Nos enteramos por el Facebook de José Luís Córdoba de esta triste noticia. Este es el texto de despedida:
SE ACABÓ
Ha llegado la hora de poner el punto final a mi quijotesca aventura editorial. No quiero que algún amigo —como el buen Sancho dijo al moribundo Don Quijote— me recuerde: «La mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie lo mate y lo acaben otras manos que las de la melancolía». Seguiré activo en el mundo del cómic y quienes me conocen saben que estaré abierto a ayudarles desinteresadamente en lo que pueda, pero ya no editaré más.
Los molinos de viento de la edición son invencibles para los pequeños editores. Esos gigantes camuflados son el aumento de los costes de producción, una oferta que es mucho mayor que la demanda, un mercado que prácticamente solo quiere superhéroes y mangas, la ley del libro que permite devoluciones eternas y el porcentaje sobre el PVP que le queda al editor (con un 45% del precio de cubierta debe pagar la producción, los costes estructurales, liquidar royalties y esperar el milagro de tener algo de beneficio).
Son demasiados enemigos para un editor sin ánimo de lucro, que se empeñó en rescatar grandes obras perdidas y reservó una importante cantidad de dinero para perderlo en esta divertida aventura. En tres años he perdido la cantidad que tenía previsto perder en seis. No hay nada que reprochar a nadie, ni me lamento de esas pérdidas. Es evidente que mi quijotesca locura me hizo creer en un universo de papel totalmente irreal.
Pongo el punto final a esta aventura con la reedición del Quijote realizado por Leopoldo Sánchez, un genio al que quería homenajear porque en su persona se resumen las vidas de muchos grandes autores, que despertaron la pasión por las historietas en los lectores adultos y mantuvieron viva la llama por la lectura de tebeos. Dibujantes de gran talento, cuyos nombres desconocen la mayoría de los jóvenes seguidores del manga o los superhéroes. Por ese motivo no se me ocurre nada mejor que esta edición numerada, que dibujó con maestría Leopoldo, para poner el punto final a DQómics.
En esta triste despedida no voy a citar, por ser muchos y no querer olvidar a nadie, a los que me han ayudado y desde su comprensión reforzaron mi aventura. Tampoco a los autores, buenos amigos, que depositaron en mis manos esas joyas para que vieran la luz.
Sin embargo, sí que quiero terminar mi ciclo editorial con la reivindicación de los editores feriantes, esos sabios del mundo del cómic que desde sus pequeñas estructuras han hecho realidad el sueño de muchos dibujantes, que en sus editoriales tuvieron la primera oportunidad de publicar. Amaniaco, Ominiki, Cascaborra, Grafito, La Cúpula, Fandogamia, Ponen Mont, Cósmica, GP Ediciones…
Hasta siempre, amigos.

Es una auténtica pena, puesto que la editorial había alojado las nuevas obras de Jan y rescataba obras tan importantes como “Kraken” de Jordi Bernet y Antonio Segura o “¡Santo Súbito!” de Alfonso López y Manel Fontdevilla (de la que en pocos días veremos su reseña), entre muchas otras, con un broche de oro como despedida: “Don Quijote de la Mancha” de Leopoldo Sánchez, una obra maestra. Nunca nos dejó de sorprender cada nuevo lanzamiento de DQómics, editorial que siempre confió en nosotros para hablar sobre sus novedades. En definitiva, echaremos de menos este enfoque tan particular y que tanto hacía por el cómic hecho aquí en España. Le deseamos a José Luis Córdoba y todo el equipo de DQómics suerte en sus futuras encomiendas, que sabemos siempre estarán ligadas al mundo del cómic.