Hace ya un tiempo que tengo pendiente la reseña de «Ella«, un trabajo de Élie Chouraqui y Alberto Jiménez Alburquerque basado en el libro de H. Rider Haggard, que publicó recientemente Yermo Ediciones y que he estado retrasando porque no acabo de estar de acuerdo con el trabajo de Chouraqui aunque aplaudo el trabajo que realizó Alberto.

Ella (Edición integral)
Edición original: Elle FRA

Guión: Élie Chouraqui, H. Rider Haggard
Dibujo: Aja (Alberto Jimènez Alburquerque)
Color: Sandrine Cordurié
Formato: Cartoné. Color.
Páginas: 152
Precio: 34 euros

Al cumplir veinticinco años, el huérfano Leo Vincey recibe el legado de su padre: un misterios cofre que contiene los restos de una vasija de barro que data de tiempos egipcios. En los fragmentos se explica la historia de una princesa de Egipto que huyó junto a un sacerdote del que se había enamorado perdidamente, y cómo su periplo los llevó hasta el corazón de África, hasta el reino de la hermosa Ayesha, Ella, la que debe ser obedecida, la que todo lo ve. Intrigado por su pasado, Leo y su tutor se embarcan en una aventura por el continente negro, en busca de la mujer más hermosa de mundo.

El director de cine Élie Chouraqui (Las flores de Harrison, Oh Jerusalén) hace una incursión en el mundo del cómic para adaptar una de las novelas de cabecera del género de aventuras, escrita originalmente por H. Rider Haggard. En el apartado gráfico, el madrileño Alberto Jiménez Alburquerque sabe reflejar perfectamente los ambientes de la Inglaterra victoriana con la espectacularidad de los paisajes de África, con una narrativa que se desarrolla con gran intensidad.

Vayamos por partes, entiendo que adaptar una novela de aventuras en África de finales del XIX (1887) no es fácil, conviene cambiar y adaptar ciertos detalles para que el producto funcione, sobre todo porque la condescendencia del hombre blanco de aquella (y esta) época hace que nos chirríen ciertas cosas (para rato le vacilo yo a mis captores como les vacila Leo) aunque el principal problema, a mi modo de ver, es que Chouraqui hace un trabajo desigual, comienza de maravilla, aburre a las ovejas y al final, bueno, cuando por fin llegan a ALGUNA PARTE, cuando cada uno de los protagonistas y secundarios ha cambiado de humor, personalidad y actitud varias veces a lo largo de la historia es cuando, por fin, PASA ALGO. Reconozco no haber leído las novelas del británico H. Rider Haggard, ni he visto la adaptación de los 60 de la Hammer que contaba con Ursula Andress para interpretar a Ayesha, ni  ninguna de las otras muchas adaptaciones. En realidad sólo conozco a H. Rider Haggard por la adaptación al cine de Las minas del rey Salomón (no en vano es el creador de Allan Quatermain, personaje al que Alan Moore homenajea en La Liga de los Hombres Extraordinarios) pero esta misma película demuestra que se pueden adaptar y traer al siglo XX (XXI ahora) los libros de Haggard sin convertirlos en un auténtico peñazo. Chouraqui no lo ha hecho, me da igual si es porque pretendía ser fiel al libro o no, la obligación de un escritor, de un guionista, le obliga, en teoría, a ofrecer un producto consistente, con personajes que permanezcan, que no se vuelvan alocados o estúpidos sin razón y que mantengan su personalidad a lo largo de la obra, salvo cambios dramáticos. Chouraqui no lo hace, el caso más sangrante es el de Leo que cambia cada dos o tres páginas, se enamora de una u otra y, en fin es un auténtico caos seguir las distintas personalidades que exhibe. Imagino que el hecho de que Ayesha esté como una cabra es intencionado y también imagino que su personaje, y su novela original, estarán mucho mejor escritos que el cómic, a fin de cuentas tuvo no una, sino tres continuaciones; Ayesha: el retorno de Ella (1905), Ella y Allan (1921) e Hija de la sabiduría (1923) por lo que sospecho que el auténtico error está en el guionista del cómic y no en el original.

Con este panorama os podéis imaginar que a Alberto Jimènez Alburquerque (Aja) le cayó encima un “regalito” de los buenos, y la verdad es que no lo parece por cómo comienza el volumen, las primeras páginas son, a mi entender, las mejores y más interesantes de todas porque, bueno, primero por el trabajo de Alberto, y segundo porque parece que a Chouraqui se le da muuuucho mejor ambientar sus escritos en la época victoriana que en el África colonial, el caso es que recuerdo leer las primeras treinta páginas con entusiasmo, deseoso de ver hacia dónde nos llevaba la historia con un Alberto que, para mi gusto, estaba sensacional con un trazo que me recuerda, y bastante, al trabajo de Pedro Camello en títulos como Treyes o Cruz Negra, pero también recuerdo que el resto de páginas, salvo excepciones, se me hizo un poco cuesta arriba argumentalmente porque… ¡no paran de andar de un lado para otro sin llegar a otra parte! Y sí, es el excelente dibujo de Alberto el que disimula todo el sopor que el lector debería sentir, con un más que documentado trabajo y unos lápices maravillosos.

Eso sí, el color de Sandrine Cordurié es digno de reseñar, especialmente en las portadas, que me parecen magníficas. El problema está en que la historia exige que Alberto dibuje a “la mujer más hermosa que ha existido”, llega el momento en el que Ella se debe despojar de su velo y es ahí donde la cosa flojea un poco más (aunque estoy de acuerdo en que la mujer más hermosa de todos los tiempos DEBE ser pelirroja) y es que Alberto no logra dibujarla tan impactante como las palabras de Chouraqui/Haggard indican, conclusión: ¿culpa de Alberto? En absoluto, él tiene su estilo y si querían a un dibujante de mujeres super-hermosas, de esas que al verlas quitan el aliento… pues que hubiese buscado a alguien con un estilo realista a ver si dibujaba a una Ayesha tan hermosa como hace Alberto, personalmente encuentro que la Ayesha de Alberto es una mujer de la que enamorarse sin dudarlo (sí, me he cruzado con muchas mujeres locas a lo largo de mi vida, algunas de ellas son, ahora, mi ex, un beso a todas) pero el efecto que narrativamente se pretende conseguir al quitarse el velo… no está al alcance ni del cine, ¿una mujer cuyo rostro es tan hermoso que enloquece y enamora a todo hombre que la contemple? Como he dicho antes, ¡menudo regalito! Y, como he dicho también antes, Alberto cumple a la perfección.

Llega el momento de hablar de la edición de Yermo, y tengo que reconocer que no le veo muchas pegas, de hecho, y dejando aparte un par de erratas de texto, creo que es una edición impecable, por tamaño, calidad y cantidad no se les puede pedir mucho más a Yermo, además el hecho de que el tomo venga embolsado es algo que gusta mucho (porque nos llega impecable) y se agradecen los extras que permiten apreciar, mejor aún, lo gran dibujante que es Alberto.

En definitiva, tenemos un guionista (y director de cine) que no ha sabido dotar de intensidad a la historia, que en ocasiones se pierde con los personajes que dejan de lado su personalidad para actuar caóticamente, pero también tenemos un pedazo de dibujante que rescata la historia, honestamente, si no es por lo bien que dibuja Alberto dudo que hubiese llegado a mitad de la historia siquiera. Así que, ¿merece la pena Ella? Visualmente es indudable, en cuanto a la historia… quizás tenga que leerme antes la novela de Haggard para poder pronunciarme. Aún así os recomendaría que le echaséis un buen vistazo en la librería.