Por cosas del destino este fin de semana me encontré rememorando mi niñez, y en concreto una película, «Starfighter: La aventura comienza» de Nick Castle, una producción para la que han pasado, y pesan, los años, pero que sigue gritando al niño que llevo dentro y que, aún con tantos años, me recordó que la space opera no sólo tiene que ser trágica y emocionante, sino que también puede ser divertida y emocionante.

Starfighter_La_aventura_comienzaStarfighter: La aventura comienza
The Last Starfighter
Director: Nick Castle
Guión: Jonathan Betuel
Música: Craig Safan
Fotografía: King Baggot
Reparto: Lance Guest, Dan O’Herlihy, Catherine Mary Stewart, Robert Preston, Chris Hebert, John O’Leary, George McDaniel, Ed Berke
Productora: Universal Pictures / Lorimar Film Entertainment
Género: Ciencia ficción. Space opera

Alex es un adolescente que escapa de su monótona rutina jugando con un vídeo juego llamado Starfighter. Su habilidad y tenacidad atraen a un amable extranjero Centauri, que resultará ser un alienígena. Alex recibe una sacudida y es transportado hasta un lugar lejano de la galaxia, donde descubrirá que su juego preferido es una realidad. Ahora tendrá que demostrar si es tan bueno como parece…

Aunque, posiblemente, Noren me mate por dedicar una reseña a una película estrenada en 1984 os prometí comentaros qué tal estaba Starfighter: La aventura comienza cuando publiqué la reseña de Armada, de Ernest Cline. Y una promesa es una promesa, ¿verdad?
Antes de nada dejadme destacar lo obvio, Starfighter: La aventura comienza, tiene a sus espaldas más de 30 años y fue, junto a Tron, una de las primeras películas en añadir escenas generadas por CGI (posteriormente la copia ha sido restaurada y la calidad de esas escenas mejorada… algo). Lo que no ha evitado que, durante años, se esté intentando hacer la secuela, Starfighter a secas, con nombres como el de Steven Spielberg detrás de hacerse con la oportunidad.

The Last Starfighter, prefiero referirme a ella por su nombre original, nos presenta a Alex (Lance Guest) un pringaillo que trabaja en un parque de caravanas propiedad de ¿su madre? Y que sueña con marcharse del parque en compañía de su novia Maggie (Catherine Mary Stewart) y juega a una máquina recreativa para matar los ratos. En determinado momento batirá el récord de la máquina (algo que es celebrado con un jolgorio exagerado por los componentes del parque de caravanas… la vida allí es realmente aburrida) y, poco después, será “secuestrado-invitado” por Centauri (Robert Preston) a unirse a la flota de los Starfighter en su lucha y defensa del planeta Rylos (tal y como explicaba el videojuego), y de la Tierra entre otros muchos planetas, frente al enemigo invasor Ko-Dan.

Starfighter

Después de darle un poco de vueltas, de regresar a la Tierra y ver que la unidad beta que le sustituye está haciendo un buen trabajo y de llevarse una buena bofetada de Maggie (vale, quizás beta no esté haciendo tan buen trabajo), Alex regresa a Rylos y…

Bueno, como os podéis imaginar en 1984 las películas eran más sencillas. Ahora mismo da un poco de vergüenza ajena ver los FX (y eso que están restaurados, aunque no he descubierto en qué año), la música (nada épica), el trato a Maggie (mujer florero, total) o cómo se sube Alex a su primer Starfigther y aprende a manejarlo porque “es idéntico a la recreativa”.

Pero es por su nostalgia por lo que me gusta, tras leer Armada recordé la película (cómo para no hacerlo, menudo “homenaje” le brinda Cline) y me propuse verla de nuevo. No recuerdo el videojuego ni la novela, pero sí recordaba haber disfrutado con la película y comprendido que el guión de Jonathan Betuel daba para mucho más. Lo que no quita que el ver The last Starfigther fuese realmente entretenido y divertido. Os lo recomiendo, especialmente si vais a leer Armada.