Hace unos meses os hablaba, encantado, del primer libro de una pentalogía de novelas de fantasía que prometía mucho, tras disfrutar con «El viaje de Hawkwood» lo he pasado fatal con «Los reyes heréticos«… ¿cómo se le ocurre a Paul Kearney dejarme así? ¡Quiero más!
Recuperamos esta reseña con motivo de las suscripciones necesarias para que continúe la edición de Las Monarquías de Dios.

 

 

Los reyes heréticos (Las Monarquías de Dios, 2)
Paul Kearney 
The Heretic Kings 
Traducción: Núria Gres. 
Ilustración de cubierta: Alejandro Colucci. 
Diseño de cubierta: Alejandro Terán. 
304 págs. 19,95 euros.

Año del Santo de 551. Un cisma divide a las naciones ramusianas de Normannia. A un lado, los monarcas que respaldan al sumo pontífice Macrobius, dado por muerto en la caída de la ciudad santa de Aekir pero milagrosamente reaparecido. Al otro, los reyes que han ligado su suerte a la de Himerius, un prelado ambicioso que planea convertir a la Iglesia en un imperio secular.

Para el rey Abeleyn de Hebrion, el cisma no es una mera cuestión teológica, sino una dolorosa realidad bélica: en su capital, Abrusio, los Caballeros Militantes, el brazo armado de la Iglesia, libran un combate abierto contra la armada y el ejército hebrioneses, que siguen fieles a su rey. Pero, ¿cuánto durará su fidelidad una vez sepan que Abeleyn ha sido excomulgado?

Entre tanto, el periplo del capitán Richard Hawkwood y su cargamento de magos exiliados ha culminado con éxito. Ahora se preparan para la exploración de las junglas del Continente Occidental, una arriesgada aventura que arrojará luz sobre el pasado de Normannia y sus vínculos con el nuevo mundo.

Y en la ciudad monasterio de Charibon, en pleno corazón de la Iglesia, dos monjes realizan un descubrimiento que podría conmover los cimientos de la fe… si es que viven para darlo a conocer.

Antes de comenzar la reseña tenemos que tener en cuenta que estamos tan sólo ante la segunda novela, de cinco, por lo que es normal que en estos momentos la trama no avance tanto como desearíamos, que los cliffhangers finales sean tan impactantes y que me haya dejado tan deseoso de leer el próximo volumen, Las guerras de hierro. Dicho esto… ¡odio a Paul Kearney! ¿Cómo se atreve? ¡Por el Santo, quiero leer Las guerras de hierro YA!

Ejem…

Los Reyes Heréticos es la continuación directa, sin sobresaltos, de El Viaje de Hawkwood (por cierto, bonito detalle ese de incluir un resumen del libro anterior que nos ahorra la relectura… aunque tampoco es que releer El Viaje de Hawkwood pudiese ser negativo en algo) punto por punto. Los mismos frentes que estaban abiertos en este primer libro (Corfe, Richard Hawkwood, Abeleyn y el complot en Charibon) continúan desarrollándose.

Así asistimos a como la amenaza merduk es ignorada, en su mayor parte, por los reinos ramusianos absortos como están en la gran amenaza que supone el cisma en su fe. Cisma que amenaza con poner de rodillas a todos estos reinos antes de que puedan aunar fuerzas para repeler al invasor que ha arrasado con Aekir y que amenaza con no detenerse. En ningún otro reino es más evidente esta lucha interna que en Hebrion, donde Abeleyn ve amenazada su corona y la más que palpable posibilidad de una guerra civil.

Mientras, en Charibon, Albrec y Avila monjes descubren que la Verdad que la Iglesia ha mantenido durante siglos esconde ciertos detalles que podrían acabar con la división entre ramusianos y merduks… o acrecentarla.

Corfe, por otra parte, espera a que los juegos políticos torunnianos cesen para poder acudir en ayuda del dique de Orman, pero la reina madre tiene un plan y Corfe va a convertirse en una marioneta que el rey y la reina madre van a arrojarse, con un resultado final francamente interesante y que, espero, irá a más.

Y aún nos quedan un par de líneas argumentales que, seguro, se desarrollarán con mayor profundidad en próximos libros como son las de Himerius y las de la nación fimbria.

Pero, aún así, la trama que amenaza con eclipsar a todas es la de Richard Hawkwood, Murad y Barbolín, ya que, tangencialmente las engloba a todas. Una gran conspiración que ha estado influyendo en el destino de los reinos ramusianos y que hunde sus raíces en el Nuevo Mundo, un paraíso que se convierte en infierno para los que allí han arribado y que hace que nos comamos las uñas de impaciencia.

En líneas generales tan sólo puedo criticar una cosa, y es que se me antoja cortísima esta novela. 300 páginas que he devorado a un ritmo vertiginoso. No al ritmo de un libro de puro entretenimiento, ya que la narrativa de Kearney se ha pulido y mejorado con respecto a El Viaje de Hawkwood, sino al ritmo ávido de saber que estamos ante una saga especial, una saga que se inspira en nuestra propia historia (el descubrimiento de América, el nacimiento del Islam, el cisma en la Iglesia Católica…) para ir más allá, para hacer convergir algunos de los acontecimientos históricos más importantes de la historia en un mismo momento, para ofrecernos pura épica (Corfe y Abeleyn), aventura (Richard Hawkwood), conspiraciones (Hawkwood y Albrec y Avila), añoranza del pasado (la nación fimbria), religión (Albrec y Avila e Himerius), etc… Las Monarquías de Dios conjuga algunos de los elementos más interesantes de la historia medieval europea y lo hacen con un toque de fantasía tan jugoso que, inevitablemente se convierten en una lectura totalmente recomendable, adictiva y en unos libros (dos de momento) que los encumbran como una de las sagas de fantasía adulta más destacables del momento y lo hace sin perderse en descripciones, acontecimientos vacíos o, con perdón, pajas mentales varias. Paul Kerney va al grano, nos ofrece acción pura y dura, pero recubierta en una literatura madura y adictiva. Es una maravilla que se pueda escribir tan bien sin perderse en hechos y descripciones que no hacen sino aumentar el número de páginas… y de bostezos.

En definitiva, que si me gustó El Viaje de Hawkwood, Los Reyes Heréticos no hace sino confirmar esa buena impresión. Cierto es que estamos ante un paso más en la narración, que no se cierra ningún arco argumental, al revés, y que aún nos quedan tres libros para ver cómo termina todo, ¡pero qué viaje señores!