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Hay que juzgar cada obra en su contexto, en su momento. Esta premisa es esencial para valorar el «Elric de Melniboné» de Roy Thomas, P. Craig Russell y Michael T. Gilbert com una joya del cómic de los años ochenta sin dejar que la brillantez de la versión más reciente de Julien Blondel, Didier Poli, Robin Recht y Jean Bastide, magnífica y deslumbrante, nos deslumbre y nos impida valorarla como merece.

yermo_elricLas profecías dicen que Elric, el emperador albino, traerá la desgracia a la isla de Melniboné en la que gobierna. Cuando Yyrkoon, el primo de Elric y heredero al trono, decide tenderle una trampa para hacerse con el Imperio, desencadena una serie de acontecimientos que pondrán en peligro el equilibrio entre el Orden y el Caos en todo el Multiverso.

Vivimos en un época gris donde la originalidad brilla por su ausencia. Y es sobretodo en el Séptimo Arte donde se hace evidente que la inspiración de los creadores de historias tiende a cero. Durante los últimos años, desde hace una década, parece que los guionistas carecen de ideas y que todo el material que crean son remakes, reboots, spin-offs, reinicios, reinterpretacones o reimaginaciones de películas de los años ochenta y noventa, adaptaciones cinematográficas de series de televisión, de cómics (buenos y malos), bestsellers literarios, precuelas o secuelas de franquicias… Son pocos los que son capaces de dar forma a historias originales que sorprendan al espectador.

«Desafío Total» basada en la misma novela de Philip K. Dick pero con Colin Farrell en lugar de Arnold Schwarzenegger, «Superman» sin Christopher Reeve surcando los cielos pero aprovechando las mejoras de la tecnología psara convencernos que un hombre puede volar, «Robocop» sin Paul Verhoeven en la silla del director, varias versiones de «Spiderman» que nos cuentan como una araña radioactiva picaba a Peter Parker, un «Judge Dredd» con Stallone y otro sin él,… ¿han conseguido estás películas mejorar a su precedente? En la mayoría de los casos la respuesta es un rotundo NO. ¿Un remake tiene que ser, por definición, una mala película? No pero, por desgracia, un elevado porcentaje de ellas sí que lo son.
Cuando una de estas películas llega a la cartelera se hace necesario, incluso imprescindible, remitirse a la fuente original para poder valorar tanto la necesidad de poner al día la historia contada como para comparar los resultados. Por ejemplo con «Infiltrados» («The Departed»), un magnífico thriller del director Martin Scorsese que fue galardonado con cuatro premios Oscar (mejor película, director, guión adaptado y montaje) que trasladaba desde China hasta la ciudad de Boston la historia de un policía infiltrado narrada cuatro años antes por Andrew Lau y Alan Mak en «Infernal Affairs«, uno de los mejores thrillers asiáticos de los últimos veinte años. Sí, «Infiltrados» es una gran película… pero «Infernal Affairs» es mejor.

Hace unos pocos años Yermo Ediciones, al poco de empezar su andadura, nos sorprendió con «Elric: El Trono de Rubí» de Julien Blondel, Didier Poli, Robin Recht y Jean Bastide, el primer volumen de una magnífica adaptación al cómic de las funestas aventuras de Elric de Melniboné, un personaje creado por el escritor británico Michael Moorcock, prolífico autor de fantasía épica cuya obra ha obtenido los premios más prestigiosos del género, incluyendo el Nebula, August Derleth, British Fantasy, World Fantasy, Campbell Memorial o el Guardian Fiction. Sí, en la lista falta el defenestrado Hugo Award, pero su influencia en el género y su relevancia como punta de lanza del movimiento regenerador de la fantasía occidental más clásica (la llamada ‘New Wave’) es tan grande que nadie le negará su lugar en el Olimpo, entre los más importantes autores de la literatura fantástica.
Elric de Melniboné, conocido como el Lobo Blanco, el Campeón de Arioch, el Albino o el Asesino de Mujeres, es una de las encarnaciones del Campeón Eterno, como también lo son Corum Jhaelen Irsei, Dorian Hawkmoon, Erekosë, Jherek Carnelian o el conde Urlik Skarsol, entre muchos otros. Con una primera aparición fechada en 1961, en el relato «The Dreaming City» publicado en la revista «Science Fantasy», Elric es el personaje protagonista de una serie cerrada de ocho libros («Elric de Melniboné», «La Fortaleza de la Perla», «Marinero de los mares del destino», «El misterio del lobo blanco», «La torre evanescente», «La venganza de la Rosa», «La maldición de la Espada Negra», y «Portadora de Tormentas»), emperador a su pesar, guerrero y hechicero de la decadente Isla del Dragón, albino y de naturaleza débil, portador de las espadas Tormentosa y Enlutada, inevitablemente solitario, maldito, títere de fuerzas superiores, sin control sobre su destino y condenado a servir como peón para preservar el eterno equilibrio entre el Orden y el Caos.
No hay que olvidar que el protagonista de la saga no es Elric, aunque lo parezca. No, este desgraciado personaje que gobierna con desgana una nación que había regido el mundo durante diez mil años es un simple títere al servicio de poderes mucho mayores, una cáscara de nuez a la deriva en los mares del destino, una pieza en el tablero de la guerra eterna entre el Orden y el Caos, y las novelas de Moorcock en realidad nos estan hablando de Stormbringer y de Mournblade. Sí, la saga de Elric de Melniboné es en realidad la historia de dos espadas con consciencia y voluntad propia, la Tormentosa y la Enlutada, de cómo fueron descubiertas y del papel que desempeñaron en el destino del mundo.

Antes de esta serie de Julien Blondel, Didier Poli, Robin Recht y Jean Bastide, cuyos dos volúmenes publicados por Yermo Ediciones ya reseñamos con efusivos elogios en su momento, las aventuras del Emperador de Melniboné habían visto ya numerosas adaptaciones al cómic, con autores tan reconocidos como Francesco Biagini y Chris Roberson («Elric: El equilibrio perdido”» publicada en castellano por Panini Comics, en el año 2012), Walter Simonson («Elric: La forja de un hechicero» también de la mano de Planeta DeAgostini, en el año 2007), Michael T. Gilber, Howard Chaykin, Mike Mignola, el ilustrador y portadista Brom, George Freeman, Jan Durseema, el pionero Jan Cawthorn,… y una versión de Roy Thomas, conocido por su dominio de la espada y brujería en las adaptaciones al cómic del Conan de Robert E. Howard, en colaboración con P. Craig Russell y Michael T. Gilbert.
De hecho la primera aparición de Elric en un cómic tiene la autoría de Roy Thomas, que le hizo compartir una aventura junto al barbaro de Cimmeria Conan en el año 1972, una aventura de dos partes («A Sword Called Stormbringer!» y «The Green Empress of Melniboné») dibujada por Barry Windsor-Smith y basada en un relato de Michael Moorcock y James Cawthorn.

Los cómics del Lobo Blanco de Roy Thomas y P. Craig Russell, ya como protagonista, empiezan en 1980, con «Elric: The Dreaming City» editada por Marvel Comics en 1980 (publicada en castellano como «Elric: La ciudad de los sueños» por Ediciones Forum en 1983), que adaptaba una de las historias del cuarto volumen de sus aventuras, «El misterio del Lobo Blanco», y siguieron con la adaptación de la primera novela de la saga en una serie limitada de seis números editada por Pacific Comics, y con la adaptación de la segunda a la sexta entregas de la mano de First Comics, que había comprado los derechos del personaje en 1985 (publicadas en castellano por Ediciones B, aunque solo se llegaron a publicar los trece primeros números). Aquí termino el periplo de Roy Thomas y Elric, aunque P. Craig Russell regresaría a Melniboné para cerrar la serie para Dark Horse Comics con «Portadora de Tormentas» mediante una serie limitada de siete números (publicada en castellano por Planeta DeAgostini).
Y justamente este es el material que Yermo Ediciones ha empezado a publicar en noviembre del 2015, la primera entrega de la «Biblioteca Michael Moorcock» del sello británico Titan Comics que recopila las seis primeras entregas de las aventuras de Elric, con una introducción del mismísimo Moorcock y unos extras que incluyen las portadas originales, y que tendrá continuidad con un segundo volumen, «Marinero de los mares del destino«, que saldrá a la venta, confiamos, en 2016 y al ritmo de dos volúmenes al año.

De Roy Thomas podemos recordar su papel como editor de Marvel Comics, sucediendo en el cargo a Stan Lee, y sus largas temporadas escribiendo para series como los «X-Men» o «Los Vengadores», aunque sobretodo su nombre quedará asociado para siempre al de Conan el Bárbaro, el personaje creado por el escritor Robert E. Howard que Thomas se encargó de trasladar con brillantez al cómic, ampliando la cronología establecida por su creador con material propio y disparando el interés por las historias de espada y hechicería en los cómics.
Del dibujante, ilustrador y guionista P. Craig Russell, prolífico autor de larga trayectoria profesional, podemos destacar la adaptación al cómic del ciclo de óperas épicas de Richard Wagner «El anillo de los nibelungos«, así como su contrastada habilidad para plasmar sobre el papel el singular imaginario de Neil Gaiman. En la multipremiada «The Sandman«, por supuesto, pero también en otras muchas historias en prosa del popular guionista y escritor británico como «El libro del cementerio«, «Misterios de un asesinato» o «Coraline«, confirmando que el dúo creativo es sólido y prolífico.

Como hemos comentado al principio de esta reseña, siempre es bueno contar con las versiones precedentes de la adaptación una obra, cinematográfica, literaria, teatral o de cómic, para poder juzgar en su justa medida los trabajos más recientes. En esta ocasión, el Elric de Roy Thomas, P. Craig Russell y Michael T. Gilbert por un lado y el Elric de Julien Blondel, Didier Poli, Robin Recht y Jean Bastide por el otro.
No se trata de comparar y categorizarlas, pues las dos son obras brillantes, pero es conveniente juzgarlas de forma independiente y ponerlas cada una en su contexto, en su momento en el tiempo y en las modas que eran vigentes en el momento en el que fueron creadas, en el formato con el que fueron publicadas, en función de las herramientas de las que disponían sus autores para dibujar y las que tenían las editoriales para publicar. Habrá quien pueda decir que el dibujo del Elric de P. Craig Russell parece anticuado, o demasiado pulp, o que su estilo ‘Art Noveau’ no se ajusta tan bien a Melniboné como el monumentalismo de los lápices de Didier Poli y Julien Telo, el entintado enérgico de Robin Recht y el color cálido y oscuro de Scarlett Smulkowski, o que su Elric está demasiado laguidecido y feminizado, o que su ‘Stormbringer’ es sobria en exceso, pero nosotros no vamos a decantarnos por ninguna ni a poner uno por encima del otro, y vamos a recomendar efusivamente las dos versiones, dos formas diferentes de plasmar el destino desgraciado del emperador albino del decadente imperio de Melniboné, su nacimiento trágico, sus debilidades físicas y morales, sus fieles aliados y sus acérrimos enemigos.

Ésta es la historia de Melniboné, la Isla del Dragón. Es una historia de tragedias, de monstruosas emociones y de elevadas ambiciones. Una historia de traiciones y altos ideales, de agonías y grandes placeres, de amores amargos y de dulces odios. Ésta es la historia de Elric de Melniboné, gran parte de la cual sólo recordaría el propio Elric en sus pesadillas. («Crónica de la Espada Negra»)

Elric de Melniboné
Guión: Roy Thomas
Dibujo: P. Craig Russell y Michael T. Gilbert
Colección: Biblioteca Michael Moorcock vol. 1
Título original: «Elric of Melniboné»
Fecha: Noviembre del 2015
ISBN: 9788416428267
Formato: Cartoné. Color
Páginas: 178
Precio: 26,00 euros

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