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Viendo la que está cayendo este 2020, que pasará a los anales de la historia como uno de los años más convulsos del siglo XXI, cada vez somos más los que pensamos que estamos en manos de alienígenas. No hay otra explicación, viendo como gestionan las crisis los gobiernos de nuestro mundo. Un tipo como Donald Trump, un demente, un tarado, solo puede ser una criatura llegada de otro planeta con intenciones hostiles. Y esto ya nos lo había vaticinado John Carpenter.
La mítica película de 1988 «Están vivos» («They Live«), basada en el cuento «A las ocho de la mañana» de Ray Nelson, nos contaba como un tipo normal se encontraba unas gafas que le permitían descubrir que los personajes más relevantes del país eran, en realidad, alienígenas que querían convertir a la humanidad en esclavos. Para conseguir su dominio utilizaban mensajes subliminales, que no son ninguna novedad en tiempos de ‘fake news’: «Compra«. «Obedece«. «Cásate y ten hijos«. «El dinero es tu dios«.
Años después «The Matrix» también nos planteó la necesidad de salir a la realidad, de que no se puede ser feliz en la ignorancia, y que vivimos en el engaño: todos somos Neo ante la decisión de tomar la pastilla azul o la roja.
«Están vivos» es una película de serie B, un entorno donde John Carpenter siempre se ha movido con comodidad: «La noche de Halloween«, «La niebla«, «La cosa«, «Golpe en la pequeña China«, «El príncipe de las tinieblas«,… Los presupuestos cortos y un mayor control sobre la producción le permitían dar forma a aquello que deseaba sin la injerencia de los estudios. Una película de John Carpenter sin Kurt Russell como protagonista, pues el actor fetiche de Carpenter dejó aquí el papel protagonista a Rody Pipper, un profesional de la lucha libre.
También es una historia de ciencia-ficción distópica que es un género que permite señalar abiertamente las grietas de la sociedad utilizando la metáfora y que nadie se lleve las manos a la cabeza. De hecho esta sátira llamada «Están vivos» era una crítica al neoliberalismo, a la situación política a finales de los años ochenta, antes de la Caída del Muro, y la sociedad del momento, y bien podría aplicarse a la actualidad.
En resumen «Están vivos» es una película plenamente vigente, e incluso las declaraciones del director en esa época son un calco de las que podría hacer hoy, treinta años más tarde: «Vivimos con menos libertad que nunca. La sociedad norteamericana está sacrificando la libertad por el orden«.

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