Durante la última semana de este mes de Febrero que ya termina, la editorial La Cúpula ha puesto a la venta dos propuestas muy atractivas para los aficionados al cómic más alternativo (por diferente), independiente (por no rendir cuentas a nadie), subversivo (por provocador) y de digestión difícil (por alejarse del mainstream): “Tiempo de canicas” de Beto Hernandez y “La gigantesca barca que era el mal” de Stephen Collins.

 

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Tiempo de canicas.
Huey, su hermano Junior y el pequeño Chavo son el trío protagonista de estas páginas en las que un grupo de niños se preguntan si un día les gustará ser mayores en ese mundo loco, loco, loco de los adultos. Entretanto, viven arrebatos de euforia, se pelean, otean la sexualidad que está por venir, celebran el tiempo de la amistad y comparten cromos, tebeos, G.I. Joes, dibujos animados y un puñado de canicas de las de tréboles, nácar y galaxias.
Con la maestría y la sensibilidad que se le conoce, Beto Hernandez no se limita al ejercicio retrospectivo sino que llega a recuperar en toda su intensidad los afanes, los miedos y la súbita extrañeza que configuran la infancia, esa etapa franca y feliz que los adultos suelen recordar carente de conflictos porque en algún momento perdieron la memoria.

Tiempo de canicas.
Autor: Beto Hernandez
Formato: 17x24cm. Cartoné. Blanco y negro.
Páginas: 148
Precio: 18,50 euros

La gigantesca barca que era el mal.
Dave vive exactamente AQUÍ, en este lugar que da la espalda a un mar lleno de secretos. Todas las tardes, al volver de la oficina, se sienta en su escritorio, escucha canciones en bucle y dibuja lo que ve a través de su ventana. Entregado a esas rutinas, Dave se siente a salvo.
Dave cuida el orden para que el orden lo cuide a él, pero a veces tiene la sensación de que bajo la pulcra alfombra de la realidad puede haber algo, un mundo oculto debajo de la piel, la bárbara memoria de lo que fuimos. Y se está despertando.
Apelando al reverso de las cosas y con reminiscencias que van de Kafka a Lovecraft pasando por Roald Dahl, Stephen Collins confecciona esta intrigante sátira en la que se nos revela que tal vez toda nuestra existencia pueda estar siendo una farsa tan frágil como descomunal.

La gigantesca barca que era el mal.
Autor: Stephen Collins
Formato: 20,4x28cm. Rústica. Blanco y negro.
Páginas: 252
Precio: 23,00 euros

Más información en www.lacupula.com