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No me gusta la forma de hacer cine de los franceses, aunque hay muchas películas francesas que me encantan. Suena contradictorio, lo entiendo, pero creo que el mejor ejemplo para explicarlo es la película «El pacto de los lobos» de Christophe Gans: una buena idea, un buen guión, una buena dirección, un buen montaje,… que en manos de Hollywood se hubiese convertido en un producto sin alma, del montón, pero en manos del ‘fantastique‘ europeo se convirtió en una película de hombres-lobo engarzada con el cariño y el cuidado de un joyero.
«El pacto de los lobos» («Le pacte des loups«) nos trasladaba a la Francia del siglo XVIII, y nos contaba como una extraña criatura aterrorizaba a los campesinos, dejando tras de sí gran número de cadáveres mutilados. El rey Luis XV decidía enviar al lugar al naturalista Grégoire de Fronsac, recién llegado de América con su acompañante Mani, un misterioso indio que le salvó la vida. Escéptico al principio ante la verdadera existencia de un licántropo, Fronsac no tardará en encontrar indicios interesantes en la decadente sociedad feudal de la zona, al tiempo que se enamorará de Marianne, la hija del señor local.
La película de Christophe Gans estaba basada en un suceso tan real como misterioso, el de La Bête du Gévaudan, que entre 1764 y 1767 puso en jaque a las autoridades de la región matando a más de un centenar de personas. Las hipótesis sobre la naturaleza de la bestia son numerosas, pero nunca se aclaró que monstruo de formidables dientes e inmensas colas asesinó a las víctimas. Es el mismo suceso que sirvió a Walerian Borowczyk para su película erótica «La Bestia«.
Protagonizada por Mark Dacascos, Samuel Le Bihan, la bellísima Monica Bellucci, Vincent Cassel y Émilie Dequenne, la película combina la acción de los films de artes marciales, el terror gótico con algo de gore, el montaje de los videoclips y el ritmo de los spaghetti-western, con la estética del cine francés. Podría haber sido un Frankenstein, pero el resultado es, aunque absurdo, entretenido. «Tampoco en las películas de Errol Flynn se lucha como se hacía en la época de los caballeros andantes, ni los peplum reproducen exactamente cómo peleaban los gladiadores en el circo romano. Todo eso son recursos. Claro que nadie en la Francia del siglo XVIII luchaba como lo hace Mark, pero qué importa«, declaraba Gans en el Festival de Cine de Sitges de 2001 para justificar que todo sirve al espectáculo. Y además Monica Bellucci luce maravillosa pero,… ¿acaso no luce siempre bien en todas sus películas?
En el país galo, la cinta lograría recaudar más de 26 millones de dólares, aunque también consiguió buenas cifras en los EE.UU.

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