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Una de esas películas que encantan a la crítica pero quizás no tanto al espectador medio. Fundamentalmente es un viaje audiovisual a la locura, un juego psicológico y para ello cuenta con una fotografía en blanco y negro tan espectacular como claustrofóbica, dos actores inmensos sacando de quicio a sus personajes, una isla perdida en el mar en un contexto siempre amenazador y un argumento insólito centrado en la relación de  dos fareros, encerrados durante meses en su peculiar trabajo-cárcel. Es extraña, inquietante, terrorífica en algunos momentos y recrea con bastante fortuna a través de sus imágenes el deterioro mental al que se enfrentan los personajes en semejante microcosmos, la progresiva pérdida de cordura explicada a través de sucesos, sueños, ilusiones y paranoias. Vamos, uno de esos títulos de los que se puede hablar largo y tendido por cómo está construido (según eso le pondría alguna estrella más), pero cuyo visionado no sólo no es muy grato, sino que en muchos momentos resulta desagradable (por eso se la quito). Yo aviso a navegantes, mejor ir prevenidos.