Panini Cómics lanza «Hellhunters: Cazadores infernales», un relato repleto de sangre y sucesos extraños que mezcla la crudeza de la Segunda Guerra Mundial con el terror sobrenatural más desatado del Universo Marvel. ¿Preparados para conocer al Motorista Fantasma de 1944?Hellhunters: cazadores infernalesMientras el sargento Sal Romero se lanza en paracaídas sobre la Europa ocupada por los nazis, el joven oficial alemán Felix Bruckner se convierte en el anfitrión de un mal indescriptible. Tras su violento encuentro, Romero renace como el Motorista Fantasma de 1944. No sólo se propone vengarse de Bruckner y los nazis, sino salvar a la humanidad de la aniquilación junto a un elenco estelar de los héroes más rudos de Marvel.

«Hellhunters: Cazadores infernales» recoge los cinco números de la miniserie americana que no vino en bolsa como los tebeos de la línea Red Band, pero que propone una experiencia tan salvaje como poco habitual dentro de la editorial: soldados, demonios, zombis nazis y pactos infernales en una historia que apuesta más por la atmósfera y el impacto visual que por los esquemas tradicionales del género superheroico, toda ella repleta de personajes bien conocidos.

El arranque ya deja claras sus intenciones. El primer número funciona casi como un prólogo largo, centrado en construir el tono antes que en desplegar la trama. Phillip Kennedy Johnson introduce a los villanos —un grupo de nazis que venden su alma para sobrevivir— en una secuencia inquietante y cargada de simbolismo. A partir de ahí aparece Sal Romero, un paracaidista que pronto se convierte en el Jinete Fantasma de 1944 tras un encuentro letal con esas fuerzas demoníacas. Sí, el mismo Sal que el guionista creo para su terrorífica etapa de «El Increíble Hulk«.

Sentadas las bases , «Hellhunters: Cazadores infernales» pisa el acelerador y empieza a perfilar su identidad como equipo. La llegada de figuras como Logan, Nick Furia -con su ojo sanote-, Peggy Carter o el Soldado Supremo -un tipo a lo Doctor Extraño- vienen a añadir picante a la historia. Aquí se refuerza la idea central: distintos soldados, de distintos orígenes, unidos frente a un mal común mucho más grande que cualquier conflicto humano. Además, se introducen matices interesantes, como la reflexión sobre el precio de los pactos demoníacos. El propio Romero empieza a cuestionarse qué ocurrirá cuando consiga su venganza, aportando un punto de profundidad en medio del caos.

A nivel visual, la serie se vuelve todavía más contundente. Adam Gorham despliega un festival de violencia estilizada donde los cuerpos se rompen, se queman o se congelan con un dinamismo brutal. El color de Frank Martin juega con contrastes muy marcados: los tonos fríos, casi espectrales, de los enemigos frente al rojo infernal que envuelve a Romero. Entre los dos hacen un trabajo más que notable en esta serie, aunque a veces la acción se vuelva un tanto caótico entre explosiones y demás.

Conforme avanza la cosa conocemos el origen de las criaturas —los llamados Impíos—, sus motivaciones y nuevas amenazas como Baraphiel, un monstruo gigantesco que eleva la escala del conflicto. También entra en escena Bucky Barnes, y su inclusión resulta de lo más interesante. Lejos de ser el típico sidekick idealizado, se presenta como un chaval marcado por la guerra, con comportamientos perturbadores que añaden una capa incómoda pero muy efectiva al relato. Su energía más caótica contrasta con el cansancio del resto del equipo y aporta momentos tan extraños como divertidos.

En el cuarto número todo se desata sin complejos. La serie abraza definitivamente su lado más excesivo y ofrece un espectáculo a todo trapo: batallas contra criaturas gigantes, armas imbuidas de poder infernal y escenas que rozan lo grotesco sin perder nunca el sentido del entretenimiento. Es aquí donde mejor se aprecia lo bien que funciona la química entre personajes, especialmente entre Romero y Bucky- hay alguna splash page de alivio.

El desenlace de «Hellhunters: Cazadores infernales» mantiene esa línea de acción total. La batalla final es un auténtico despliegue de fuerza, con todos los elementos en juego metidos en la coctelera: ejércitos de muertos, demonios desatados y sacrificios heroicos. Sin embargo, también es donde más se nota uno de los principales problemas de la obra: la falta de desarrollo profundo de algunos personajes. Hay muchas ideas interesantes —especialmente alrededor de Peggy Carter o del propio Romero—, pero no siempre tienen el espacio necesario para brillar como deberían. Es un desmelene del guionista hasta donde le permite la editorial, eso sí.

«Hellhunters: Cazadores infernales» viene en formato tapa blanda con un papel de gran calidad. Incluye dos artículos de David Aliaga y las portadas variantes en pequeño tamaño.

«Hellhunters: Cazadores infernales» destaca por su personalidad, por atreverse a contar una historia distinta dentro de Marvel y por su potente apartado visual, pero tampoco es la bomba. Es un cómic que nos habla de la locura de un conflicto donde lo sobrenatural se mezcla con lo histórico. Puede que no sea la obra más redonda en términos de guion o desarrollo de personajes, pero sí es una de las más llamativas y entretenidas dentro de su propuesta. Una lectura ideal para quienes busquen algo diferente, oscuro y pasado de vueltas, donde cada página parece decir: aquí hemos venido a pasarlo mal… y a disfrutarlo.

Hellhunters: Cazadores infernales
Autores: Adam Gorham, Philip Kennedy Johnson
Fecha de publicación: Febrero de 2026
Edición original: Hellhunters #1-5
ISBN: 9791370131203
Formato: 17x26cm. Rústica. Color
Páginas: 120
Precio: 16,50 euros