ECC comienza la edición del «Hellblazer» de Paul Jenkins que empieza con John Constantine visitando Australia para, después, sumergirse en la familiar atmósfera de Inglaterra. Un título que consigue recuperar y refugiarse en lo mejor de temporadas pasadas.

hellblazer_paul_jenkins_vol1Hellblazer: Paul Jenkins núm. 01 (de 2)
Edición original: Hellblazer núms. 89-107 USA
Guión: Paul Jenkins
Dibujo: Pat McEown, Sean Philips, Al Davison
Color: Matt Hollingsworth
Formato: Libro cartoné, 480 págs., color.
40€

En mayo de 1995, Paul Jenkins se convirtió en guionista titular de Hellblazer. Durante cuatro años, formó un equipo creativo de excepción junto al dibujante Sean Phillips (Sleeper). El resultado fueron 40 espléndidas entregas recopiladas ahora en dos volúmenes imprescindibles.

Reconozco que, en un principio tenía ciertas dudas sobre el trabajo de Paul Jenkins en Hellblazer, no es que no disfrutase con sus Inhumanos, su trabajo en Spider-Man (a rachas) o su Civil War: Front Line, pero Jenkins tenía algo que no me acababa de convencer, se quedaba a las puertas de hacer algo realmente grande (como sucedió con su personaje más conocido, el Vigía) así que cuando ECC publicó el primer volumen de su etapa en Hellblazer, comencé a leerlo y me encontré con que John estaba de visitilla por Australia… ya me estaba temiendo que me iba a suceder como con el Hellblazer de Azzarello (hay gente que adora su etapa, yo no la soporto), pero pocos números después Constantine regresa a la madre Inglaterra y entonces es cuando Jenkins demuestra que sí, que conoce al personaje, que ha leído las etapas de Delano y de Garth Ennis.

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Es una gozada ver cómo el Diablo, al que Ennis dejó en una situación muy comprometida en su etapa, vuelve a la carga a por John Constantine y cómo este opta por enfrentarlo (cuando se da cuenta de quién está detrás de sus problemas, claro) de una forma totalmente original y que, cómo no, le va a traer un buen montón de problemas. No puede ser de otra manera, a pesar de todas sus buenas intenciones el bueno de Constantine siempre acaba arrastrado, o arrastrándose, por el fango, culpabilizándose de decisiones propias y ajenas que le ponen en situaciones imposibles y de las que, de una forma u otra, siempre consigue salir, repleto de cicatrices.

Aunque es cierto que en este primer arco del Hellblazer de Paul Jenkins vemos cómo Constantine va más allá de lo que debería, cómo su legado familiar es una losa que siempre lleva encima y cómo, a veces, sus magníficos planes se pueden volver contra él de una forma cruel e irónica. En esta ocasión John obtendrá el doble de lo que esperáis (cuando leáis el volumen lo entenderéis).

Aquí da gusto ver cómo Jenkins utiliza el pasado de Constantine, las etapas de Delano y de Ennis principalmente, para hilvanar una historia que te va atrapando poco a poco y que va utilizando detalles pasados y presentes para sorprender al lector, y, obviamente, a John, de manera que al final de este primer volumen sientes ese picorcillo que te grita que comiences a leer el siguiente tomo.

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Gráficamente tenemos el típico estilo Vertigo que si bien puede resultar feísta es el más apropiado para Hellblazer y aún hay que agradecer que el peso del dibujo recaiga, en su mayoría, más en Sean Philips que en Pat McEown o Al Davison.

Sobre la edición de ECC no tiene mucho sentido hablar porque es, como en toda la colección, de lujo. Os podría decir lo bien que quedan todos los tomos en la estantería, lo más que correcta que es la edición o la gozada que es leer tantos y tantos números de Hellblazer de un tirón, pero creeríais que estoy presumiendo.

En definitiva, y yo que creía que tan sólo me iba a sentir interesado por un par de etapas de Hellblazer y ahora me encuentro deseando que aparezca el siguiente volumen, y el siguiente, y el siguiente y… estoy atrapado.