Aprovechando el puente rescatamos otra película de la videoteca y que es de visión obligatoria si no se ha visto. Eso sí, hay que verla en la televisión más grande que tengais, con sonido envolvente y si es en HD ya sería la repanocha. Imágenes y música son de las más bellas que puedan encontrarse en una película.

*****"La misión" (Roland Joffe, 1986)
Título original: The mission
País: Gran Bretaña
Duración: 126 min.
Género: Drama, histórico, religión
Reparto: Robert De Niro (Rodrigo Mendoza), Jeremy Irons (padre Gabriel), Ray McAnally (Altamirano), Aidan Quinn (Felipe Mendoza), Cherie Lunghi (Carlotta), Ronald Pickup (Hontar), Chuck Low (Cabeza), Liam Neeson (Fielding), Bercelio Moya, Sigifredo Ismare, Asuncion Ontiveros, Alejandrino Moya, Daniel Berrigan, Rolf Gray, Álvaro Guerrero, Tony Lawn, Joe Daly, Carlos Duplat, Rafael Camerano, Monirak Sisowath, Silvestre Chiripua, Luis Carlos Gonzalez, Maria Teresa Ripoll
Distribuidora: Warner Bros. Pictures
Productora: Warner Bros. Pictures, Enigma Productions, Goldcrest Films International, Kingsmere Productions Ltd.
Dirección artística: George Richardson, John King, Norman Dorme
Fotografía: Chris Menges
Historia original y guión : Robert Bolt
Montaje: Jim Clark
Música: Ennio Morricone

Corría el año 86 cuando se estrenó “La misión” y Roland Joffe, director de origen francés, pero que trabajaba con un equipo de producción británico refrendó las buenas sensaciones de su primera película, “Los gritos del silencio”, que dos años antes había ganado los óscars a mejor actor secundario (Haing S. Ngor), fotografía, montaje.  “La misión” se presentó con gran éxito en el festival de Cannes y se llevó la palma de oro e inmediatamente se convirtió en la película de moda llegando a alcanzar 7 nominaciones en los óscars (película, director, fotografía, montaje, dirección artística y vestuario) en el año que ganó “Platoon”.

Siguiendo una línea similar a la de su primera película Roland Joffé desarrollaba un drama real (la vida del jesuita Antonio Ruiz de Montoya desdoblada en dos personajes), al tiempo que se recreaba en escenarios naturales transportando a las plateas a otro tiempo y otros lugares, en concreto a la jungla sudamericana junto a la cataratas del Iguazú allá por 1750.

La película nos cuenta la historia de un grupo de jesuitas liderado por el padre Gabriel que, desafiando la resistencia indígena, construye la misión de San Carlos en mitad de la jungla, justo en la parte más elevada de las cataratas del Iguazú, en tierra españolas. Gabriel (Jeremy Irons) es hombre idealista y de oración y acoge junto a él a Rodrigo de Mendoza (Robert de Niro), un mercenario traficante de esclavos que pretende purgar sus pecados con una vida de penitencia. Juntos logran que los indios guaraníes entiendan la misión como su casa, pero debido a una nueva delimitación de fronteras, las tierras en las que se ubica pasan a pertenecer a Portugal y deben emigrar. Los sacerdotes deben entonces decidir si cumplir el voto de obediencia dejando desamparados a los guaraníes o luchar contra los usurpadores que quieren echarlos de su casa.

Mucha gente consideró la película lenta y pesada, pero todo el mundo alabó la belleza de sus imágenes y quedó maravillado con el efecto envolvente de la banda sonora de Ennio Morricone, magnífica, una de las partituras más bellas y recordadas de la historia del cine y merecedora del óscar que no logró y que le arrebató Herbie Hancok por su también extraordinario trabajo en “Alrededor de la medianoche”. Independientemente de si “La misión” gusta o no, cualquiera que la vea queda impregnado del tono melancólico y la belleza de la melodía y de las imágenes y es lo que verdaderamente queda en el recuerdo de esta hermosa película.

Respecto a si es o no lenta y tediosa pienso que depende del interés que pueda tener cada cual en el tema que trata. A mí no me parece que el ritmo sea lento y tengo la sensación de que el montaje es muy preciso, muy acertado para que cada escena aporte nueva información, pero el que algo sea aburrido o entretenido es una percepción muy personal. Es cierto que Joffe se recrea mucho en las imágenes y pretende narrar con ellas, sin necesidad de recurrir a los diálogos o a la narración en muchos momentos, pero por sí mismas las imágenes hablan por sí solas, no sólo de la belleza de los espacios naturales (evidente cada vez que la cámara filma en la distancia), también de la dureza de ese mundo en estado salvaje (impresionantes las escenas en las que los jesuitas trepan por el cortado de la cascada, sobretodo cuando Mendoza lo utiliza como penitencia), del desamparo moral de un personaje como Rodrigo de Mendoza (sobrecogedora la escena en la que lleno de barro el personaje interpretado por Robert de Niro rompe a llorar al llegar al poblado), del abrigo que le ofrecen tanto a él como a los indígenas los jesuitas (maravilloso siempre Jeremy Irons, pero muy bien también en un segundo plano Liam Neeson)….Es sin duda una película que entra por los sentidos, por la vista y el oído, para disfrutar en la pantalla de un cine y que resulta muy física, que nos abruma, que nos muestra lo insignificantes que somos las personas ante el poderío de la naturaleza y su infinita belleza.

Es además una película que nos lanza para nuestra reflexión disyuntivas éticas y que nos habla de una trágica realidad, la de los indios indígenas de Sudamérica, que pasaron de ser dueños de su mundo a víctimas de los tejemanejes políticos de una sociedad más avanzada que no supo gestionar con comprensión y piedad su superioridad y su ambición. El desenlace resulta desgarrador al darnos a entender que los intereses políticos terminan arruinando todo lo que no se someta a ellos, aún cuando no deje de ser un mero capricho, una mera imposición.

También habla la película sobre dos personas diferentes, dos maneras de entender la realidad, dos formas de enfrentarse a los problemas. Habla sobre idealismo y pragmatismo, sobre la iglesia y sobre enfrentamientos políticos, sobre el hombre en estado salvaje y el hombre teóricamente civilizado; pero gracias al propio planteamiento de la película no hay sermones, ni peroratas, todo se expone con hechos, con imágenes, todo ha de intuirse, descifrase, interpretarse….por eso exige a un espectador comprometido, participe, que quiera y sepa ver más allá de lo que está viendo, que entienda que tanto el pragmatismo de Rodrigo como el idealismo de Gabriel son dos actitudes válidas ante la vida, pero que a la postre, ambas quedan supeditadas  a fuerzas más fuertes que ellos mismos. Yo entiendo que la película habla de muchas cosas, pero sobretodo de que, pese a que la realidad nos haga sucumbir, lo que permanece en el recuerdo de los demás es la entrega individual cuando es sincera, justa y generosa. El intermediario del papa, el cardenal Altamirano, testigo de los hechos y narrador de la historia, lo expresa claramente en las últimas escenas de la película:

“Así pues vuestra Santidad, ahora vuestros sacerdotes están muertos y yo sigo vivo, pero en verdad soy yo quien ha muerto y ellos son los que viven porque como ocurre siempre el espíritu de los muertos sobrevive en la memoria de los vivos”.

Si las imágenes de esta película avasallan por su belleza, si la banda sonora te hipnotiza, el desenlace conmueve y te atrapa el corazón en un puño dejándote con una profunda sensación agridulce, haciéndote tomar conciencia de la situación que vivieron los indios guaraníes, que no es muy distinta que la que viven muchas personas hoy en día. Una persona que despierta conciencias y que deja un profundo poso, sobretodo porque cada vez que se oiga la poderosísima banda sonora de Morricone, la recordaremos con admiración.