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Manel Fontdevila (Manresa, 1965) es uno de los humoristas gráficos más relevantes del panorama español. En los últimos años se ha destacado sobretodo por las tiras gráficas en periódicos como “Ara“, “Público” o el digital “ElDiario.es“, diseccionando la realidad con precisión mediante viñetas punzantes, con las que se ha ganado el respeto de público y crítica. Y varios enemigos, por supuesto y como no podía ser de otra forma. Muchos le recordamos sobretodo por su larga etapa en el semanario “El Jueves“, donde ejerció como director entre los años 2000 y 2004, y las emblemáticas obras que nos ofreció entonces. Una de ellas es “La Parejita“.

Desde 1995 “El Jueves” publicaba cada semana una página de “La Parejita” de Manel Fontdevila y tras casi veinte años de fructífera vida se había convertido en una de las series más populares de la revista semanal satírica. Pero lamentablemente, como muchos saben, en junio del año 2014 la decisión de la editorial RBA de censurar una portada sobre la abdicación del rey, eterno objeto de críticas, burlas y bromas de la revista, provocó la salida de ocho dibujantes del semanario. Entre estos autores que se marcharon se encontraba Manel Fontdevila. Por fortuna, “La Parejita” se marchó con él.

Emilia y Mauricio, la Parejita, empezaron siendo novios, treintañeros solteros y sin compromiso, llena de los claroscuros habituales que pueblan el día a día de una pareja joven y urbana que se compromete en una relación (la vivienda precaria, el trabajo precario, ¡el sexo!, las dietas, las discusiones, los amigos,…) para convertirse con el paso del tiempo en pareja estable, padre y madre del pequeño Óscar. De treintañeros a cuarentones, a su pesar. Pero las cosas no han cambiado tanto como podríamos pensar con el paso del tiempo: Mauricio sigue siendo un irresponsable, un inmaduro con síndrome de Peter Pan que no acepta la edad que tiene y sigue anclado en el pasado, mientras que Emilia aún es la más sensata y razonable de la pareja, una madre más cabal, pero su mal genio y sus manías tampoco no ayudan a que sus discusiones y problemas cotidianos se resuelvan de forma convencional.

Somos muchos los que hemos seguido el mismo camino vital que estos entrañables personajes de Manel Fontdevila, el espejo de una generación en la que sus lectores nos hemos sentido reflejados e identificados.

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