En el mes de diciembre se estrenó esta película peculiar, extraña, desconcertante, melancólica, hermosa y sugerente. Ya va siendo hora de hablar sobre ella una vez meditada a fondo.

 

https://www.via-news.es/images/stories/cine/donde-viven-los-monstruos.jpgTítulo original: Where the wild things are
País: USA.
Año: 2009.
Género: Aventuras, fantasía.
Interpretación: Catherine Keener, Max Records, Mark Ruffalo, Lauren Ambrose, Chris Cooper, James Gandolfini, Catherine O’Hara, Forest Whitaker.
Guión: Spike Jonze y Dave Eggers; basado en el libro de Maurice Sendak.
Producción: Tom Hanks, Gary Goetzman, Maurice Sendak, John Carls y Vincent Landay.
Música: Karen O. y Carter Burwell.
Fotografía: Lance Acord.
Montaje: James Haygood y Eric Zambrunnen.
Diseño de producción: K.K. Barrett.
Vestuario: Casey Storm.
Estreno en USA: 16 Octubre 2009.
Estreno en España: 18 Diciembre 2009
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Recomendación inicial: intentad ver esta película sin ningún tipo de distracción externa. Lo ideal sería en un cine y en solitario.

Vi ya hace unas semanas “Donde viven los monstruos” y ahora que la he mascado a fondo me parece un buen momento para hacer la reseña. Anticipo que esto no es un comienzo arbitrario porque esta película es para “mascarla” a fondo, seguramente el primer impacto será que os quedaréis completamente descolocados y quizás no le sacaréis todo su jugo inicialmente o quizás sí, pero creo que la película gana con el paso de los días y en el recuerdo.

Poco sabíamos de esta película antes de su estreno. Sabíamos que era adaptación de un cuento para niños de Maurice Sendak de 1963 con ¡¡¡¡¡¡diez frases!!!!. Sabíamos que estaba dirigida por el inclasificable y sorprendente Spike Jonze, que ya nos había metido en la cabeza de John Malkovich en 1999, nos había explicado de manera sorprendente en qué consiste el bloqueo de un escritor en “Adaptation (El ladrón de orquídeas)” y había hecho volar a Christopher Walken en el multipremiado video de Fatboy Slim “Weapon of choice (Jonze es responsable de más de una veintena de los más originales vídeos musicales de los últimos años) y habíamos visto un trailer cuando menos curioso e intrigante con unos grandes monstruos salidos de la factoría de Jim Henson.

Quien más quien menos puede pensar que es una película para niños antes de entrar a verla, con sus “teleñecos” enormes incluidos y, aunque en verdad lo es porque habla sobre la infancia, Jonze no es precisamente un director sencillo sino más bien todo lo contrario y a quien ofrece su película es aquel adulto a quien importa más el trasfondo que el argumento.

En “Donde viven los monstruos” lo de menos es el argumento, se puede contar en dos líneas y no se revienta nada importante. Hagamos la prueba: trata sobre un niño que, tras una pelea con su madre, escapa a un mundo creado por su imaginación donde viven monstruos. ¡¡¡¡Ya está!!!! Argumentalmente no vais a ver nada más en esta película, pero eso sería quedarse solo con lo superficial porque lo que de verdad importa es lo que se insinúa, lo que se dice entre líneas o diríamos mejor entre imágenes.

La primera seña de identidad de Jonze es que no se somete a lo acostumbrado, su cine es pura investigación expresiva y donde otros hubieran puesto una voz en off para explicar las imágenes él deja que éstas hablen por sí mismas, incluso más que los diálogos (lo entenderéis al asistir a las conversaciones del pequeño Max con los monstruos, muchas veces más herméticas que lo que vemos en pantalla). Jonze nos mete de lleno en el mundo de Max desde el principio cuando lo vemos haciendo su igloo con la nieve, su propuesta es convertirnos de nuevo en niños, volver a experimentar la libertad absoluta de ir allá hasta donde nuestra imaginación nos lleve y, aunque en este caso estamos dentro de la imaginación de Max, la película es un viaje hasta un mundo irreal donde lo verdaderamente importante es la experiencia en sí de vivirlo y experimentarlo uno mismo.

En realidad la película explica una de las últimas huidas hacia la fantasía por parte de Max, habla sobre el fin de la infancia, ese momento en que todos nosotros debemos decir adiós a nuestros propios monstruos y en su deseo por convertir este viaje en algo onírico y surreal, Jonze crea una puesta en escena y una atmósfera que no habíamos visto en ninguna otra película. Tanto el lugar al que llega Max como los personajes que lo habitan son únicos y por eso “Donde viven los monstruos” es un auténtico regalo visual repleto de originalidad y un encanto muy especial.

La puesta en escena está acompañada además por una banda sonora atípica y a la vez fantástica de Karen O y Carter Burwell jalonada por varios temas extraordinarios como el pegadizo “All is love” que resuena en varios momentos y que termina acompañándote al final del visionado y resonando por algún tiempo en tu cabeza.

Lo mejor en cualquier caso son las metáforas que construye Jonze aprovechando la relación de Max con sus amigos los monstruos. A través de ellas explica y dice muchas cosas que cada cual debe descubrir por sí mismo y que enriquecen un argumento que ya hemos dicho que es muy simple y en el que parece que no se cuenta nada importante. Precisamente es al contrario, se susurran muchas ideas para quien se acerque a la película con un ánimo escrutador y para muchos de nosotros no hay nada más interesante que dar interpretaciones a aquello que nos ofrece diferentes lecturas.

Creo que ninguna interpretación de una alegoría es incorrecta y que lo importante es saber y querer ver más allá de lo que se ve, porque es un juego intelectual que nos enriquece. Lo interesante es que cada cual le saque su propio partido a “Donde viven los monstruos”, su propia interpretación. Yo esta película la entiendo como un último viaje a la infancia en el que se ofrece a Max la oportunidad de descubrir el valor de la amistad y una idea que me parece crucial: aunque todos somos distintos, aunque las apariencias engañan, todos tenemos algo que aportar a los demás y por tanto todos somos valiosos.

Seguramente la actitud de los monstruos, Carol, Alexander, Judith, Douglas, Ira y KW puedan parecer extrañas, incomprensibles o indescifrables, pero a fin de cuentas a mí me parece que en cada uno de ellos hay cosas buenas y malas y, aunque incluso como espectadores nos empeñamos en diferenciar entre los “buenos” y los “malos” inicialmente, realmente, lo importante es que todos y cada uno de ellos aportan algo positivo y acompaña a Max en su camino. Y desde la visión opuesta, desde la perspectiva de los montruos, que quieren ver en Max a su rey perfecto, la realidad demuestra que ningún rey lo es, que ningún amigo lo es, pero solo por serlo es importante.

Reconozco que el final de esta película me puso los bajos de corbata y me emocionó como pocas otras últimamente. Para mí ésta no es una película de un chavalín y seis peluches gigantes correteando por un mundo imaginario sin más, para mí está película revela muchas cosas de cómo somos y de lo que realmente es importante. Ver a Carol aparecer por entre las dunas, comprendiendo por fin lo que pierde con la marcha de Max o a Max abrazándose a su madre al final comprendiendo el paso que ha dado me parecen dos de las escenas más hermosas e impactantes del presente año, pero mucho más lo es todo lo que se sugiere con cada imagen de esta especialísima película.

Spike Jonze ha hecho una de las películas más hermosas, melancólicas, sugerentes y especiales que recuerdo. Sí, ya sé que esto sólo me lo parece a mí y que debería tener cuidado con mis recomendaciones porque no es una película que vaya a gustar a cualquiera, pero avisados ya estáis de que soy un poco raro de gustos 😉