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El demonio nunca ha lucido más infernal e inquietante que con el rostro de Robert De Niro, como Louis Cyphre, en «El corazón del ángel«. La película del británico Alan Parker, protagonizada por Mickey Rourke en sus años buenos, antes de destrozarse la cara con las operaciones, Robert De Niro, Charlotte Rampling y Lisa Bonet, tras salir de la casa catódica de Bill Cosby, nos contaba como el misterioso Louis Cyphre contrataba los servicios del detective privado Harry Angel para encontrar a un hombre desaparecido, un cantante llamado Johnny Favorite. El detective comienza su trabajo y, a su paso, va quedando un reguero de cadáveres cuya muerte no se explica, que parecen estar relacionadas con la seductora Epiphany Proudfoot, con la magia negra y el vudú, y que implican a Harry de una manera cada vez más personal. El destino que le espera al final del recorrido del ascensor, metafórico guiño que el director esparce a lo largo del metraje de la bajada a los infiernos del detective, será tan terrible como sorprendente. Y es que cuándo M. Night Shyamalan aún no había ni soñado en su final sorpresa para «El sexto sentido«, Alan Parker ya setaba cátedra y nos dejaba la boca abierta con el suyo.
La película, que adaptaba una novela de William Hjortsberg, se presentaba como «no apta para todos los públicos» y ofrecía al espectador una combinación entre el cine negro, el thriller sobrenatural, el erotismo light (en los ochenta no había otro tipo) y unos toques de cine de terror. Toda ella se sostenía sobre los cimientos de un argumento bien encajado, una dirección competente de Alan Parker, la estupenda fotografía de Michael Seresin, y un espectacular diseño de producción de Brian Morris, caluroso, grasiento y pegajoso como la húmeda atmósfera de Nueva Orleans. Las excelentes interpretaciones de Mickey Rourke y Robert De Niro, y la belleza de Lisa Bonet, servían de aderezo para un plato exquisito.
La sudorosa (y sangrienta) escena de sexo entre Mickey Rourke y Lisa Bonet provocó cierta polémica en la época porqué la actriz venía de la cantera de series familiares del señor Bill Cosby. Visto con perspectiva resulta irónico que, al final, Bill Cosby ha resultado ser un depredador sexual en lugar que el respetable icono de las familias tradicionales que nos vendían durante los años ochenta y Lisa Bonet, felizmente casada con Jason Momoa, una adorable madre de familia.

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