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Con «Una historia de Brooklyn» y sobretodo «Frances Ha» en la mochila, destacados éxitos en los circuitos independientes, Noah Baumbach (que también firma el guión) pretendió con esta película ilustrar el proceso de descomposición de una pareja que desea separarse civilizadamente por el bien de un hijo en común. El principal interés del visionado son las actuaciones de Adam Driver, Scarlett Johannson y una oscarizada Laura Dern, pero también resulta interesante comprobar algunos de los entresijos legales que supone cualquier separación y por los que todas las partes terminan resultando afectadas de un modo u otro. Con una factura visual que elude atmósferas tristes y una fotografía casi siempre luminosa, su tono es realista, para mi gusto demasiado serio (hecho de menos las pinceladas excéntricas habituales en Baumbach aunque alguna tenga) y doloroso en cierta medida. Intuyo que se trata de eso, de experimentar el dolor de la ruptura en cabeza ajena, desde un punto de vista imparcial y aséptico, que no toma partido por nadie y que, por ello mismo, sientes como algo distante. No es una película sentimental ni lacrimógena, es el documento fílmico de un proceso de separación. Por poner un ejemplo, no es «Kramer contra Kramer», en la que emocionalmente te implicas mucho más con los protagonistas, es más bien una disección dramática, cuasi teatral, de lo que significa separarse.