lo cambia todo. Las calles se llenan de miedo, delaciones y miradas que acusan. Bajo el estruendo del conflicto, un giro inesperado entrelaza los destinos de Libertad y Mercedes, sellando un pacto tan invisible como irrompible.
Durante tres años sobreviven entre silencios, mentiras y afectos que no siempre pueden nombrarse. Pero en abril de 1939, cuando Madrid cae bajo el control franquista y Julio regresa como oficial del nuevo régimen, el secreto que las une se convierte en una amenaza que podría destruirlo todo.
Las alas de la crisálida es una historia sobre mujeres que resisten cuando todo se derrumba. Una novela gráfica sobre lealtades difíciles, decisiones imposibles y vínculos que nacen en la oscuridad para intentar sobrevivir a la luz.
La portada presenta un contraste muy interesante al mostrar una mariposa posada sobre el cañón de un arma. Dentro de las alas vemos dos mujeres jóvenes enamoradas. Aparte de contar historias, los cómics desentierran silencios que aún laten como cicatrices en nuestra memoria colectiva. «Las alas de la crisálida» (Serendipia Editorial, 2025) no es únicamente una novela gráfica ambientada en la Guerra Civil Española. Es un relato íntimo y desgarrado sobre la resistencia femenina, sobre el amor que florece en los márgenes prohibidos y sobre la dignidad que resiste incluso cuando todo alrededor se derrumba. El guion de Rafael Jiménez y el trazo sensible de Meik (María Dolores Reyes Cuevas) se combinan para dar vida a un cómic que no suplica ser leído: se impone, como una raíz que rompe el cemento del olvido, y se instala en la mirada con la fuerza de una verdad incómoda… pero necesaria.
Antes de pasar a la historia central, «Las alas de la crisálida» arranca con dos prólogos, el segundo transcurre doce años después del primero y compete a la familia (hija y nieta) de la que a la postre será la protagonista. El marido de la hija es un energúmeno desde el primer momento que aparece y lo seguirá siendo doce años después, cuando acudan con el resto de la parentela a reclamar la herencia de la anciana fallecida. Un documento irá a las manos de la nieta. Documento que desvelará el relato que a continuación se nos cuenta.
La historia se centra en Mercedes, joven burguesa casada con Julio, un soldado también de agrio carácter que se une al bando nacional al estallar la guerra. Junto a ella vive Libertad, la criada anarquista y feminista, que pronto se verá obligada a matar a un miliciano (otro tipo malencarado) para salvar a su señora. Ese acto, brutal y definitivo, las une para siempre en un pacto secreto que atraviesa los tres años de conflicto. Afuera, Madrid arde entre bombas, delaciones y miedo; adentro, el espacio doméstico se convierte en trinchera, en refugio precario, en cárcel y en santuario. La tensión crece con cada silencio, con cada gesto contenido, hasta que la caída de la capital en abril de 1939 y el regreso de Julio —convertido ya en oficial franquista— convierten ese secreto compartido en una amenaza insoportable.
Rafael Jiménez firma un guion de ritmo lento y atmosférico, que sabe jugar con lo que no se dice. No hay héroes ni gestas: hay mujeres que resisten, que se contradicen, que aman y callan. Lo político se filtra en lo cotidiano y lo íntimo se convierte en acto revolucionario. Un abrazo, una confesión, un deseo callado son aquí más subversivos que una barricada. Libertad emerge como uno de los personajes más potentes, representación de aquellas mujeres silenciadas que soñaron un país distinto, y que cargaron con la contradicción de matar para proteger y callar para no destruir lo que amaban. Frente a ella, Mercedes encarna la fragilidad de quien, atrapada por su clase y su rol de esposa, debe reinventarse para sobrevivir. Entre ambas se teje una relación de deseo, lealtad y peligro que desafía las convenciones del deber y del honor.
El dibujo de Meik acompaña y eleva este relato con una expresividad delicada. Sus viñetas, de trazo fino y atmósfera tenue, juegan con la luz y la sombra para transmitir encierro, tensión y ternura. Cada rostro partido entre la duda y el afecto, cada rincón cargado de silencio, aporta una densidad emocional que multiplica el guion. El cómic evita el efectismo y apuesta por una estética otoñal, casi cinematográfica, que recuerda a la memoria en sepia. Cuando la historia se abre hacia el presente, a través de Lucía —la nieta que hereda el secreto de Mercedes y se niega a repetir el silencio de sus mayores—, el estilo se mantiene coherente, aunque introduce un aire fresco que enlaza la memoria con el futuro. Quizás se echa en falta un dibujo más áspero para ciertas situaciones.
Hay que decir, sin embargo, que «Las alas de la crisálida« no está exenta de limitaciones. Su vocación feminista —un feminismo militante, explícito, presente en cada viñeta— convierte a la obra en un grito poderoso, pero a veces incurre en cierta previsibilidad. Algunos pasajes caen en lo tópico, en subrayar lo que el silencio ya había dicho con más sutileza. Del mismo modo, el contexto histórico podría haberse recreado con mayor realismo y profundidad: la Madrid sitiada de 1936-39 aparece más como un telón emocional que como una ciudad concreta, con sus texturas, olores y matices. No es un fallo grave, pero sí un aspecto que resta densidad al conjunto.
No obstante, la novela gráfica logra emocionar y dejar huella. El título mismo, «Las alas de la crisálida«, es un símbolo preciso: encierro, transformación y promesa. Mercedes y Libertad, cada una a su modo, se encierran en esa crisálida para resistir y renacer. Y aunque el final asfixia y golpea, también abre una puerta: la de la memoria que, a través de Lucía, se niega a seguir enterrada bajo el miedo. No hay libertad si seguimos callando.
Este cómic, nacido de un proyecto de micromecenazgo en Verkami, aparece en formato álbum europeo de tapa dura e incluye algunos extras ganados por los patrocinadores: una introducción de Paqui Maqueda, un texto del guionista y una selección de diseños de Meik. La calidad del papel es máxima.
En definitiva, «Las alas de la crisálida» es feminista por los cuatro costados, comprometido con rescatar lo silenciado y con ofrecer una mirada distinta sobre la Guerra Civil. Puede que no sea perfecto, pero sí es profundamente necesario. Porque al cerrar sus páginas, tras el bonito final anclado en la actualidad, uno comprende que lo que se juega aquí no es solo el recuerdo de un pasado doloroso, sino la forma en que decidimos mirarlo hoy. Y esa, sin duda, es la mayor victoria de la obra: recordarnos que, incluso bajo los escombros, hay semillas de dignidad que esperan florecer.
Las alas de la crisálida
Auores: Rafael Jiménez y Meik
ISBN: 979-13-87661-04-5
Formato: 32x22cm. Cartoné
Páginas: 80
Precio: 16,90 euros











Así me gusta, que me pongas los dientes largos, jajaja