Hace algunos años tuve una oportunidad única e irrepetible: escribir el prólogo de uno de mis cómics favoritos. Era el primer volumen del «Jim Cutlass» de Charlier, Giraud y Rossi publicado por Yermo Ediciones, y aproveché la tribuna que me ofrecieron para comentar mi incredulidad ante la abundancia, y la calidad, de cómics francobelgas ambientados en el western norteamericano. ¿Qué atrae con tanta fuerza a los autores del BD hasta el lejano oeste?

Coffeyville, Kansas. Perseguidos por todos los cuerpos de policía del país, los hermanos Dalton deciden huir a Argentina. Pero no sin antes dar un último gran golpe: robar dos bancos al mismo tiempo. Los habitantes de Coffeyville reconocen a dos de los hermanos y, armados hasta los dientes, intentarán frustrar el atraco en lo que se convertirá en un baño de sangre.

El western es un género esencial en la historia del cine, de las novelas pulp y del cómic francobelga pero, curiosamente, la historia de la humanidad solamente reseva un rincón pequeño, corto en el tiempo y diminuto en el espacio, a la conquista de los territorios inexplorados o indómitos al oeste del subcontinente norteamericano por parte de los colonos europeos independizados. Conquista, expansión, colonización o invasión, según quién cuente la historia de la exploración y el desarrollo del territorio occidental de los Estados Unidos (popularmente conocido como el Old West, el Wild West, el Far West o incluso The Frontier) durante el siglo XIX, y según el papel que se quiera reservar en el relato a los nativos indígenas de aquellas tierras.

«Los Dalton» de Jesús Alonso Iglesias y Olivier Visonneau es un nuevo paso en las numerosas incursiones del noveno arte en el mundo del western. ¡Que curioso! Es un hecho que el western ha encontrado su refugio en el cómic europeo, y más concretamente en el BD francobelga, y que desde el viejo continente se ha dado forma a un sólido imaginario del Wild West, por más que las historias transcurran en el nuevo mundo. ¿Qué le encontrará el cómic al western y a la Guerra Civil de los Estados Unidos que nombres tan ilustres como Jean Giraud y Jean-Michel Charlier y su «Blueberry«, Jijé y su «Jerry Spring«, el desfigurado Jonah Hex, «Les tuniques bleues» de Raoul Cauvin y Louis Salvérius, el trampero Jonathan Cartland de Laurence Harlé y Michel Blac-Dumont, François Boucq y Alejandro Jodorowsky y su «Bouncer«, «El Coyote» de José Mallorquí Figuerola, Antonio Hernández Palacios y sus «Mac Coy» o «Manos Kelly«, «Durango» de Yves Swolfs, el «Jim Cutlass» de Charlier, Giraud y Rossi que he mencionado en la introducción, el lonesome cowboy «Lucky Luke» de Morris y Goscinny, «Perros de la pradera» de Foerster y Bernet, el Gringo de Carlos Giménez, William Vance y Jacques Acar con su «Ringo«, «Comanche» de Greg y Hermann, «Wanted» de Simon Rocca y Thierry Girod,… y tantos otros, incluyendo a los españoles Jesús Blasco, José Ortiz, Alfonso Font, Jordi Bernet, Víctor de la Fuente y Manfred Sommer, han viajado hasta ese rincón pequeño, aunque épico, de la historia del hombre? ¿Cómo puede ser que sean autores europeos quienes han encumbrado este género en el cómic aunque sus raíces sean profundamente americanas? La pregunta queda abierta, y creo que no tengo suficiente información como para dar una respuesta correcta y coherente.

Todos tenemos una imagen distorsionada de los hermanos Dalton, y eso es culpa del dibujante belga Maurice de Bevere ‘Morris‘ y del guionista René Goscinny. Ellos fueron los creadores de Lucky Luke, aquel cowboy solitario, conocido por ser ‘más rápido que su propia sombra’ con su revólver, que se enfrenta al crimen y la injusticia por todo el Viejo Oeste, y que la mayoría de las ocasiones debe hacer frente a las fechorías de cuatro patosos hermanos delincuentes: Joe, William, Jack y Averell Dalton.

Los hermanos Dalton fue un célebre grupo de forajidos del Viejo Oeste, que cometieron sus delitos a principios de la última década del siglo XIX, principalmente robando caballos, atracando bancos y asaltando trenes. No eran cuatro, tal y como nos contaban en Lucky Luke, sino una docena de hermanos y hermanas de los cuales solamente Grat, Bob y Emmett Dalton siguieron la senda del crimen. Otro de los hermanos, Frank, era un ayudante del alguacil que murió en acto de servicio en 1888 y la historia cuenta que era él quien conseguía mantener al resto alejdos del mal camino.

La banda de los Dalton llegó a su fin el 5 de octubre de 1892, cuando intentaban robar dos bancos a la vez en un pequeño pueblo de Kansas, Coffeyville. Cuatro miembros del grupo murieron en un tiroteo (Bill Powers, Bob y Grat Dalton, y Dick Broadwell) y solo uno de los hermanos bandidos, el joven Emmett, sobrevivió al ataque pero recibió numerosos balazos. Fue condenado a cadena perpetua, y no salió del encierro hasta catorce años después. Ya en libertad, se mudó a California y trabajó como agente de pompas fúnebres y actor, escribió varios libros sobre las andanzas de los hermanos, y murió en 1937.

En «Los Dalton«, cuya edición en castellano de Dibbuks recopila en un volumen integral los dos álbumes que componen la edición original francesa de EP Media de junio de 2016 y noviembre de 2017 («Le premier mort» y «Le dernier jour«), el guionista francés Olivier Visonneau («Un petit coin de Paradis», «Lucie de la lune», «Pierrot le Héros», «Arbreville») se inspira en la verdadera historia de los hermanos Dalton para convertir su obra en un biopic trágico, una interpretación libre de los hechos conocidos pero lejos de los mitos. Y muy alejado de la caricatura de Morris y Goscinny.

Junto a Visonneau reconocemos en seguida el trazo estilizado del dibujante madrileño Jesús Alonso Iglesias («Silhouette», «PDM» y «El fantasma de Gaudí», obra ganadora del premio a Mejor obra Nacional en el Salón del Cómic de Barcelona 2016 ), un autor que empezó tarde en esto del cómic pero que se ganó el derecho a que prestemos mucha atención a todos sus trabajos y que le pongamos el listón muy alto. Aquí nos vuelve a dar una demostración de talento, tanto en el lápiz como en el color.

«Los Dalton» no es un western convencional, y queda muy lejos del western épico y aventurero de los clásicos como John Ford («La Diligencia», «El hombre que mató a Liberty Valance»,…), Howard Hawks («Río Rojo», «Río Bravo»,…), Anthony Mann («Winchester 73»), Raoul Walsh («Murieron con las botas puestas»), Fred Zinnemann («Solo ante el peligro») o Nicholas Ray («Johnny Guitar»). En realidad se ubica a medio camino entre los ‘spaghetti-western’ de Sergio Leone y el western crepuscular al estilo de «Sin Perdón» de Clint Eastwood, pero «Los Dalton» de Jesús Alonso Iglesias y Olivier Visonneau se acerca más a una crítica social con ecos evidentes en nuestros convulsos tiempos actuales y a una historia de ascenso, caída y redención. Aunque, claro, la redención queda solamente a disposición de los supervivientes.

En conclusión, un cómic interesante que, tomando como referencia a los hermanos Dalton y su corta y violenta carrera como forajidos, profundiza más en la psique humana que en el momento y lugar en el que se ambienta la historia, y que marca un nuevo paso en las numerosas incursiones del cómic europeo en el mundo del western. Una obra muy recomendable que hará las delicias de los fans del género, y que ayudará a conocer a unos personajes singulares de la historia de América cuya vida se torció irremediablemente un aciago día de noviembre de 1887, cuando su hermano Frank, agente de la ley, murió a causa de las heridas provocadas por un tiroteo con un ladrón de caballos. Allí empezó la leyenda.

Los Dalton
Dibujo: Jesús Alonso Iglesias
Guión: Olivier Visonneau
ISBN: 978-84-16507-82-5
Formato: 19,5 x 27,5 cm. Cartoné. Color.
Páginas: 112
Precio: 22,00 euros