José Luis Munuera recuperó al clásico villano de Spirou y Fantasio para protagonizar su propia serie, un spin-off de los de toda la vida. Primero nos presentó a su hija, una adolescente que no era lo que parecía, y con el segundo álbum llega el momento de que salte a escena el necesario antagonista del protagonista. No hay mejor manera de medir a cualquier personaje que ponerle frente a un rival de su talla… aunque en «Zorglub 2. El aprendiz de malo» el villano de la función no destaca ni por su altura ni por su edad.

Zorglub se encuentra en el desierto negociando una importante venta de alta tecnología y armas de destrucción, cuando aparece un mocoso de diez años que, no solo es su mayor admirador, sino que también quiere ser su ayudante. Zédrik, con Z y con K, que así parece más perverso, quiere convertirse en un genio malvado con la ayuda de Zorglub, que lo único que desea es quitarse al chaval de encima.
Al final cede a la presión y lleva al chico a su guarida como aprendiz, pero todo se torcerá cuando se enamora locamente de Zandra, la hija de villano. Ya sabemos que ¡siempre es más fácil ser un genio malvado que papá!

Todo héroe que quiera ser merecedor de este nombre debe, en algún momento de su trayectoria, enfrentarse a un reto que ponga a prueba sus límites y salir victorioso. O doblegar a un antagonista que le supere en fuerza y número. Así sucedía con personajes clásicos como Gilgamesh, Hércules, Jasón, Aquiles, Simbad, Leónidas, Perseo o Beowulf. Y tal y como nos conto M. Night Shyamalan en «El Protegido«, todo villano que quiera ser digno de elogio por sus semejantes debe tener enfrente a un héroe poderoso a quien medirse, la horma de su zapato, una referencia para poder establecer su grandeza real y la dimensión de sus ambiciones. Vamos, que a falta de Spirou y Fantasio que andan envueltos en otros asuntos, Zorglub necesitaba a un nuevo rival ante el que poner a prueba sus habilidades.

Zorglub, el sociópata y megalómano personaje secundario de las aventuras de Spirou y Fantasio, debutó en el año 1960, en el álbum «Z como Zorglub» («Z comme Zorglub«), y desde su primera aparición como antagonista de Spirou y Fantasio se convirtió en el villano más carismático de la saga. El responsable de su creación fue el belga André Franquin, maestro y referente máximo de la llamada ‘École de Marcinelle‘ de bande dessinée francobelga, que durante su etapa en la cabecera transformó la serie al convertir las aventuras de Spirou y Fantasio en historias largas con argumentos muy elaborados, y por crear un gran número de carismáticos personajes secundarios como el Conde de Champignac, el Alcalde, el aspirante a dictador Zantafio, el adorable Marsupilami, y la periodista Seccotine, entre otros. Y, por supuesto, Zorlgub, que en el díptico «Z como Zorglub» y «El retorno de Z«, se nos presentó como un genio malvado, un científico con ínfulas que pretendía dominar el mundo y controlar la voluntad de hombres y mujeres mediante la Zorglonda, un rayo para manipular la mente y crear un ejército de Zorghombres. En entregas posteriores Zorglub ha ido oscilando entre el bien y el mal, se ha reformado y ha vuelto a delinquir, ha cambiado de bando como quién cambia de camisa, sin dejar de ser traicionero e insidioso, pero justamente esta ambigüedad y sus planes retorcidos son los que le han convertido en uno de los favoritos de los lectores.

En la primera entrega titulada «La hija de Zorglub» Munuera nos presentó a Zandra, una adolescente aparentemente normal, con problemas, preocupaciones, intereses y sentimientos de adolescente aparentemente normal. Aparentemente, pues la chica desconoce un increible secreto acerca de sus orígenes. Y para acabar de complicar la vida de Zandra, su abnegado, obsesivo, controlador, desconfiado y sobreprotector padre es un genio del mal con objetivos megalómanos que, en más de una ocasión, ha puesto al mundo en crisis. Sí, estamos hablando del científico loco Zorglub que, en manos de Munuera, tiene mucho de Buster Keaton y de John Cleese, bastante del Coyote de los Looney Toons y algo del Mr. Bean de Rowan Atkinson. Un comediante de slapstick y payasada, que ha evolucionado desde su primera aparición en «Z como Zorglub» para convertirse en un personaje con más matices, un antihéroe con mala pata al que uno le llega a coger cariño, el padre sobreprotector que atosiga a la hija rebelde adolescente. Sí, con sus personajes entrañables y carismáticos, José Luis Munuera demuestra una vez más que se pueden crear historias divertidas para toda la familia.
Por su parte, este segundo álbum «El aprendiz de malo» («L’apprenti méchant«) obligará al protagonista a lidiar con un rival inesperado: un crío gafotas de diez años, admirador número uno de Zorglub, que quiere ser su aprendiz, descubrir todos sus secretos y ¡ser el amo del mundo! Pero, claro, cuando el nuevo aprendiz de Zorglub se enamoré de su hija Zandra las cosas se van a torcer y, a causa del corazón roto de Zedrick, el mundo de Z se va a convertir en una sopa indigesta de caos, desorden y destrucción. El menor de sus problemas será conseguir cerrar un lucrativo negocio de venta de armas en el desierto y el mayor, el amor. O el desamor, según como se mire.

Con su exquisito sentido del humor al que nos tiene acostumbrados el dibujo de Munuera es, otra vez y como sabemos quienes venimos siguiendo el trabajo de este lorquino residente en Granada desde hace muchos años, una maravilla. Dinámico y expresivo, enérgico y animado, de estilo ‘cartoon‘, referente indiscutible de cómo un autor español puede triunfar en el mercado francés. Pero José Luis Munuera no es solamente un dibujante increible, sinó también un narrador en mayúsculas que mantiene el interés y la frescura en la historia, con un ritmo ágil y giros argumentales tan sorprendentes como inesperados, cubiertos siempre con un barniz humorístico desternillante que harán las delicias de los lectores de todas las edades.

Zorglub 2. El aprendiz de malo.
Autor: José Luis Munuera
ISBN: 978-84-17294-43-4
Formato: 22x30cm. Cartoné. Color.
Páginas: 64
Precio: 18,00 euros