Si por un momento, con un poco de esfuerzo, dejamos de lado nuestra visión más crítica y ese friki indomable que llevamos dentro, y analizamos con frialdad la segunda trilogía de «Star Wars» quizás convendremos que una de las pocas (poquísimas) mejoras de ésta respecto a su precedente es que George Lucas introdujo en la saga un grado de complejidad más grande. Ya no había solamente blanco y negro, la Alianza y el Imperio, sino una gran escala de grises.

image1Después de un terrible asesinato político, el maestro Jedi Qui-Gon Jinn es enviado a Telos IV, el planeta natal de su padawan, Xanatos, para evitar el estallido de una guerra civil. La vuelta a casa del terco Xanatos, cuyo padre es el gobernador planetario, despierta en él resentimientos escondidos y emociones apasionadas. Es una misión que llevará a Qui-Gon muy cerca del Lado Oscuro y a empezar un viaje que tendrá un gran impacto en el futuro de la Orden Jedi.

En la primera trilogía de «Star Wars» su creador, George Lucas, nos ofreció un escenario dual, dos bandos enfrentados en una guerra a escala galáctica que representaban ideas diametralmente opuestas. Los unos, en blanco y negro, liderados por el Emperador Palpatine y su fiel discípulo Darth Vader, conocidos simplemente como el Imperio. Los otros, defensores del bien, de la luz, de la libertad y de todos los adjetivos opuestos a sus antagonistas, representados por la Alianza Rebelde y los antiguos caballeros Jedi.
Como la mayoría de estudios se han empeñado en señalar, Lucas fue simple y directo en la identificación de ‘buenos’ y ‘malos’ en «Una nueva esperanza», «El imperio contraataca» y «El retorno del jedi», aprovechando algo tan simple como los colores para manifestar la dicotomía maniquea, dejando los colores cálidos y agresivos a las fuerzas del mal (el rojo sangre de la guardia del Emperador o la espada de Darth Vader) y los colores fríos para las fuerzas del bien (las espadas de Obi Wan Kenobi o Luke Skywalker en verde y azul). También, recogiendo símbolos clásicos o tradicionales de los héroes y los villanos, los aliados de los héroes como los caballeros de las novelas artúricas, elementos de la mitología japonesa de la nórdica, o aspectos psicológicos sencillos (los buenos son pacientes, cumplen sus obligaciones y sus promesas, controlan su destino,… y los malvados rigen su camino por la ira, la ambición, el ansia de poder y el miedo). En otra ocasión volveremos sobre estos aspectos.
Con la segunda trilogía de la saga, que cronológicamente antecedía a su predecesora, Lucas decidió aumentar el grado de complejidad del ‘dramatis personae’. Habían, evidentemente, malvados muy malvados (el clásico caótico caótico de los juegos de rol) representados en Darth Sidious (el senador Palpatine), el general Grievous o Darth Maul, malvados con alma blanca como el Conde Dooku (Darth Tyranus), buenos con alma negra como Anakin Skywalker, buenos con dudas y contradicciones como Qui-Gon Jinn, buenos con obligaciones y responsabilidades gubernamentales como la senadora Padmé Amidala, secundarios que se mueven en el color gris como la Federación de Comercio, los moradores de las arenas Tusken (en el gris más oscuro de la escala), el ejército droide de los separatistas o los clones de la República cumpliendo órdenes, los insectoides de Geonosis engañado por Dooku, los políticos de la República Galáctica enfrascados en sus disputas defendiendo siempre el bien de sus propios planetas pero ignorando que el virus de la corrupción ya anida en su organismo, el Consejo Jedi y sus ideales rígidos, los clonadores de Kamino que trabajan a sueldo,…
Se puede criticar, y mucho, el resultado final de la segunda trilogía de la saga galáctica de George Lucas, desde los personajes hasta la historia, pasando por Jar Jar Binks y los midiclorianos, pero no se puede negar la voluntad del director de Modesto (California) su esfuerzo por aumentar la complejidad del universo que había creado de la nada un joven y visionario director norteamericano, con sólo dos trabajos a sus espaldas («THX 1138» y «American Graffitti»), y que consiguió crear a su alrededor un fenómeno de aficionados y seguidores nunca visto hasta entonces en la historia del cine.

Es una época de relativa paz en la galaxia. Han pasado casi mil años desde que los Jedi derrotaron a los Siths en las llanuras de Ruusan.
Ahora, en el templo Jedi de Coruscant, los Jedi entrenan a sus padawanes en la senda de la Fuerza y los preparan para que se conviertan en caballeros Jedi en un futuro siempre incierto.
Porque a pesar de la actual paz que reina en la galaxia, los Jedi todavía son requeridos para mediar en pequeños conflictos localizados e incluso para sofocarlos.

En este primer volumen (de cinco previstos) de «Star Wars: Jedi. El Lado Oscuro» del guionista Scott Allie y el dibujante Mahmud A. Asrar (con el color de Paul Mounts y la portada de Stéphane Roux) nos remitimos unos pocos años antes de la accidental llegada de la nave de la Reina Amidala de Naboo al planeta desértico del anillo exterior de la galaxia Tatooine, antes incluso de que el maestro jedi Qui-Gon Jinn tomara como aprendiz padawan a Obi Wan Kenobi. En concreto estamos en el año 53 BBY, veinte años antes de los eventos narrados en «Star Wars Episodio 1. La amenaza fantasma», cuando la República Galáctica, o simplemente la República, aún es un gobierno estable y de confianza, un sistema democrático heredero de veinticinco mil años de paz, benévolo aunque ineficaz, con los Caballeros Jedi como firmes guardianes de la paz, pero viviendo en un estado de complacencia, ahogados por trámites burocráticos, con la corrupción extendiéndose por el Senado y el ambicioso Palpatine moviendo los hilos.
Bajo la tutela de Qui-Gon Jinn está Xanatos, un terco y altivo padawan nativo de Telos IV, que deberá acompañar a su maestro en una misión que le lleva de vuelta a su planeta de nacimiento, envuelto en una nube de conspiraciones, traiciones y engaños de índole política, donde intentarán detener una guerra civil que amenaza con estallar en el planeta. Ambos personajes son viejos conocidos de los seguidores de «Star Wars». El primero, interpretado por el actor irlandés Liam Neeson en la película «Star Wars Episodio 1. La amenaza fantasma», es un noble Caballero Jedi instruido por el Maestro Dooku, serio, generoso y amable, pero también testarudo y algo independiente contra el agrado del Consejo Jedi. El segundo es el segundo padawan del maestro Qui-Gon Jinn (después de Feemor, que tiene una breve aparición al inicio del cómic), hijo del gobernador Crion de Telos IV, que posteriormente cayó en el Lado Oscuro, se enfrentó a su maestro, amenazó al Templo Jedi y se suicidó en el 43 BBY tras su humillante derrota, tal y como se pudo leer en la novela «Jedi Apprentice: The Dark Rival».

Recogiendo el guante de la segunda trilogía de George Lucas, tal y como hemos comentado antes, la historia de «Star Wars: Jedi. El Lado Oscuro» es compleja, y abundan sobretodo aspectos relativos a la conspiración y la política que a las aventuras y la acción, apartadas a un papel algo secundario en este cómic. Y es que a Xanatos deberá volver a su hogar en Telos IV, planeta central del sistema Telos, donde un conflicto se está avivando tras la muerte de la suma sacerdotisa Liora a manos de, aparentemente, los rivales de Telos en la ruta mercantil: el planeta Toprawa. Así, además del clima de guerra fría entre los dos planetas, la historia presenta muchos más hilos argumentales como el sentimiento de animadversión de los xenófobos telosianos contra los Jedis, la rebelión insurgente de los nativos del planeta, el misterioso papel que juegan en el asunto la hermana de Xanatos Nason y el enigmático Dairoki que se entrenó como Jedi en Coruscant sin finalizar el entrenamiento (un Jedi que no es Jedi), la tensa relación entre Xanatos y su padre Crion tras trece años de separación, el ambiguo papel de los mercenarios comandos antarianos, o la preocupación de Xanatos por la padawan twi’lek Orykan que acaba de perder a su maestra y la posibilidad que le reemplace como alumno de Qui-Gon Jinn. Una historia compleja, con muchos frentes abiertos, que bascula entre Qui-Gon, diplomático, pacificador, policía,… ¿asesino? y la complicada tensión emocional que vive Xanatos.

Como solemos recordar siempre que reseñamos algún cómic o libro de «La Guerra de las Galaxias» que nos cuentan historias al margen de lo narrado en las seis películas oficiales o canónicas, se denomina Universo Expandido a los acontecimientos de la saga galáctica que sucedieron antes y después de las entregas cinematográficas, desde el encuentro del maestro Jedi Qui-Gon Jinn con el niño esclavo Anakin Skywalker en Tatooine en el 32 ABY, pasando por las Guerras Clon entre la República Galáctica y la Confederación de Sistemas Independientes o Separatistas, del 22 aBY al 19 aBY, o el asalto imperial a la corbeta coreliana rebelde Tantive IV de la Princesa Leia hasta la derrota del Imperio en las lunas de Endor, en el año 4 dBY (después de la Batalla de Yavin, según la cronología del Universo Expandido), desde el lejano pasado hasta el ignoto futuro, desde los ancestros hasta los descendientes de los descendientes.
Y ese es uno de los problemas del Universo Expandido: la gran variedad implica heterogeneidad en la calidad y, como suele suceder con cualquier producto derivado de un marco mayor, hay de todo. Se pueden encontrar joyas (como «Los Jedis contra los Sith» de Macan, Bachs y Fernández o la adaptación al cómic de la trilogía literaria de Timothy Zahn «Heredero del Imperio») pero también hay un montón de papel desaprovechado para plasmar historias que no están a la altura del precedente al que deben rendir pleitesía (como «Imperio Oscuro», «Rebelión» o «Imperio Carmesí»). Y «Star Wars: Jedi. El Lado Oscuro» no está nada mal para quienes busquen algo más que los valerosos Jedis de siempre enfrentados a malvados Sith de turno que quieren dominar la galaxia. La historia de Scott Allie demuestra que se puede ir más allá, tal y como lo intentó George Lucas… aunque el resultado no fuese satisfactorio.

Star Wars: Jedi. El Lado Oscuro
Guión: Scott Allie
Dibujo: Mahmud A. Asrar (
www.mahmudasrar.com)
Color: Paul Monts
Título original: «Star Wars: Jedi. The Dark Side 1» (Dark Horse Comics. Mayo de 2011)
Fecha: Junio de 2013
ISBN: 978-84-15821-64-9
Formato: 16,8×25,7cm. Rústica sin solapas. Color.
Páginas: 120
Precio: 12,95 euros