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No hay que confundirla ni con la novela de Víctor Hugo (con la que guarda alguna referencia) ni con la película del mismo título basada en aquella. En este caso se centra en París, arranca el día que Francia ganó el mundial de 2018 y se centra en tres policías y en su quehacer diario por el banlieu (extrarradio) parisino donde pululan y conviven pandillas marginales, capos de la droga e imanes musulmanes. El director procede de allí y se nota que conoce las reglas de este microcosmos, dota a la película de nervio y verosimilitud y te atrapa en una narración en la que se palpa en el ambiente que una chispa asilada  puede hacer prender la mecha en cualquier momento. Podríamos decir que es un «The wire» a la francesa, simplificado, pero comprometido con una realidad social muy compleja, difícil de solucionar, derivada del cruce de culturas y de la falta de recursos de muchos colectivos en nuestra Europa actual. Una película comprometida y muy interesante porque a veces no hay nada mejor que la ficción para comprender  una realidad que nos es ajena, lejana y a la que probablemente nunca llegaremos a acceder de otro modo. Ganó el premio César a mejor película y fue nominada como mejor película de habla no inglesa tanto en los Óscar como en los Globos de Oro.