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Esta novela gótica publicada por Jan Potocki en 1804 y 1805 es sobretodo conocida por su adaptación a la gran pantalla hecha por el director polaco Wojciech Jerzy Has en 1965, pero la obra original, «Manuscrit trouvé à Saragosse«, también es reconocida como una de las grandes novelas fantásticas de la historia de la literatura y se ha ganado su lugar en el mundo. «Me fascina El manuscrito encontrado en Zaragoza, ambas, la novela de Potocki y la película de Has» decía de ellas Luis Buñuel.
Su autor, el conde Jan Nepomucen Potocki de Pilawa (que por aquel entonces era territorio polaco pero que en la actualidad pertenece al reciente estado de Ucrania), nació en 1761 y murió en 1815. Fue un aristócrata, de carácter progresista, viajero empedernido, erudito, políglota, científico, capitán del ejército, y escritor. La vida, los hechos y los viajes de Potocki merecerían un libro entero. Escrita originalmente en francés, puesto que este era el idioma de la cultura en la época, «Manuscrito encontrado en Zaragoza» fue publicada en dos partes (1804 y 1805) dada su larga extensión y esta escrita a partir de la técnica del relato circular y de estructura laberíntica: nos cuenta historias dentro de otras historias que, a su vez, se ramifican y entremezclan con otras muchas historias. Este tipo de escritura ya lo podemos encontrar en «Las Mil y una noches«, «El Decameron» o en «Los Cuentos de Canterbury«.
La historia de «Manuscrito encontrado en Zaragoza» nos cuenta como, pocos días después del fin de asedio francés a la ciudad de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia, un oficial de las tropas napoleónicas en Zaragoza encuentra un manuscrito en una casa abandonada. Situado en buena medida en versión imaginaria de la España profunda del siglo XVIII, la obra cuenta las peripecias y viajes del noble caballero Alfonso Van Worden en trepidantes episodios llenos de misterio y truculencia, protagonizados por personajes inquietantes, teñidos de magia, erotismo y exotismo, que le llevaran a cruzar su camino con alquimistas, astrólogos, ahorcados, cabalistas, aparecidos, poseídos, princesas, demonios, bandidos, gitanos y anacoretas. En resumen, una obra críptica y polimorfa, con esos maquiavélicos relatos engarzados, que bien merece una lectura. O dos.
Cuenta la leyenda que, al final de su vida, aquejado de terribles dolores, Jan Potocki se encerró en su biblioteca y, después de limar pacientemente un azucarero de plata hasta darle la forma de una bala, se suicidó pegándose un tiro en la cabeza. Dicen que se creía que se estaba transformando en un hombre-lobo. Tenía sólo 54 años. La confusión constante entre la realidad, el sueño y la fantasía más desbordante de su obra acabó, al final, mezclada con su propia vida.

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