La editorial Gigamesh ha sorprendido con el anuncio de que, a partir de ahora, solamente venderá sus libros en su propia tienda de Barcelona y por internet, y dedicará el ahorro que obtendrá al prescindir de intermediarios a rebajar el precio de sus títulos. Una decisión que, ante el panorama actual y con Amazon sobrevolando el mercado del libro, supone un precedente que atemoriza a los libreros.

Para poner en contexto la decisión de Alejo Cuervo, responsable de la editorial barcelonesa, hay que recordar que Gigamesh se vio malherida hace casi un año tras haber dejado de editar los títulos de la saga «Canción de hielo y fuego«, de George R. R. Martin en castellano, que habían ido publicando desde 2002. Las ganancias logradas con la publicación de los libros de George R. R. Martin permitieron a la librería Gigamesh pasar de un pequeño local en la calle Sant Pere a una gran librería en la calle Bailén, la más importante dedicada a los géneros de la ciencia-ficción, fantasía y terror en nuestro país, y a desplegar con fuerza su labor editorial.

Esta decisión implica que Ediciones Gigamesh suprime a los intermediarios que se ubican entre el editor y el lector, y que se llevan una parte respetable del pastel, rebajando drásticamente el precio de los libros para hacerlos competitivos. Es una decisión que es magnífica para el lector pero también hay que darse cuenta que pone en riesgo el negocio de pequeñas librerías en todo el país que ya no podrán venderlos, y que estan asustados ante lo que puede ser el primero de otros muchos que decidan dar el mismo paso. Tampoco es que la relación de Alejo Cuervo y su editorial con los libreros fuese una maravilla (a la nota publicada en junio de 2012 tras la salida a la venta de «Danza de Dragones» me remito), pero suponemos que es una decisión meditada.

Es curioso recordar como, hace unos meses, lanzaban una oferta de libros de saldo y nuestro querido Vic lanzaba un mensaje de confianza ignorante de los planes de Alejo Cuervo: Y para los agoreros, como yo, no, tranquilos, esto no supone que la editorial vaya a cerrar. No, no cierra, pero cambia las reglas del juego.