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La película indie francesa «Raw» llegó a nuestro país en el año 2016 con el título traducido como «Crudo» y envuelta de polémica y acompañada por una campaña de publicidad inaudita, gratuita e inesperada. Y es que la película dirigida por Julia Ducournau ya había dejado bastantes mandíbulas desencajadas durante sus pases en el Festival de Cannes pero la prensa se hizo eco de los sucesos ocurridos durante el festival de cine de Toronto, donde provocó mareos, ataques de ansiedad, desmayos e indisposiciones en un público que no estaba preparado para una cruda escena de sexo caníbal. «Tuvimos que llamar a una ambulancia porque hay una escena de la película que fue excesiva para un par de espectadores» explicó el responsable de publicidad de la película, que trata sobre una joven vegetariana que descubre el sabor de la carne y, poco a poco, se convierte en caníbal.

Protagonizada por Garance Marillier, Ella Rumpf, Rabah Nait Oufella, Laurent Lucas, Bouli Lanners, Joana Preiss y Marion Vernoux, «Raw» no es una película de terror y no tiene nada de bizarro aunque la sangre y el gore se exhiban sin pudor ni filtros en un par de escenas. A veces os decimos que una película no es apta para todos los estómagos («Hellraiser«, «Horizonte Final«,…) pero en esta ocasión lo subrayamos en color rojo: si eres de estomago delicado elimina esta película de tu lista de pendientes. La directora no nos ahorra imágenes explícitas para contarnos el descubrimiento de la verdadera naturaleza carnívora del personaje, sus instintos caníbales, y también los sexuales, y como el truculento y onírico camino de Justine cambia desde el momento en que en su facultad de veterinaria se ve obligada a comerse los riñones crudos de un conejo en un rito iniciatico. Al final uno puede pensar que la película es más un drama juvenil que una película de terror.

La película se llevó numerosos premios en distintos certámenes (tres galardones en el Festival de Sitges, uno en Cannes, otro en Londres, y seis nominaciones a los premios César del cine francés) pero será para siempre recordada por esos sobredimensionados desmayos de Toronto. Muy sensibles los espectadores canadienses.

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