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Matt Groening es mucho más de los Simpsons, la longeva serie de dibujos animados de la Fox. Es, por supuesto, “Futurama” y también, más recientemente, “(Des)encanto“. Dos joyas que me parecen mucho mejores que cualquiera de las últimas diez temporadas de la familia amarilla. Pero también hay Groening más allá de la televisión, y demasiado desconocida, recomendable y reivindicable es su faceta en el mundo del cómic, con “Life in Hell” como bandera.
Life in Hell” (“Vida en el infierno”) fue una tira cómica semanal creada por Matt Groening, publicada entre 1977 y 2012, que llegó a salir en más de 250 periódicos en Estados Unidos y Canadá. Empezó en forma de cómic donde Groening, mediante conejos antropomórficos llamados Binky, Sheva y Bongo y dos chicos homosexuales llamados Akbar y Jeff, satirizaba la vida en Los Ángeles (el infierno) y le servían para exponer su particular y cáustica visión sobre temas como el amor, el sexo, el trabajo o la muerte.
Estos cómics autoeditados, que fotocopiaba y repartía entre sus amigos, tuvieron un éxito inesperado y se empezaron a vender en una esquina de la tienda de discos en la que trabajaba. En 1985, la tira llamó la atención del productor James L. Brooks, que le pidió que creara una serie de cortos de animación para “The Tracey Ullman Show“… y lo que vino después, como la mayoría ya sabéis, es historia de la televisión: Homer, Marge, Lisa, Bart y Maggie.
Astiberri Ediciones recopiló una parte de las tiras de “Vida en el infierno” en varios volúmenes: “El amor es el infierno” (2006), “El trabajo es el infierno” (2006), “El enorme libro del infierno” (2007), “El cole es el infierno” (2009) y “La infancia es el infierno” (2010).

Yo había sabido de Matt Groening, en 1982, cuando vivía en Nueva York y cada semana compraba The Village Voice. En esa revista (…) la tira cómica que publicaba se titulaba Life in Hell. Me encantaba el feísmo del dibujo, me encantaba la vida asquerosa de Los Ángeles, me encantaban los conejos medio humanos y, de todos ellos, Binky más que ningún otro“. Quim Monzó.

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