Hace algunas semanas se estrenaba en los cines “El enigma del cuervo”, una película de James McTeigue donde el escritor Edgar Allan Poe asumía el rol de investigador en una historia de misterio y asesinatos. La idea de convertir un personaje real en protagonista de sus propias historias de ficción, o en personaje central de historias ficticias, no era nueva y ya la habíamos visto con anterioridad con Ian Fleming emulando a su James Bond, a Abraham Lincoln cazando vampiros, a Richard Nixon y su tercer mandato de “Watchmen”, a Nikola Tesla ayudando con su ciencia a la magia de “El truco final”, o a Albert Einstein emparejando a su sobrina Meg Ryan con Tim Robbins.

 

image1Muy pocos son los que saben que en 1970 el profesor Tolkien realizó un viaje a Estados Unidos durante el cual activó una serie de poderes élficos ocultos en unos antiguos documentos. El lector que se interne en El Bosque Negro tras los pasos del profesor, hallará destinos que se ven alterados, leyendas que se hacen realidad y a dos heroínas que deben huir para salvar la vida en dos mundos completamente diferentes.

En Septiembre del año 2012 el sello Timun Mas de la editorial Planeta DeAgostini publicaba una novela de propuesta original y sorprendente que presentaba al escritor británico J.R.R. Tolkien, creador de “El Señor de los Anillos” y del universo mágico de la Tierra Media, como protagonista de una historia fantástica, que tenía tanto aspectos de novela épica como de ensayo de crítica literaria, y cuya trama exploraba las difusas fronteras entre los mundos.
Este argumento que mezcla personajes reales con historias ficticias, tal y como hemos mencionado en la presentación de la reseña, no es una invención de “El Bosque Negro” de Steve Hillard sino que es una argucia que ya han utilizado muchos escritores y guionistas con anterioridad: la película de James McTeigue “El enigma del cuervo” donde el escritor norteamericano Edgar Allan Poe es el personaje central de una historia de crímenes misteriosos, la adaptación cinematográfica de la novela de Seth Grahame-Smith “Abraham Lincoln: Cazador de vampiros” de Timur Bekmambetov donde el decimosexto Presidente de los Estados Unidos y el primero por el Partido Republicano se dedicaba a clavar estacas a diestro y siniestro, la película “El genio del amor” de Fred Schepisi donde el físico alemán Albert Einstein ejercía de Celestina para emparejar a su sobrina Catherine Boyd con un amable mecánico llamado Ed, “La vida secreta de Ian Fleming” de Ferdinand Fairfax que recrea las supuestas hazañas que habría realizado durante la Segunda Guerra Mundial el creador del agente 007 James Bond,… Es un truco legítimo, pero es el artificio simplón de un ilusionista que, sin unos buenos cimientos y una redacción sólida, se queda en humo. Vacío, sin consistencia. 
Una historia en la que personajes reales tengan un papel relevante en la trama, con las posibles consecuencias positivas o negativas que afecten a dicho personaje dentro de la historia, es una decisión del autor donde a menudo predomina el marketing de utilizar un rostro célebre como gancho por encima de la verosimilitud, de la consistencia del relato o, incluso, del deterioro de la imagen del protagonista.
En el caso de la elección de Steve Hillard y “El Bosque Negro” (“Mirkwood”), el escritor, poeta, filólogo y profesor universitario británico John Ronald Reuel Tolkien (3 de Enero de 1892, Bloemfontein, hoy Sudáfrica – 2 de Septiembre de 1973, Bournemouth, Inglaterra), autor del legendarium de la Tierra media encabezado por la trilogía “El Señor de los Anillos” y “El Silmarillion”, siempre estará de moda y ahora más que nunca gracias al próximo estreno de la adaptación cinematográfica de “El Hobbit” por parte del director neozelandés Peter Jackson, titulada “El Hobbit: Un viaje inesperado”, cuyos hechos suceden sesenta años antes de los acontecimientos narrados por el mismo director en su premiada trilogía “El Señor de los Anillos”. Pero Hillard se metió en problemas al publicar su novela sin contar con el permiso de Tolkien Estate, la entidad que regula los derechos de J.R.R. Tolkien, y la disputa se zanjó con la obligación de modificar la portada y la inclusión de una nota aclaratoria: “Esta es una obra de ficción que no es ni aprobada ni relacionada con la JRR Tolkien Estate o su editor”.

En esta novela John Ronald Reuel Tolkien, el entusiasta titular de la cátedra Merton de Literatura Anglosajona, es un hombre acosado por los mitos que él mismo creó en sus propias obras que entrega a Jess Grande unos misteriosos documentos, a quién confía su protección. Una pesada carga que obligará a desaparecer al Afilador de Tijeras, a huir y esconderse de quienes ansían obtener los textos de Tolkien.
Treinta y ocho años después Jess, ahora propietario de una pequeña tienda llamada Bosque Negro en la población de Topanga, se ve obligado a huir de nuevo acosado por el espectro Pazal. Su nieta Cadence Grande, a quién apenas conoce, acude a su llamada para descubrir que su abuelo ha desaparecido, y que los papeles escondidos en la buhardilla contienen entre sus páginas un secreto mucho más grande de lo que nadie podría imaginar.
En “El Bosque Negro” el lector seguirá los pasos del célebre escritor J.R.R. Tolkien, hallará destinos que se ven alterados, leyendas que se hacen realidad y a dos heroínas que deben huir para salvar la vida en dos mundos completamente diferentes. Dos mundos (nuestro mundo y la Tierra Media), varios hilos argumentales entretejidos desordenadamente (que incluyen a Arda, Cadence, el asesino Yermo y el grupo de escritores Los Inklings), dos tiempos de narración que van saltando sin mucha coherencia (presente y pasado), y dos protagonistas femeninas (la hembra mediana Aragranassa ‘Ara’ y Cadence Grande) como contrapunto a una de las omisiones más señaladas a la obra del escritor británico: la ausencia de papeles relevantes para las mujeres. 
“Un homenaje a las heroínas que no tienen nombre en El Señor de los Anillos”. Una excusa argumental más para el filosofo, escritor, abogado y empresario Steve Hillard y su “El Bosque Negro”, aunque hasta cierto punto es comprensible la ausencia de papeles protagonistas femeninos en la obra de Tolkien puesto que el autor nació en un país donde no hubo sufragio femenino (el derecho a votar) hasta 1918 y donde las mujeres no tenían los derechos plenos de los que gozan hoy. Es necesario recordar que “El Hobbit” se escribió en 1932, que “El Señor de los Anillos” es un libro publicado entre 1954 y 1955, que los primeros poemas de Tolkien sobre la Tierra Media son de 1917 (“El cuento de Tinúviel”, “Turambar y el Foalókê”, y “La caída de Gondolin”), cuando estaba ingresado en el hospital por culpa de una enfermedad contraída durante la Primera Guerra Mundial, y que el mundo entonces era muy distinto. Cada obra en su contexto.

El Bosque Negro. Una novela sobre J.R.R. Tolkien.
Autor: Steve Hillard
Título original: Mirkwood
Traducción: Joan Josep Mussarra Roca
Editorial: Timun Mas
Colección: Fantasía
ISBN: 978-84-480-0649-5
Formato: 14×22,5cm. Rústica sin solapas
Páginas: 448
Precio: 19 euros (Libro Electrónico Epub 13,99 euros)