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Drama sobre un «topo» que se enclaustra al comienzo de la guerra civil para permanecer junto a su esposa lejos de las amenazas que hay más allá de la puerta de su casa. Arranca muy fuerte y te va introduciendo en un confinamiento inhumano, en una lucha de dos personajes que eligen vivir en libertad pero dentro de una cárcel. Es una buena película, valiente y arriesgada en lo argumental y en su planteamiento, pero también densa, angustiosa, a mi juicio demasiado larga y con la pega de un acento andaluz muy cerrado que no siempre se entiende bien. En realidad se trata de eso, de vivir la claustrofobia a la que queda sometido el protagonista, moverse entre sombras y penumbra, mirar por agujeros y recovecos, sentir el peligro latente a cada instante, desesperarse ante el lento paso del tiempo. Muy diferente a aquella «Mambrú se fue a la guerra» de Fernando Fernán-Gómez con temática similar pero otro tono, es uno de esos títulos que uno disfruta más pensando en ellos que viéndolos aunque, por supuesto, está muy bien hecha y nos regala dos interpretaciones antológicas de Antonio de la Torre y Belén Cuesta (ésta ganadora del Goya a mejor actriz). Fue nominada a 11 Goyas (también película, director, actor, actor revelación, guión original, música original, fotografía, dirección de producción, dirección artística, diseño de vestuario, maquillaje y peluquería, montaje y efectos especiales junto a los galardonados mejor actriz y mejor sonido).