Reseñamos «Un año de palabras«, una recopilación del material publicado por Nacho Becerril editado, de forma muy amateur, con Visión Libros y que se presenta con doce cuentos, tres relatos entrelazados y una sección de retos a modo de «cómo se hizo».

 

http://www.via-news.es/images/stories/libros/Unanyodepalabras.JPGUn año de palabras, Nachob, Visión Libros (2008)

Un año de palabras es una recopilación del material publicado por el autor, quien firma con un alias, Nachob, muy del gusto de Internet, no en vano, ya que es precisamente en Internet donde nace esta colección de historias, tal y como nos desvela el autor en el texto de contraportada, que sirve para avanzarnos el contenido y, sobre todo, la intención del libro. Y no sólo para eso, sino que también gracias a éste conocemos el nombre del autor: Nacho Becerril. Nacho nos cuenta como este libro supone su reencuentro con la escritura como afición y con las sensaciones de volver a compartir las historias con alguien más que con las noches insomnes.

El origen del libro es una comunidad de internautas reunidos en torno a la web OcioJoven para compartir sus gustos literarios y para intercambiar relatos, proponerse retos de escritura, vamos, uno de esos (aparentemente escasos, si hacemos caso a los medios) sitios que desmontan la teoría generalizada de que Internet es la Isla Tortuga de nuestros días: redil de piratas, ladrones, violadores, y cualquier otra forma delictiva que se les ocurra. El autor recopila los doce relatos con los que cumplió la tarea de publicación de mensual durante un año en el foro mencionado y completa el libro con tres series de cuentos conectados y con varios «Retazos» que son más bien ejercicios de estilo procedentes de retos lanzados por los propios usuarios de la web. Como muestra del origen de la obra los mismos compañeros de la página sirven de prologuistas de cada uno de los relatos.

La publicación de una iniciativa como esta bien merece unas palabras sobre la potencialidad de Internet como herramienta democratizadora de la cultura, bien les duele a industrias y gobiernos varios (quizá más incluso que la siempre traída violación de los derechos de autor, porque… a ver si al llegarnos la cultura nos vamos a poner todos a pensar). No sólo por la posibilidad de poner en común los intereses y los conocimientos de gente que de otra forma no tendría forma de coincidir, sino también por la posibilidad de acceder a empresas como la editorial de este libro, Visión Libros, que nos permite la autoedición (proceso que aun se simplificará más con la extensión del libro electrónico), que elimina la figura del editor como filtro de lo que se publica o no (aunque no digo que esta figura no deba existir, o que sea mala en sí, seguro que muchos editores han conducido pequeños libros a las obras maestras que son ahora), ya que en este caso ese papel lo han protagonizado los compañeros de Ocio Joven que han valorado los cuentos que tenemos en nuestras manos.

Pero estoy divagando, que la idea es contar qué tal está el libro. Como ya he comentado, está dividido en tres partes, una primera dedicada a doce cuentos en los que de la ciencia ficción pasamos al relato de horror y de ahí al terror cotidiano. El resultado es seguramente algo irregular, pero por su amplia selección de temas, hay del gusto de todos, en mi caso, me inquietó sobremanera «Reflejos en un espejo cóncavo» (tengo una cosa con los malditos espejos, me dan muy mal rollo) y los cinco microrrelatos (homenaje a Asimov) «De maquinas y hombres«. En una segunda parte nos presenta tres series de relatos conexos, Horda, Vlad e Invasión en los que nos presenta lo que pueda parecer esbozos de novelas y que dan esa sensación de inacabados, de necesitar más enjundia, aunque no están exentos de varias ideas de gran interés y de pasajes muy entretenidos, seguramente más comprimidos compondrían los mejores relatos del libro. En cuanto a la tercera parte, los retos, quizá puedan ser los relatos de menos interés para el lector, pero creo que merece la pena revisarlos porque alguno nos deja algún hallazgo y me parece original mostrarnos en cierta forma el «Como se hizo«, aportándonos en el inicio de cada microrrelato el reto que habría de cumplir en su momento.

Nachob va cambiando de género y de estilo completando casi un catálogo de los temas icónicos de la cultura popular. De los conflictos armados galácticos al cyberpunk o del terror abisal a lo Lovecraft a los relatos de intriga más hitchcockiano. Encuentros con lo trascendental, la búsqueda del crimen o del criminal perfecto… Nachob visita y explora todo lo que le ha gustado leyendo y busca entretener a su lector, gente a la que sabe con sus mismos intereses y de similares gustos. Quizá por eso el empeño en sorprender, en buscar el giro inesperado en sus relatos, muy al gusto de estos tiempos que vivimos en los que todo se ha visto y nada sorprende, en que, quizá se ha perdido un poco de la candidez y se lee o ve películas queriendo ser más listo que quien nos lo entrega, pendientes más de adelantarnos a lo que va a pasar que de dejarnos llevar por la narración en la que estamos.

La lectura es entretenida y alguno de los relatos deja con las ganas de que fuese más largo que nos contase algo más de esos mundos de los que un cuento es sólo un reflejo… una novela quizá (no sería la primera vez que un escritor parte de un cuento propio para publicar una novela posterior). Nachob muestra bastante talento en el dibujo de atmósferas oscuras y consigue su objetivo de mantener en vilo al lector. Un Año de Palabras es una lectura recomendable para aficionados al género (frikis como tu o como yo) sin tendencias puristas del tipo «esto es como el capítulos séptimo de Fundación e Imperio«. Yo me cuento entre los defensores del genero del relato breve, o al menos lo considero tan digno como las grandes sagas. Todo libro tiene su momento para ser leído; los relatos y cuentos son lo mejor para el último momento de la noche, cuando ya vamos a acostarnos y necesitamos conciliar el sueño. Así leí yo al menos este libro: un relato por noche. El tiempo de lectura suficiente para olvidar las preocupaciones de la vigilia y una idea, un tema, un personaje quizá sobre el que pensar mientras se cae en los brazos de Morfeo… y quien sabe si después.

Por supuesto que, al tratarse de una publicación amateur, hay momentos en los que se ve la «tramoya» del relato (en un símil cinematográfico, vemos asomar el micrófono por encima de los actores), pero en ningún momento impide que nos llegue la intención del relato y que emocione donde y cuando debe hacerlo. Es un problema, me imagino, de técnica, de experiencia. No ayuda, claro, la presentación que, siendo muy digna (algunos de las ilustraciones que acompañan los textos, obra de Javier Bernardino Alonso y Beatriz Iglesias, son francamente buenas) deja una sensación de que falte darle una vuelta más al diseño o a la maquetación (pero en este caso se trata de deformación profesional). Me imagino que no es justo, pero lo cierto es que la envoltura tiene su influencia al darle empaque al producto. Seguro que si se tratase de una recopilación de los primeros trabajos del autor de varios superventas (como seguramente pueda ser Nachob si persiste y se encuentra en el lugar, momento y con la gente adecuada… al final una vez se cuenta con la capacidad, como es el caso, el papel del azar es muy importante) en este momento estaría hablando de la «frescura de las primeras obras» o del «germen del último premio Minotauro«.

En cualquier caso y en resumen, los relatos que nos presenta Nachob son entretenidos, con su punto inquietante, de lectura muy accesible, pero no exentos de profundidad y bastante emocionantes. Y ¿por qué no? con ese puntillo friki que tanto nos gusta.

Un último apunte informativo, si a alguno os he conseguido interesar: pese al cierre de la página original, Nachob ha seguido publicando relatos, que podemos seguir en http://nachob-elcontadordehistorias.blogspot.com/, donde también nos informa el propio autor sobre como conseguir este libro.