Y al final de su vida, Conan se convirtió en rey. Y reinó en Aquilonia con justicia y con sabiduría, pero también con su afilada espada en la mano, cubierta de la sangre de sus enemigos. Y en el cómic “Lobos de Allende la frontera“, adaptación de Truman y Giorello de un relato póstumo e inacabado del escritor Robert E. Howard, el cimmerio, cansado ya del peso de la corona, se embarca en una peligrosa aventura en las fronteras de su reino. Quizás la última.

Sabe, oh príncipe, que entre los años del hundimiento de Atlantis y de las resplandecientes ciudades bajo los océanos, y los de la aparición de los hijos de Aryas, hubo una edad olvidada en la que el mundo estaba cubierto de brillantes reinos como mantos azules bajo las estrellas: Nemedia, Ofir, Brithunia, Hiperbórea; Zamora con sus muchachas de oscuros cabellos y sus torres plagadas de arácnidos misterios; Zingara y sus caballeros; Koth, limítrofe con las tierras pastoriles de Shem; Estigia con sus tumbas custodiadas por sombras, e Hirkania, cuyos jefes vestían acero, seda y oro. Pero el más orgulloso reino del mundo era Aquilonia, que reinaba soberana sobre el soñoliento oeste. Y aquí llegó Conan, el cimmerio, el pelo negro, los ojos sombríos, la espada en la mano, un ladrón, un saqueador, un asesino, de gigantescas melancolías y gigantescas alegrías, para pisotear con sus sandalias los enjoyados tronos de la Tierra.

De las edades del hombre quizás la más compleja de todas ellas sea la ancianidad. Envejecer implica siempre la pérdida de facultades físicas y mentales, el progresivo deterioro de todo aquello que se ha ido construyendo a lo largo de la vida, la constatación del paso inexorable del tiempo, pero es una ley natural y un privilegio vital que no todas las personas tienen. Menos aún en el pasado, cuando la esperanza de vida de los hombres se reducía a unas pocas décadas y la medicina era una combinación desequilibrada de tradiciones, supersticiones, religión, misticismo y muy poca ciencia. Por ejemplo la Edad Media o la Era Hiboria imaginada por el escritor Robert E. Howard, tiempos oscuros, crueles, de religiosidad rígida y fanática, dónde no es difícil imaginar el destino de los débiles, lugar que les corresponde a los viejos y desválidos. Las guerras, las enfermedades y las plagas, o las terribles criaturas, demonios y monstruos que vagaban por las tierras sin civilizar de Estigia, Nemedia, Zingara o Shem, reducían la corta vida de los hombres y mujeres a un suspiro.

Es fácil imaginar como debía sentirse el bárbaro Conan al final de su vida, rey de Aquilonia, cuando su poderosa mano ya no podía sujetar la espada con la misma fuerza que antaño, cuando sus piernas temblaban de cansancio tras una larga jornada de marcha, cuando sus ojos ya no podían distinguir si el pájaro que surcaba el cielo sobre su cabeza, ahora un mancha borrosa, era un halcón o una águila, cuando su rostro cubierto de cicatrices sumaba arrugas y profundos surcos fruto de las preocupaciones del trono y del paso del tiempo, cuando su cabellera del color de las alas del cuervo se cubrió con el velo gris y blanco de los ancianos, cuando las heridas del guerrero no se curaban con la misma rapidez que antes.

Lobos de allende la frontera” (titulado originalmente en inglés “Wolves beyond the border“) es un relato póstumo e inacabado que el escritor estadounidense Robert E. Howard escribió en el año 1935, en forma de dos borradores incompletos. L. Sprague de Camp dio forma a su propia versión en el compendio de relatos “Conan the Usurper” publicado en 1967, fue adaptada al cómic por Roy Thomas y Ernie Chan en el número 59 de “La espada salvaje de Conan” del año 1980, y aquí el equipo formado por el guionista Timothy Truman, el dibujante argentino Tomás Giorello y el colorista madrileño José Villarrubia adaptan y expanden, en una miniserie de cuatro capítulos, la mítica historia inacabada de Robert E. Howard en este cómic de Dark Horse Comics, de diciembre de 2015 a marzo de 2016, publicado en castellano por Planeta Cómic en abril del 2017. En este volumen también se incluye una imponente galería con el trabajo de Tomás Giorello, un montón de páginas de extras, bocetos y páginas a lápiz que dejan con la boca abierta, un análisis del proceso creativo, portadas, ilustraciones, etc. y dos interesantes epílogos, uno de Truman y otro de Villarrubia.

En esta historia el Rey Conan gobierna Aquilonia. Lejos quedan sus míticas aventuras, sus viajes desde las misteriosas costas de Zingaria al oeste hasta los legendarios reinos más allá de las estepas de Hirkania al este, desde las tierras heladas de Nordheim hasta las verdes junglas de los Reinos Negros. En el recuerdo, el bárbaro, el pirata, el amante, el guerrero, el soldado y el asesino. Ahora luce una corona y se sienta en un incómodo trono en Tarantia desde el que dirige el destino de un reino, próspero y en paz. Ha sido un monarca justo durante varias décadas, pero empieza a cansarse de la corona y se siente como un león encadenado. Cuando un soldado veterano lo visita y le habla de una reliquia maldita y de los rumores que dicen que las tribus pictas están preparándose para invadir las fronteras aquilonias en masa, el cimmerio se embarca con gran entusiasmo en una de sus últimas aventuras. Lejos de la seguridad de la corte, y con intención de impedir la matanza, un Conan envejecido se reúne con una chaman que conoció hace muchísimos años, vivirá aventuras trepidantes en un territorio indómito e incivilizado dominado por las salvajes tribus de los pictos y se verá obligado por las circunstancias a establecer una alianza antinatura con los enemigos ancestrales de Aquilonia.

Es curioso mencionar que en la mitología imaginada por Howard en la Era Hiboria los pictos eran un pueblo salvaje que vivía a lo largo de diferentes islas del continente thurio, pero tienen importantes diferencias con los pictos de los libros de historia, que se refieren a los habitantes del norte de Bretaña que llegaron al archipiélago británico antes de los celtas.

Hace más de una década que Dark Horse Comics tiene los derechos para publicar los cómics de Conan, y es un hecho incontestable que ha sabido recuperar el espíritu original de los cómics de Roy Thomas, Barry Windsor-Smith y John Buscema y, a la vez, revitalizar y modernizar el personaje. En 2003, Dark Horse empezó su andadura con el imponente bárbaro de Cimmeria con la adaptación de la saga de Conan, sin seguir la continuidad de las historias de Marvel pero sí los relatos originales de Robert E. Howard, con los guiones de Kurt Busiek y los dibujos Cary Nord. Tim Truman substituyó a Busiek en 2006 cuando este firmó un contrato exclusivo con DC Comics y Tomas Giorello sustituyó a Nord un año después, en 2007. Con Truman y Giorello, además del color de Villarrubia, Dark Horse encontró un equipo creativo excepcional que ha desarrollado una larga etapa, prolífica y muy fructifera, que ha alcanzado su cénit en este “Conan Rey: Lobos de allende la frontera“, una de los mejores trabajos que se han publicado del icónico personaje creado por Robert E. Howard en estos últimos años. En mi opinión, lo mejor desde Thomas y Buscema. Con todo el sabor de la espada y brujería clásica.

¡Un rey, viejo ya, ansía batallar!

 

Conan Rey: Lobos de allende la frontera
Guion: Timothy Truman
Dibujo: Tomás Giorello
Color: José Villarrubia
Título original: “King Conan: Wolves Beyond the Border”
Colección: Conan
Fecha de publicación: Abril de 2017
ISBN: 978-84-16816-71-2
Formato: 16,8×25,7cm. Cartoné. Color
Páginas: 120 páginas
Precio: 18,95 euros