¡Oh, mi Capitán, mi Capitán!

Algunos años antes de que sus “Hojas De Hierba” (1855) lo encumbraran a las alturas del parnaso, Walter Whitman deambuló por la costa noreste de la joven república norteamericana trabajando, incluso dirigiendo, varios periódicos, lo que le permitió publicar una serie de narraciones breves que aparecieron entre 1841 y 1848, recogidos aquí por Cátedra en sus Letras Universales, en una edición muy cuidada, trabajada y documentada por Carme Manuel.

Relatos
Walt Whitman
Colección: Letras Universales
Páginas: 424
Publicación: 22 de Febrero de 2018
ISBN: 978-84-376-3783-9
Precio: 15,55 €

Testigo de los muchos cambios socioeconómicos y políticos que continuaban erosionando los principios republicanos, y de los innumerables intentos por recomponer el imaginario colectivo democrático norteamericano a través de nuevas formas de intervención públicas, Whitman, fervoroso creyente en las posibilidades que encerraba la prensa como herramienta ideológica al servicio de la mejora social, elabora en estas narraciones una voz profundamente enraizada en las retóricas populares y sensacionalistas de preguerra, con el fin de restañar las heridas abiertas en la utópica comunidad republicana imaginada por los padres fundadores. La producción de relatos de Walt Whitman se concentra entre agosto de 1841 y junio de 1848, y se compone de veinticuatro textos, que aparecieron en muchas ocasiones con pseudónimo o sin firmar. Él mismo haría una selección que aparecería en “Specimen Days & Collect” (1882). Su ficción criticará los males derivados de la acumulación de capital, del poder y la corrupción empresariales, de la opresión de los trabajadores y de las mujeres, y del fanatismo religioso, entre otros temas. En realidad, quien surge tras la lectura de estos relatos no es otro que el mismo Whitman que aparecerá en esencia en su poesía: el hombre compasivo, un individuo capaz de situarse en la posición del otro.

El relato que más me ha gustado ha sido La Viuda De Richard Parker (1845). Aquí, el autor, desarrollando el sentimentalismo funerario típico del siglo XIX, nos cuenta las peripecias de la viuda para exhumar el cuerpo de su marido, en contra del mandato de las autoridades británicas. Pero Whitman va más allá del sensacionalismo periodístico imperante, haciendo un claro paralelismo entre las justas demandas de los marineros amotinados y la independencia de sus queridos Estados Unidos.

“En los primeros días de mayo de 1797, los marineros británicos de los navíos cercanos a Nore (un estuario así llamado, que divide las desembocaduras del Támesis y el Medway), indignados por muchas restricciones que los oprimían, además de por el impago de sus salarios, se organizaron para amotinarse. Privaron de mando a los oficiales, aunque, por lo que a lo demás respecta, fueron tratados con enorme respeto. Pusieron las naves bajo control de un comité de doce hombres, y se designó una junta de delegados para representar a todo el cuerpo de marineros, además de dos enviados por cada buque de guerra y uno por cada lancha cañonera. Entonces se eligió a Richard Parker como presidente de los delegados. Parker era de buena familia y se había ocupado de negocios mercantiles en Escocia, pero que al demostrarse poco fructíferos, en un arresto de desánimo, decidió dejar a su familia, aceptó el chelín del rey y se enroló como marinero raso. Caballeroso en sus modales y de educación refinada, era el más valiente entre los valiente.”

Pág. 364

Otros relatos interesantes son: El Último Del Ejercito Sagrado (1842), El Niño Fantasma; Una Historia Del Último Lealista (1842), Una Leyenda De Vida Y Amor (1842), El Ángel De Las Lágrimas (1842), La Tentación De Lingave (1842), El Loco (1843), El Joven Amante (1843), El Sueño Del Bombero: Con La Historia De Su Extraño Camarada. Un Cuento Fantástico (1844), Kate La Sordomuda, Una Muerte Temprana (1844) y El Mestizo: Un Cuento De La Frontera Del Oeste (1845).

Aunque con temáticas distintas, casi todos comparten una estructura y lenguaje muy similar. Whitman, hombre de su tiempo, se preocupa por influir en una sociedad en continúa transformación que aliena al individuo y lo desvía de las acciones justas y los comportamientos cívicos. Su lucha anti-alcohólica es un claro ejemplo, pero también la exaltación del amor fraternal y la necesidad de ejercitar el perdón.

El estilo periodístico al uso acaba siendo un poco repetitivo, sobre todo la omnipresente interactuación con el lector y el tono moralista, cuando no paternalista, de la mayoría de los relatos. En esta línea, Whitman aboga por el fin de los castigos físicos a los niños en las escuelas y en el hogar, no olvidemos que temporalmente fue maestro rural en poblaciones del estado de Nueva York, en un momento en el qué la explotación infantil y el absentismo escolar era generalizado. Contra la vara de mimbre y el látigo, el cariño y la compresión. Menos palos y más zanahorias.

¿Es posible no amar a un chaval como estos, alocado, despreocupado, valiente y jubiloso? Hagamos, pues, cuanto esté en nuestra mano –nosotros, que ya hemos pasado esos buenos tiempos–, hagamos cuanto podamos para contribuir a su diversión, para proporcionarles estos pequeños placeres y sanar sus pequeños desencantos. Es sabio el hombre que sabe volverse niño de vez en cuando. Un hombre debe mantener el corazón tierno y su naturaleza juvenil, y para ello, hay que tratar a menudo con quienes son de verdad tiernos y juveniles. ¿Por qué habríamos nosotros, que ya hemos alcanzado la edad madura, despreciar a estas gentes menudas, y permitirnos pensar que son tan insignificantes como cualquier chisme frívolo o cachivache trivial?

Pág. 302-303

Por ponerle un “pero” a la edición, decir que algunas notas a pie de página resultan demasiado largas… Aun así, cómo no leer algo nuevo de un poeta que ha inspirado a: Oscar Wilde, García Lorca, D. H. Lawrence, Rubén Darío o Pablo Neruda entre otros muchos…, que nos ha dejado versos inolvidables:

Nunca ha habido otro comienzo que este,
Ni más juventud que esta, ni más vejez que esta,
y nunca habrá más perfección que esta,
ni más cielo, ni más infierno que este.