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La obra de Isaac Asimov es tan prolífica que resulta difícil escoger una entre todas ellas, aunque seguramente la mayoría coincidirán destacando sus ensayos de divulgación científica, la serie de los robots y la trilogía original de «Fundación». Sin discusión, aunque algunos no podrán obviar señalar también «Los propios dioses» («The Gods themselves«), novela publicada en el año 1972 que recibió los premios Hugo, Locus y Nebula, los tres galardones más importantes en el género, y que significó un antes y un después en la ingente obra del escritor estadounidense de origen ruso.
Esta historia de ciencia-ficción ‘dura’ narra, en tres partes, como habitantes de un universo paralelo en el futuro, con leyes físicas ligeramente distintas a las nuestras, descubren la forma de interactuar con nosotros. Esta interacción con los alienígenas consiste en un intercambio de materia que provoca un inesperado e interminable suministro de energía limpia y barata, aunque el proceso implica un riesgo para nuestro planeta y para la supervivencia de la raza humana que los extraterrestres conocen perfectamente. Hay una conspiración, y a un lado y otro de la cortina habrán hombres y alienígenas que lucharán para detener la catástrofe.
La primera parte del libro («Contra la estupidez…«) se desarrolla en la Tierra, la segunda («…Los propios dioses…«) en un planeta del universo paralelo, y la tercera («…¿Luchan en vano?«) tiene lugar en la Luna y el título de la novela, así como estos tres capítulos, tiene como origen la cita «Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano» («Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens«, del dramaturgo alemán Friedrich Schiller en su obra «La Doncella de Orleans«.

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