Nos acercamos peligrosamente al final de la historia, pero antes Neil Gaiman nos ofrece un derroche de imaginación acompañado por algunos de los autores más destacados del momento, El fin de los mundos es una posada alrededor de la que giran muchas más y que sólo exige un precio: contar una historia. Un perfecto punto de partida para nuestro bardo británico.

 

Sandman #08: El fin de los mundos
Edición original: Sandman núms. 51 a 56 USA
Guión: Neil Gaiman
Dibujo: Michael Zulli, Bryan Talbot, John Watkiss, Gary Amaro, Michael Allred, Shea Anton Pensa, Alec Stevens
Color: Daniel Vozzo, Steve Oliff
Formato: Libro cartoné, 176 págs. a color
17,95€

Acompañado de un impresionante elenco de dibujantes, Neil Gaiman participa en la tradición de los cuentacuentos por voz de una serie de personajes que tienen algo en común: desatada una intensa tormenta entre realidades, han quedado atrapados en una posada situada en el fin de los mundos. Y sin nada más que hacer, los huéspedes del local relatarán pintorescas historias ambientadas en el límite de la realidad y el mundo de los sueños, regentado por Morfeo. Un recopilatorio imprescindible, galardonado con el Premio British Fantasy de 1996 a la mejor antología.

Todos os habréis sentido, en alguna ocasión, necesitados de refugio ante una tormenta que os atrapa por sorpresa y os obliga a correr intentando huir de su furia. De esa misma manera comienza este arco argumental: El fin de los mundos, en el que Neil Gaiman retoma la idea de que existe una Posada de El Fin de los Mundos a la que los seres acuden en busca de refugio mientras dura la tormenta. El pago por este refugio es contar una historia al resto de refugiados (total, para lo que echan en la tele). Una excusa argumental que le sirve a Gaiman para hacer lo que mejor sabe hacer: narrarnos historias fantásticas. 

Siempre me ha parecido gracioso que se diga que la imaginación es más fértil cuando eres joven, obviamente nadie se lo dijo a un Neil Gaiman que en este volumen derrocha ideas y leyendas como si no hubiese mañana, e incluso se permite anticiparnos el núcleo argumental del próximo arco: la muerte de Sandman, algo que no hace precisamente por falta de ideas demostrando que es un auténtico Bardo capaz de ofrecernos las mejores historias que su imaginación (o la nuestra) pueda hilar y, además, cada historia es dibujada por un artista distinto, con su estilo propio, de forma que cada historia tiene su estilo definido contribuyendo a enriquecer y dotar de aún mayor personalidad a cada cuento y ampliando y sentando las bases del Sueño aún más. Gaiman parece empeñado en demostrar que hay espacio para cada idea y que había un dibujante adecuado para cada uno de sus relatos. La jugada le salió tan bien que este volumen recibió el Premio British Fantasy (1996) a la mejor antología de relatos (en algunos premios cambiaron las bases para que Sandman dejase de apalizar a los “auténticos libros”) y no es de extrañar porque la calidad de estos cuentos es absolutamente maravillosa. 

Es complicado quedarse tan sólo con un relato, y es que el Chico de oro puede sonar a tópico, pero te toca la fibra sensible, aunque quizás sea Mortajas el relato que te pone alerta y anticipa lo que está por llegar, la siguiente historia, el final de esta historia, el final de Sandman… y el preludio de un nuevo comienzo. Sí, posiblemente sea ese el relato que más me gusta de esta auténtica demostración de maestría.

Estuve hablando con Mañik sobre Sandman y ambos llegamos a la conclusión de que Neil Gaiman transciende los límites del comic, que no esto no es sólo un tebeo y que en ocasiones es más una novela ilustrada, imágenes que acompañan a un texto maravilloso, puede que en este volumen la calidad de los dibujantes sea superior al resto de volúmenes en el global de cada uno de los tomos, pero a pesar de contar con plumas como Michael Zulli, Bryan Talbot, John Watkiss o Michael Allred, hay una sola estrella en esta serie: Neil Gaiman, el auténtico Morfeo que nos invita a soñar, a acompañarle en su parcela de los sueños.

Hace unos cuantos años, demasiados, no le di a Sandman el valor que se merecía, no estaba preparado para este tipo de historias y consideraba que el dibujo era demasiado feísta (en algunas ocasiones lo sigo pensando) dejé que el continente me ocultase el contenido, pero conforme pasan los años, y las relecturas de Sandman, aprecio cada vez más la obra de arte que es Sandman. Una maravilla auténtica.