La lectura de este clásico imprescindible de la literatura infantil de L. Frank Baum sorprende sobre todo por su frescura, que es capaz de recuperar todo el surrealismo de “Alicia en el País de las Maravillas” y tejer una historia de aventuras, llena de ingenuidad y mala leche a partes iguales, que encandila en cuanto se empieza a leer.