El editor, traductor y escritor Miquel Barceló clava su diagnóstico cuando afirma, en el prologo de «The Martian«, que la ciencia-ficción necesitaba como agua la novela de Andy Weir. La necesitaba para dar un puñetazo en la mesa y recordar a todo el mundo que el género, antaño punta de lanza, sigue vivo, aún respira, pese a su aplastante derrota frente al género de la fantasía, en su competición particular: «¡Eh! ¡Aún estamos aquí! Y todavía tenemos mucho que contar.«
image1Seis días atrás el astronauta Mark Watney se convirtió en uno de los primeros hombres  en caminar por la superficie de Marte. Ahora está seguro de que será el primer hombre en morir allí. La tripulación de la nave en que viajaba se ve obligada a evacuar el planeta a causa de una tormenta de polvo, dejando atrás a Mark tras darlo por muerto. Pero él está  vivo, y atrapado a millones de kilómetros de cualquier ser humano, sin posibilidad  de enviar señales a la Tierra. De todos modos, si lograra establecer conexión, moriría mucho antes de que el rescate llegara.
Sin embargo, Mark no se da por vencido; armado con su ingenio, sus habilidades y sus conocimientos sobre botánica, se enfrentará a obstáculos aparentemente insuperables.
Por suerte, el sentido del humor resultará ser su mayor fuente de fuerza. Obstinado en seguir con vida, incubará un plan absolutamente demencial para ponerse en contacto con la NASA.
El calendario, que es caprichoso (por no decir tendencioso), ha hecho coincidir el estreno de la pelicula «The Martian» con las últimas noticias de la NASA acerca del planeta rojo. Una buena (y carísima) campaña de promoción no lo hubiese hecho mejor.
La película de Ridley Scott ha sido muy bien acogida tras su reciente estreno en los EE.UU., y a pocos días de que aterrice en las pantallas de cine de nuestro país. Toda una sorpresa, pues Scott es el ejemplo del director con más pasado que presente, y con un futuro gris que solamente construye a partir de éxitos pasados. Es decir, que sus mejores películas son de hace más de treinta años («Blade Runner» y «Alien»), y que entre sus próximos proyectos aún se incluyen secuelas de ambas películas, «Blade Runner 2» y «Prometheus 2».
Pero «The Martian», que se estrenará en nuestro país como «Marte (The Martian)» y que cuenta con un guión de Drew Goddard («The Cabin in the Woods», «Cloverfield», «Guerra Mundial Z», la serie de televisión «Daredevil»,…) y está protagonizada por un valor seguro como Matt Damon («The Monuments Men», «El indomable Will Hunting», «Bourne», «Elysium», «Ocean’s Eleven»…), Jessica Chastain, Michael Peña, Sebastian Stan, Kate Mara y Aksel Hennie, entre otros, ha llegado a los cines norteamericanos tras su preestreno en el Festival de Cine de Toronto y ha pasado el examen con buena nota, con críticas que mayoritariamente la califican divertida y entretenida, y la definen como «una gran película de palomitas» o «un episodio de MacGyver situado en Marte«.
La NASA por su parte, se apropiaba de todas las páginas de ciencia de los periódicos de todo el mundo con la noticia que un nuevo estudio publicado por la revista «Nature Geoscience«, realizado a partir de la información suministrada por la sonda Mars Reconnaissance Orbiter (MRO), ha aportado importantes pruebas para afirmar que en algunas laderas de cráteres y otros emplazamientos escarpados de Marte (en concreto los cráteres Hale, Gale, Horowitz y Palikir) hay agua, el elemento fundamental para la vida. Es allí donde el equipo encabezado por Lujendra Ojha del Instituto de Tecnología de Georgia ha observado que en los meses más benignos de la estación cálida se forman estructuras líquidas con aspecto de torrente que luego desaparecen durante la estación fría. Y muy probablemente esta agua es líquida y salada puesto que las sales permiten que el agua permanezca líquida a temperaturas muy bajas, hasta 70 grados bajo cero. La sal, como sabe cualquiera que haya practicado química elemental, baja el punto de congelación.
Sea como sea, este artículo no está dedicado a la película de Ridley Scott sino a la novela homónima en la que se basa, «El Marciano» del escritor novel Andy Weir, publicada en castellano por el sello Nova de la editorial B y que, a día de hoy, ya anda por la sexta edición. Vendida a más de veinte países, bestseller en EE.UU. e Inglaterra, un éxito boca a boca sin precedentes, lo que empezó como una novela autopublicada por un escritor novel, hijo de físico y aficionado a la ciencia, la física relativista, la mecánica orbital y la historia de los vuelos espaciales tripulados, se ha convertido en todo un fenómeno.
Brillante, imaginativa, entretenida, aunque densa, compleja y no apta para todos los públicos, «The Martian» es la historia de un Robinson Crusoe del siglo XXI, la odisea de un astronauta abandonado accidentalmente en el Planeta Rojo que deberá ingeniárselas para sobrevivir hasta que alguien venga a rescatarle. Puesto que Marte está a más de cincuenta millones de kilómetros de la Tierra, que la gravedad en la superficie es tan sólo la tercera parte de la de la Tierra, que la cantidad de CO2 es cincuenta veces mayor que en nuestro planeta, con temperaturas en la superficie que alcanzan los 140°C negativos, y la presión atmosférica es demasiado baja para que los humanos sobrevivan sin equipos de presión adecuados, el botánico Mark Watney tendrá que recurrir a sus conocimientos científicos, que Andy Weir consigue que aplique con la dosis necesaria de realismo y rigor científico, a su entrenamiento como astronauta, a su inagotable sentido del humor, a su sentido común y a su instinto de supervivencia para conseguir regresar a casa vivo, aunque ello le obligue a aprovechar sus excrementos para conseguir agua y cultivar el único alimento que tiene a su alcance: unas tristes patatas. Mientras Watney se convierte en el hombre más solitario del universo, el resto de los miembros de la expedición Ares 3 y el mundo entorno colaborará para devolverlo a casa.
«El Marciano» presenta, en realidad, tres hilos argumentales diferentes que convergen, como es lógico, en la figura del solitario náufrago. Por un lado el centro de seguimiento de la NASA en la Tierra y sus esfuerzos para comunicarse primero y ayudar después al astronauta en su periplo, luego la nave con la tripulación del Ares 3 que abandona Marte dejando abandonado a su compañero a sus espaldas después de darlo por muerto y, sobre todo, la historia de coraje y supervivencia de Mark Watney. Este personaje que ha construido, y a quién Matt Damon cede su rostro para la versión cinematográfica, vive su aventura en forma de diario, un formato donde vuelca sus miedos, sus intenciones, sus proyectos, sus frustraciones y su día a día en la superficie del planeta rojo, acompañado siempre por su inquebrantable presencia de ánimo y un sentido del humor particular, un punto socarrón, que le mantiene vivo y con esperanzas para seguir adelante, para no rendirse y dejarse llevar por la desesperación frente a las despiadadas condiciones de vida que le exige el planeta Marte (reproducido en la película de Ridley Scott en los paisajes de Namibia) y las limitaciones de los escasos medios que tiene a su disposición. No, él no desfallecerá como Robert Scott en la Antártida, tras descubrir que la expedición noruega de Roald Amundsen se les había adelantado.
Sí, Andy Weir consigue lo que podría parecer imposible en la odisea de un Robinson Crusoe marciano: conjugar el entretenimiento y el thriller con la precisión técnica que, de tan detallada y real que llega a parecer, puede hacernos dudar en ocasiones de que aquello que estamos leyendo es un relato de ficción y no una novela de ciencia-ficción con una adaptación cinematográfica de Ridley Scott en ciernes. Yo, que no tengo más que la formación científica básica y cierta afición por la física y la tecnología, me he sentido abrumado a veces por este detallismo que inunda al lector con cifras y cálculos, reacciones químicas y complejos procesos técnicos, pero la mecánica del suspense que construye Weir alrededor de la lucha por la supervivencia de su protagonista, bien construida y bien escrita, sin alardes, supera las limitaciones del lector y le invitan a seguir adelante, confiando ciegamente en las propuestas de Weir y de Watney, los delirios ingeniosos de un Cyrus Smith cualquiera, el ingenioso líder de los náufragos de «La isla misteriosa» de Jules Verne. O, en una visión más moderna y televisiva, una suerte de MacGyver, ese agente secreto con el rostro de Richard Dean Anderson que siempre resolvía todos los problemas sus vastos conocimientos técnicos y su habilidad de ‘scout’ para improvisar artilugios con cualquier elemento que tuviese a mano.
¿Cómo consigue Andy Weir que algo tan básico y aburrido como el cultivo de la patata, con todo el respeto por los agricultores, se convierta en uno de los pilares de la aventura marciana de Mark? Sea como sea, Weir lo consigue y no sacrifica ni un ápice el ritmo de la obra. ¿VAM, la despresurización, el Hab, las células fotovoltáicas, EVA, las esclusas, el JPL de Pasadena, el RTG, el código ASCII, el CERA…? Todos los conceptos técnicos llegan a hacerse familiares y comprensibles para cualquier lector, y el purismo de la exactitud científica sobrevive sin dificultad en mitad de un texto ágil y fresco que nos lleva por las planicies y los cráteres de Marte como quien realiza su paseo dominical por el parque de la esquina.
Y para cerrar esta reseña de la primera novela del escritor norteamericano Andy Weir (que, no lo olvidemos, inicialmente fue autopublicada), a modo de curiosidad, volveremos sobre nuestros pasos hasta el principio de la reseña para constatar que, si la noticia de la NASA acerca del agua en Marte fuese cierta y se confirmase que sobre las áridas rocas rojas discurren torrentes de agua salina, la historia de Andy Weir hubiese podido ser muy diferente, y una de las necesidades básicas para la supervivencia del astronauta ‘naufrago’ Mark Watney, como es crear agua, quizás hubiese sido prescindible. Sí, entonces Watney no hubiese tenido que obtener agua para regar sus patatas usando un dispositivo de electrólisis y un oxigenador, y habría sido suficiente con buscar hielo o cavar en busca de una fuente natural de agua. ¡Qué les den, a esos investigadores de la NASA! No dejemos que la realidad no nos estropee una buena historia.
El marciano.
Autor: Andy Weir (www.andyweirauthor.com)
Editorial: B
Sello: Nova
Traducción: Javier Guerrero
ISBN: 978-84-666-5505-7
Formato: 15x23cm. Rústica.
Precio: 21,00 euros