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Hay pocos directores capaces de dar un giro de 180 grados a su carrera, dejar a un lado el género negro y rodar una película infantil. Así, quien esperaba encontrar criminales trajeados, policias corruptos, delincuentes de gatillo fácil, boxeadores extorsionados o femmes fatales que pueden arruinar la vida de un detective privado con una simple caída de ojos en «La invención de Hugo» del director Martin Scorsese se llevó un chasco. O una sorpresa agradable, según se mire.
Protagonizada por Asa Butterfield, Chloe Moretz, Sacha Baron Cohen, Ben Kingsley, Jude Law y Emily Mortimer, «La invención de Hugo» es una película de aventuras basada en el libro infantil de Brian Selznick «La invención de Hugo Cabret» ganadora del premio Caldecott, que tiene como protagonista a un niño huérfano, relojero y ladrón, Hugo Cabret, que vive entre los muros de la ajetreada estación de tren de Montparnasse en París, obsesionado por arreglar un hombre robot que su padre dejó oculto antes de morir. Si quiere sobrevivir, nadie debe saber de su existencia. Allí permanece escondido, limpiando los relojes de la estación, para que no le descubran y le manden a un hospicio. Sin embargo, un día tiene un descuido y una excéntrica chica, amante de los libros, le encuentra. Ambientada en los años treinta, en su aventura para resolver un misterio relativo a su pasado, Hugo se cruzará con una serie de variopintos personajes. Y ya nada será como antes.
Esta historia, de corte infantil, sirvió para que el director Martin Scorsese sorprendiese a propios y extraños, trabajando por primera vez en formato 3D, dejando de lado sus thrillers de cine negro que le habían hecho popular y le habían otorgado el reconocimiento unánime («Infiltrados«, «El color del dinero«, «Uno de los nuestros«, «El Cabo del Miedo«, «Casino«,…), y dirigiendo su atención a la fantasía y a la fábula, y haciendo todo un homenaje a los pioneros del séptimo arte y, sobre todo, a Georges Méliès. Sin la menor duda distinta a cualquier otra película que haya hecho nunca Martin Scorsese pero no dudó en contar con sus colaboradores habituales (el guionista John Logan, el director de fotografía Robert Richardson, el diseñador de producción Dante Ferreti y la montadora Thelma Schoonmaker). Y si alguien tenía la menor duda, su ‘tour de force‘ particular se vió premiado con un Globo de Oro a la mejor dirección y once nominaciones a los Oscars, ganando cinco de ellos menores y de tipo técnico (fotografía, dirección artística, efectos visuales, edición de sonido y sonido), entre otras muchas candidaturas y premios que recogió esta pequeña joya de orfebrería cinematográfica, alejada de las grandilocuencias y de los efectos especiales pasmosos que acompañan las avasalladoras películas para todos los públicos de los últimos treinta años, desde «Harry Potter» hasta «Los Juegos del Hambre», pasando por las fallidas «La Brújula Dorada» o «Percy Jackson».

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